🇪🇸 Les contes d’Hoffmann en Barcelona

Olga Pudova fue Olympia y su desempeño vocal y escénico fue de primer orden, volando —literalmente— en medio de adornos y agilidades © Antoni Bofill

Enero 21 y 25, 2021. Los cuentos de Hoffmann reaparecieron con numerosas funciones y buena asistencia en la versión vista hace años de Laurent Pelly, que sigue sin parecer de las mejores suyas; exageradamente sombría aunque con una buena marcación de personajes. Por supuesto que sigo echando de menos los viejos recitativos y los fragmentos arrinconados sin ceremonia que, por ejemplo, permiten hoy a bajos puros cantar los cuatro malvados, cosa que no les sería posible de otra forma. Admito que Stella y sobre todo Nicklause y la Musa ganan, y que probablemente estemos más próximos al estado de la cuestión a la muerte de su autor; pero, así, el acto de Giulietta parece sumamente débil desde todos los puntos de vista. Además, hubo que cortar, en razón de los límites de tiempo impuestos, los sensacionales couplets de Franz del acto de Antonia… Sin embargo, con alguna sustitución inevitable, la obra pudo hacerse y la gente marchó satisfecha.

Dirigió Riccardo Frizza y la orquesta sonó bien, aunque pareció más una ópera romántica italiana y en algunos momentos el trazo fue grueso, con un caudal sonoro que desbordó a las voces en el escenario. Muy bien estuvo el coro dirigido por Conxita García. Entre las señoras destacó claramente Marina Viotti, que tuvo prácticamente todas las funciones de la Musa y Nicklause a su cargo; cantó y actuó estupendamente. Olga Pudova fue, salvo en alguna función, Olympia. Su desempeño vocal y escénico fue tambilen de primer orden, volando literalmente en medio de adornos y agilidades. Nino Surguladze y Ginger Costa-Jackson se repartieron Giulietta, que en esta ocasión tuvo que ser más actriz que cantante; pero lo hicieron correctamente en ambos aspectos. Adriana Gutiérrez y Elena Sancho Péreg sacaron el partido que pudieron al personaje de Stella, que aparece fugazmente en el último acto o epílogo. Ermonela Jaho fue la única Antonia, personaje que aunque aparezca solo en un acto tiene la parte vocalmente más comprometida y emocionalmente más tensa. Lo hizo con entrega y algunas buenas medias voces. Por el resto, la voz sonó metálica y estridente, por momentos con un molesto vibrato. Laura Vila fue una adecuada voz de la madre en el gran trío.

John Osborn fue el protagonista, y Alexandre Vinogradov fue los cuatro malvados © Antoni Bofill

El gran as en la manga de estas funciones fue el protagonista de John Osborn, absolutamente compenetrado con su difícil papel y más adecuado aún que hace años en París con Minkowski. No hizo mal papel Arturo Chacón-Cruz, aunque cantó siempre fuerte y tampoco tuvo matices su personificación, pero fue generoso y pareció divertirse. Los cuatro malvados fueron compartidos por Alexandre Vinogradov y Roberto Tagliavini, que como bajos que son sufrieron algo en los agudos del trío con Antonia y la voz de la madre, pero en el resto estuvieron soberbios y muy distintos en lo vocal y escénico: más siniestro e incisivo el primero, más irónico y con más bella línea y color el segundo, haciendo honor a la tradición de las respectivas escuelas. Una mención aún para el Spalanzani de Francisco Vas, excelente Franz en la anterior ocasión. Entre correctos y discretos, los demás.

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