🇩🇪 Corradino en Bad Wildbad

Emmanuel Franco (Aliprando) y Sara Blanch (Matilde) en Wildbad © Patrick Pfeiffer

Julio 18, 2019. En Alemania, en medio de la Selva Negra, se encuentra Bad Wildbad, una pequeña ciudad-balneario rodeada de vegetación y agradables colinas. ¿Quién podría sospechar que este lugar hospeda uno de los festivales operísticos más relevantes dedicados a la música de Gioachino Rossini y sus contemporáneos? ¿Por qué Bad Wildbad? En 1856, el compositor pasó aquí veinte días donde encontraría una tranquilidad ideal; durante 31 años, desde 1988, la ciudad ha honrado a su ilustre invitado con un festival dedicado a él: Rossini en Wildbad, un festival de ópera belcantista en el que destaca la presentación de las obras más raras del compositor así como también obras de otros autores, también poco conocidas, que encuentran aquí su primera exhibición en nuestros tiempos.

La inauguración del festival del año pasado presentó una obra impresionante: Matilde di Shabran (o sia Bellezza e cuor di ferro), también conocida bajo el título de Corradino, cuor di ferro, elegida por el festival para esta presentación. El melodrama lúdico en dos actos tiene más de alguna semejanza con el género semiserio: es la historia del misógino Corradino, quien es particularmente cruel con quienes se le acercan, especialmente las mujeres, escrita por el libretista Jacopo Ferretti, que a su vez abrevó de varias fuentes, incluyendo François-Benoît-Henri Hoffman, Jacques Marie Boutet (alias Monvel), Antonio Simeone Sografi y Gaetano Rossi. 

La primera ejecución de la ópera, con Niccolò Paganini como primer violín, tuvo lugar en el Teatro Apollo de Roma el 24 de febrero de 1821 y no fue muy exitosa. Luego se presentaron versiones corregidas en Nápoles y Viena. En Bad Wildbad se decidió representar la versión romana, para escucharla tal como se presentó en su estreno. La tarea de introducir a los espectadores a esta suerte de “gótico noir rossiniano” recayó en la soprano Stefania Bonfadelli, quien se ha dedicado a la dirección escénica desde hace algunos años. Bonfadelli trasladó la acción a una editorial periodística moderna donde la hipocresía, el frenesí y la envidia están a la orden del día. El jefe, Corradino, mantiene a todo su personal bajo control, aterrorizándolo por su carácter irascible y cambiante. Cada uno hace su trabajo, en un ambiente completamente masculino: la misoginia del director mantiene alejada cualquier presencia femenina, hasta la intrusión de Matilde di Shabran, hija de un valiente hombre de armas que altera el equilibrio anómalo haciendo que Corradino se enamore de ella.

La escenografía diseñada por Serena Rocco perfila el interior de la editorial y sugieren los tonos monocromáticos típicos de las oficinas de hoy. Con José Miguel Pérez-Sierra en el foso, al frente de la orquesta polaca Passionart Orchestra Krakow y el Coro Górecki Chamber Choir, preparado por Marcin Wróbel, Gianluca Ascheri acompaña a los solistas en los recitativos. 

La protagonista, Sara Blanch (Matilde di Shabran) ofreció una prueba convincente en todos los aspectos. La soprano catalana no temía a agudos ni a armónicos y mantuvo homogeneidad de emisión en todo el registro, con una presencia escénica desinhibida y natural. A su lado, Michele Angelini interpretó al feroz Corradino. En su debut en Italia, el cantante ítalo-americano exhibió capacidad interpretativa, pero estaba indispuesto vocalmente y no pudo cantar. En su lugar cantó su colega Francisco Brito (ubicado a un lado del escenario), quien llegó al “cuarto para las doce” para salvar la función. El tenor argentino involucró cuerpo y alma en la función y ofreció un luminoso retrato del siniestro personaje.

En la parte “en travesti” de Edoardo, hijo del enemigo de Corradino, estuvo la mezzosoprano Victoria Yarovaya, quien exhibió un timbre bruñido, una extensión notable y buenas agilidades al cantar. El poeta Isidoro fue interpretado por Giulio Mastrototaro, veterano del festival. La casi constante presencia del barítono en este festival ha mejorado sus capacidades camaleónicas y una vis cómica idónea para sus roles de basso buffo. 

Al barítono mexicano Emmanuel Franco le tocó interpretar al doctor Aliprando. El artista convenció por su color vocal, su naturalidad escénica y su astucia en el fraseo de sus líneas. Ricardo Seguel se puso al servicio de Ginardo, el guardián de la torre, su hermoso timbre de bajo-barítono. A pesar de algunas irregularidades, el bajo Shi Zong convenció por la importancia de su instrumento en el papel de Raimondo Lopez, padre de Edoardo.