🇺🇸 Don Giovanni en Miami

Elizabeth Caballero (Donna Elvira) y Federico De Michelis (Leporello) en el “Aria del catálogo” © Daniel Azoulay

Noviembre 24, 2019. La Gran Ópera de Florida inauguró su 79ª temporada con un brillante Don Giovanni en coproducción con el Teatro de Ópera de Michigan. La directora de escena china afincada en Nueva York, Mo Zhou debutó con una arriesgada propuesta al eliminar el epílogo y hacer concluir la ópera con el coro de demonios que transportan al protagonista hacia la condenación eterna. Comparado con el habitual, no cabe duda de que este final causa mayor impacto sobre la audiencia, más aún si la iluminación relativamente plana y homogénea firmada por Nate Wheatley se rompe con una escena de rojo intenso y gran plasticidad visual, como aquí ocurre. Sin embargo, la propuesta de Zhou nos priva no sólo del sexteto final, ‘Ah!, dov’è il perfido?’, sino también de la escena conclusiva donde cada personaje expone con deliciosa inocencia sus planes de futuro y recita la moraleja de la historia.

La escenografía de John Pascoe cumple bien su función, recreando un marco arquitectónico del pasado, con muros, paredes y balcones de cartón piedra que combina bien con el rico vestuario diseñado por Ann Hould-Ward. Abundan los velos, capas, telas y encajes, y se establece con claridad la diferencia entre damas y caballeros, por un lado, y campesinos y plebeyos, por otro. Cabe destacar el gran trabajo de Sue Schaefer como responsable de las máscaras y maquillaje.

En el papel protagonista, el barítono canadiense Elliot Madore firmó un Don Giovanni rotundo, de gran presencia escénica y actoralmente impecable. Su voz posee un bello timbre y su trabajo fue ovacionado, si bien podría haber redondeado su actuación dosificando mejor la energía y abundando en las intensidades intermedias, con menor potencia vocal en el ataque al inicio de cada frase melódica. La soprano Elizabeth Caballero interpretó el rol de Donna Elvira con dominio escénico y buen control de la coloratura. Mostró con acierto las contradicciones internas del personaje en su relación con Don Giovanni, por ejemplo en su aria ‘Mi tradì, quell’alma ingrata’, y sus intervenciones junto con la también soprano Elizabeth de Trejo (Donna Anna) resultaron muy cuidadas y bien empastadas, como en el cuarteto ‘Non ti fidar, o misera’. 

Kevin Langan (el Commendatore) y Elliot Madore (Don Giovanni) © Daniel Azoulay

El Comendador fue interpretado por un sólido Kevin Langan, magníficamente caracterizado como estatua de piedra en la escena final, mientras que el bajo-barítono argentino Federico De Michelis manejó bien su voz, que no es de excesivo volumen, y resolvió con acierto el “Aria del catálogo” de Leporello. El resto de papeles estuvo interpretado por artistas debutantes en este teatro de ópera y miembros de su programa de estudio. 

Nicholas Huff fue un Don Ottavio de voz clara y bien timbrada y Asleif Willmer fue una notable Zerlina, aunque su voz tuvo menor presencia que la de Don Giovanni en el famoso dúo ‘Là ci darem la mano’. Por último, Michael Miller fue un correcto Masetto.

El coro de la casa, preparado por Katherine Kozak, cantó con entrega y empaste. En el foso, la orquesta de la Gran Ópera de Florida dirigida por el maestro Christopher Allen mostró respeto por las voces, buen fraseo y dinámicas precisas. Habría sido deseable prever los aplausos al final de cada número vocal significativo para que estos no se solapasen con el inicio del siguiente, si bien la costumbre de parte de la audiencia de comenzar a aplaudir antes de que un número estuviese totalmente finalizado o incluso a mitad de un aria, como en ‘Là ci darem la mano’, no ayudó. En todo caso, el público disfrutó de la representación y salió de la sala satisfecho y canturreando algunas de las melodías más conocidas escuchadas.