🇨🇦 Don Giovanni en Toronto

Douglas Williams (Don Giovanni) y Meghan Lindsey (Donna Anna) © Bruce Zinger

Noviembre 9, 2019. Un gran éxito se apuntó la compañía Opera Atelier en su inicio de temporada 2019-2020 con una reposición logradísima de Don Giovanni de Mozart. Como el libertino seductor, Douglas Williams resultó una óptima elección. Dueño de excelentes medios vocales, el bajo-barítono americano desplegó un canto rico, fluido y de gran elegancia al que supo cincelar con gran intención. En la escena, fue un intérprete de notable ductilidad y sobrados encantos. Su serenata ‘Deh! vieni alla finestra’, plena de matices y mezze voci, fue una delicia para los oídos y uno de los momentos más celebrados de la representación. 

Tanto o más libertino y desprejuiciado que su amo, Stephen Hegedus concibió un divertido sirviente Leporello de voz cálida, buena emisión y cuidado fraseo. En un repertorio que le calza como anillo al dedo, Colin Ainsworth delineó un aristocrático Don Ottavio, estilísticamente impecable, que alcanzó su zenit vocal en el aria ‘Dalla sua pace’, perfectamente interpretada y donde lució un equilibrado legato, una línea de canto impoluta y un supremo buen gusto. Una dicción italiana poco trabajada y un muy afectado desempeño actoral restaron calidad a su notable desempeño general. A pesar de poseer una voz pequeña y demasiado liviana para la parte, Olivier Laquerre logró sacar buen partido del personaje de Masetto gracias a una caracterización muy lograda en detalles y recursos histriónicos. De gran fortaleza vocal, graves de bello color y buena autoridad escénica, Gustav Andreassen resultó un Commendatore inapelable. 

En lo que respecta al elenco femenino, Meghan Lindsay brilló a gran altura, componiendo una excelente Donna Anna de voz potente, bien resuelta y de agilidades técnicamente perfectas y expresivas. No se quedó atrás Carla Huhtanen, quien retrató una Donna Elvira obsesiva y temperamental de alta calidad vocal y gran variedad de recursos histriónicos. Completó el elenco de solistas la deliciosa Zerlina de voz cristalina, ágil y melodiosa de la prometedora Mireille Asselin. El coro de la casa hizo una labor de gran solvencia. 

Al frente de la orquesta barroca Tafelmusik, David Fallis hizo una lectura musical híper-historicista, resaltando lo más dramático de la partitura y prestando atención a no apartarse un ápice del estilo ni de las tradiciones de la época en la que fue compuesta la ópera. Su batuta destacó por vivacidad, tempos rápidos y cuidada concertación. 

A cargo de la dirección escénica, Marshall Pynkoski ofreció un espectáculo muy atractivo en lo visual, creativo dentro de lo convencional de su propuesta y en el que supo resaltar con una mirada muy aguda las diferencias de clases y las convenciones sociales tan presentes en la trama de la ópera. Las cuidadas marcaciones de los solistas —en muchos casos de excesiva gestualidad— y los muy estudiados desplazamientos del coro en las escenas de conjunto fueron elementos decisivos en el éxito final de su trabajo. Tanto las coreografías firmadas por Jeannette Lajeunesse Zingg como el rico y detallista vestuario de Martha Mann Southgate y los dinámicos decorados de Gerard Gauci fueron un marco ideal para el desarrollo de la acción. Se presentó la versión corta de Praga (1787), lo que dejó al público con sabor a poco, ya que fueron descartadas algunas de las arias largas que se agregaron un año más tarde para el estreno vienés del título.