🇧🇪 Der Schmied von Gent en Gante

Escena de Der Schmied von Gent, la “gran ópera mágica” de Franz Schreker

Febrero 28, 2020. Esta es una obra que los niños de esta ciudad medieval conocen bien: sus abuelos se las relatan, hay canciones folklóricas acerca del Herrero de Gante, y saben bien cómo este herrero hizo un pacto con el diablo y se las arregló para salirse de él. Smee, el Herrero de Gante, tiene una personalidad dual: al comienzo es un ser egoista que abusa de sus trabajadores en la herrería y, cuando esto lo lleva a la bancarrota, hace un pacto con el diablo que dura siete años… una especie de Fausto, pero muy diferente. 

Este pacto le permite volverse inmensamente rico y con ello cambia su personalidad y se vuelve más humano. Un día llega una pareja muy pobre con un bebé: su mula necesita herraduras. Smee se ofrece a hacérselas gratis y los aprovisiona para la larga jornada. Esta pareja era nada menos que José y María con el niño Jesús. Como recompensa, José le ofrece cumplir tres deseos. Smee solo piensa en cómo salirse de su pacto con el diablo y aparentemente malgasta los tres deseos. Pero le sirven al menos para recuperar el contrato. Al morir, no es admitido al Infierno porque ha aterrorizado a los diablos, pero tampoco es admitido al Paraíso por su antiguo pacto con el diablo. Al fin, su mujer muere e intercede con José, quien lo admite al Paraíso. 

Esta “gran ópera mágica” en tres actos, así descrita por el compositor Franz Schreker (1878-1934), tiene bastante política también. En esta nueva producción de Ersan Mondtag, Astarte, la Diosa del Amor, es una figura negra que sirve como símbolo para ofrecer las riquezas del Congo a Bélgica, en particular al Rey Leopoldo, que fue responsable por el exterminio de millones de vidas, un genocidio terrible. En un momento del tercer acto, la acción se interrumpe y se muestra un video de 1960 donde Patrice Lumumba declara la Independencia del Congo, algo muy apropiado y que probablemente haya hecho sentir mal a muchos belgas. 

La mujer de Smee (el herrero) personifica a la gente del pueblo: es una persona opuesta a la tiranía del capitalismo y por eso resulta una figura simpática. Pero en esta obra no hay que olvidar que Gante es parte de Flandes, que a su vez sufrió muchisimo bajo la cruel ocupación de España, aquí representada por el Duque de Alba y por Jakob Hessels, un juez de pacotilla que se asemejaba a Roland Freisler en la época nazi. 

En este contexto la fábula se desarrolla en forma sencilla: hay 34 escenas que, aunque bien hiladas, hacen que la acción pierda pulso. Aunque el escenario giratorio ayuda mucho a la continuidad, faltó Personenregie que facilitara el entendimiento de cada rol y su propósito. En este contexto destacó la presencia de Leigh Melrose como Smee, un cantante lleno de autoridad y actor flexible, con mucho humor, de dicción clara y voz llena de carácter, sin huecos. El rol más interesante en lo vocal es el de su esposa, en este caso la mezzo Kai Rüütel, de voz redonda, aterciopelada, y que es la única que contiene pasajes ariosos de gran belleza. Tambien Astarte, cantada por Vuvu Mpofu, descolló por su registro agudo impecable con una actuación muy lograda.

Excelente, el vasto elenco y también el coro. Pero fue la dirección del argentino Alejo Pérez la que también triunfó con esta obra, la última ópera de Schreker. Pérez tomo la partitura por las solapas y le infundió ritmo, pulso y buen equilibrio orquestal, dejando que los cantantes se escucharan por encima de la masa orquestal. 

Schreker posee un sonido único que, por momentos, hacia el final de su carrera, pudo vislumbrar la música de Hollywood, asemejándose mucho a los soundtracks de los filmes de Erich Wolfgang Korngold. Pérez dejó entrever esta influencia y le dio impulso en el grand finale, digno de Hollywood y de Cecil B de Mille.