🇪🇸 Cav/Pag en Barcelona

Dinara Alieva fue una excelente Nedda pero con un italiano que pide a gritos urgente mejora © Antoni Bofill

Diciembre 10, 2019. En el Liceu hubo un segundo elenco para las doce representaciones que se programaron del díptico Cavalleria rusticana y Pagliacci. Lo que he escrito hace poco sobre el espectáculo y la dirección de Henrik Nánási, así como de la labor de los comprimarios, sigue siendo totalmente válido y aquí hablaré sólo de los nuevos intérpretes.

Cavalleria ha quedado en peor lugar. Teodor Ilincai quemó etapas en el desarrollo de su voz y, si ahora el centro es ancho y muy bueno para Turiddu, en lo demás queda sujeto a una emisión variable con sonidos por lo general abiertos, además de un vibrato molesto, perceptible sobre todo en la “Siciliana”; como intérprete es discreto. Oksana Dyka se ha mostrado como una intérprete muy comprometida en el rol de Santuzza pero su voz se ha hecho aún más áspera y cortante, metálica, con graves sorprendentemente débiles para una soprano como ella. Bien, sin más, la Lucia de María Luisa Corbacho, algo más medida que su otra colega en el rol.

Ángel Ódena fue un buen Alfio, pero por desgracia su Prólogo y Tonio tuvieron problemas evidentes de entonación, fruto seguro de su voluntad de demostrar a toda costa la potencia de sus medios (y la exageración se notó también en la composición del personaje).

Pero en Pagliacci tuvimos tres sorpresas positivas. Marcelo Álvarez, que llegó a última hora para sustituir a Fabio Sartori, mostró como siempre un timbre bellísimo de tenor lírico, y por ende los graves resultan algo débiles, pero más allá de su manierismo de los últimos años para llegar a los agudos extremos, realizó un buen trabajo como Canio, el mejor que le he visto en mucho tiempo. Dinara Alieva, quizá de medias voces cortas y no siempre firmes, fue una excelente Nedda pero con un italiano que pide a gritos urgente mejora; su interpretación fue muy emotiva. Manel Esteve cantó un Silvio muy correcto, bien actuado (tal vez con algún agudo al límite), pero no había comparación posible con la pésima impresión provocada por el barítono precedente.