🇺🇸 Der Rosenkavalier en Nueva York

Diciembre 17, 2019. Una gran noche vivió el público del Met con la reposición de la aclamada producción de la ópera El caballero de la rosa de Richard Strauss que subió a escena en la recta final de la primera parte de la temporada 2019. El principal responsable de este gran éxito fue el director de escena Robert Carsen, quien compuso un meritorio espectáculo donde se entrelazaron comicidad, emoción y melancolía. Para su producción, Carsen decidió privilegiar la “Komödie für Musik” (comedia para música) por sobre el aspecto más melancólico del título, y para ello trasladó la acción a Viena en 1911, fecha del estreno de la ópera que coincidiría con la algarabía imperante en Europa en las postrimerías del comienzo de la Primera Gran Guerra. 

Camilla Nylund (Marschalin) y Magdalena Kožená (Octavian)

Los decorados propuestos por Paul Steinberg con un primer acto de exacerbada ornamentación dieciochesca, un segundo acto casi despojado de ornamentos y un tercero donde la posada es convertida en un burdel recargado de color y regenteado por un drag queen resultaron perfectamente funcionales a una puesta en escena de corte detallista y donde están magistralmente definidas tanto la psicología de cada uno de los personajes que componen la trama como las relaciones establecidas entre ellos. Cuerpo a cuerpo con Carsen por los laureles de la representación, Simon Rattle brindó una versión musical de un refinamiento, una suntuosidad y una elegancia suprema, dejando al descubierto, gracias a una orquesta en estado de gloria, una variedad incesante de detalles, acentos y colores, siempre servidos en su punto justo y sin asfixiar. 

El elenco brilló a más no poder. Camilla Nylund tuvo un debut estrepitoso en la casa componiendo una Mariscala sensible y emotiva, presa del tiempo y esclava de lo fugaz, con una voz dramática que adaptó con mucha sapiencia para enfatizar la escritura melódica de su parte, una depurada línea de canto y un gran poder expresivo que completaron una composición ejemplar. El rol de Octavian pareció haber sido escrito especialmente para Magdalena Kožená quien, comodísima vocalmente en todas las facetas de su personaje, concibió un joven noble muy próximo al ideal, con una voz de color seductor que dispensó con inteligencia, un fraseo de calidad y enorme entrega expresiva. Por su parte, Golda Schultz prestó al personaje de Sophie una voz lírica radiante, de gran facilidad para el canto a mezza voce, con notas que dieron la sensación de flotar en el aire. 

En la escena, su caracterización de la prometida del barón Ochs fue deliciosa, y podría decirse incluso que era la inocencia hecha persona. Habida cuenta de la descomunal labor de Günther Groissböck, bien justificaría el cambio del nombre de la ópera por Ochs von Lerchenau, título originariamente propuesto por el compositor. El bajo austriaco, lejos de componer un barón octagenario y decrépito, delineó un atractivo Don Juan de impresionante estatura, ultra-viril y sexy, totalmente convencido de su rango social, de sus atractivos y del alto precio que deberá pagar quien quiera disfrutar de ellos. En lo vocal resultó solvente, con una voz compacta y expansiva, particularmente efectiva en los agudos per0 menos, en el centro y en los graves. 

Markus Eiche estuvo muy bien como Faninal, gracias en primer término a una voz baritonal opulenta, bien esmaltada y sonora; y en segundo, a su importante desenvoltura escénica. En su breve intervención, Matthew Polenzani fue un efectivo tenor italiano que se movió con soltura en la aguda tesitura de su parte, abusando, eso sí, del rubato para darle un aire caricatural a su caracterización. Los intrigantes Valzacchi y Annina de Thomas Ebenstein y Katharine Goeldner, respectivamente, mostraron oficio y mucho profesionalismo en la creación de sus personajes. Al coro de la casa se le escuchó perfectamente preparado y sólido en cada una de sus intervenciones. Un público enfervorizado aplaudió a rabiar y festejó una noche sublime que será difícil de olvidar.