🇮🇹 Pietro il Grande en Bérgamo

Roberto de Candia (Pietro) y Marco Filippo Romano (Ser Cuccupis) en Bérgamo

Junto con la primera representación de L’ange de Nisida, fue un verdadero descubrimiento en este Festival Donizetti 2019 la presentación de una rareza absoluta: Il falegname di Livonia, ossia Pietro il Grande (El carpintero de Livonia, o Pedro el Grande) sobre el zar de Rusia Pedro I. 

El melodrama burlesco en dos actos —fruto de la sagaz pluma del marqués Gherardo Bevilacqua-Aldobrandini e inspirado en la comedia Le menuisier de Livonie, o Les illustres voyageurs de Alexandre Duval— se convirtió en ópera gracias en parte al libreto de Il falegname di Livonia, escrito en 1819 por Felice Romani para Giovanni Pacini, y estrenado en Venecia hace justamente 200 años.

La historia es bastante lineal y se basa en el típico tema del travestimento o confusión de identidades que involucra incluso al propio zar de Rusia. La temática política, sin embargo, se diluye al darle gran énfasis a los personajes bufos y a las fórmulas musicales típicas de principios del siglo XIX. Las referencias musicales a Mozart, Rossini y Mayr son evidentes desde la sinfonía introductoria, puesto que Donizetti, a la sazón de 22 años, todavía estaba desarrollando su propio estilo, uno que encontraría en los años siguientes. 

La compañía Ondadurto Teatro, instituida en Roma en 2005 y dirigida por Marco Paciotti y Lorenzo Pasquali, se ha especializado en ópera decimonónica temprana, pero la puesta en escena, que hace uso de proyecciones visuales a cargo de Marco Alba, está completamente inmersa en el lenguaje vanguardista del siglo XX, con una escenografía geométrica y futurista a cargo de Vladímir Vladímirovič Majakóvskij. La dirección musical estuvo en manos de Rinaldo Alessandrini, especialista en repertorio barroco. Su concertación favoreció los tiempos secos, una interpretación lineal y cohesiva, atenta a las necesidades de los solistas y sobre todo respaldada por el rigor filológico de los instrumentos usados: originales de la época de Donizetti. Su lectura no perdió de vista la influencia clásica y rossiniana en el joven compositor. 

La contribución del Coro de la Donizetti Ópera, preparado por Fabio Tartari, fue válida y consistente. El protagonista fue confiado al veterano Roberto De Candia, un verdadero histrión del palco escénico. Igualmente eficaz para el cuidado y atención a las características bufas fue la prestación de Marco Filippo Romano como el magistrado Ser Cuccupis, con una innata vis cómica. El lánguido y al mismo tiempo irascible Carlo Scavronski, el carpintero de Livonia del título, tuvo en Francisco Brito un intérprete ideal por su trabajo escénico. 

Por lo que toca a las intérpretes femeninas, la posadera Madama Fritz se benefició con la presencia de Paola Gardina, cantante dotada de musicalidad y dominio de la escena. Loriana Castellano, en el rol de la zarina Caterina, cumplió tanto en su canto como en su actuación en su personificación de la figura más sacrificada de la ópera. Igualmente válida, tanto por su corrección vocal como por cumplir con las necesidades musicales de su rol, estuvo Nina Solodovnikova como Annetta Mazepa. Calibrado y adecuado en el rol del usurero Firman Trombest estuvo el bajo Tommaso Barea; menos convincente como el capitán moscovita l’Hondedisky se vio al barítono Marcello Nardis. Completó el elenco Stefano Gentili, como el Notario.