Javier Camarena en Barcelona

Javier Camarena en Barcelona
Javier Camarena y Ángel Rodríguez en Barcelona © Antoni Bofill

Enero 7, 2022. En este nuevo año que despunta entre signos de incertidumbre y esperanza, el tenor mexicano Javier Camarena inició su ciclo artístico con un concierto firme en el Liceu de Barcelona, como parte de una gira que se extenderá durante todo este mes por diferentes ciudades españolas.

Simplemente magistral, si habría que describirlo en dos palabras. Su voz, enmarcada por el acompañamiento único del pianista Ángel Rodríguez, resonó con brillo y fuerza expresiva en un repertorio de amplio arco musical: arias de óperas emblemáticas y temas clásicos, tonadas napolitanas, selecciones de zarzuela y melodías populares mexicanas.

En un recinto que albergó a casi dos mil espectadores —con restricciones de aforo por medidas de seguridad antipandemia—, Camarena abrió su acto con el aria de la ópera Lakmé, de Léo Delibes, ‘Fantaisie aux divins mensonges’, en la que en medio de un silencio expectante, con Rodríguez en el acompañamiento, se hizo dueño del escenario, cautivó con su voz y otorgó magia a cada interpretación.

Algo notable en Camarena es el contacto que establece con su público tan pronto toma el proscenio. Con solo unas palabras breves de saludo, se permite registrar, como un barómetro preciso, el sentimiento de los espectadores; está presente siempre y, por ejemplo, cuando escucha el ruido de una persona que tropieza en un balcón al tomar su asiento, le advierte con humor: “Cuidado… esto apenas se inicia… hay que llegar sin accidentes hasta el final”.

En la primera parte, Camarena incorporó varias arias de un repertorio lírico de óperas que ha interpretado con gran éxito de público y de crítica en diferentes casas de ópera del mundo, y continuó deslumbrando con otras piezas como ‘Spirto gentil’, de La favorita de Donizetti, o un dúo de La Cenerentola de Rossini, que recreó con virtuosismo y gracia con una invitada sorpresa para ese particular número, la mezzosoprano rusa Lena Bilkini. 

Es un Camarena que, más allá de sus facultades vocales excepcionales y en plenitud, sabe cómo conducirse en el escenario con gran libertad vocal y corporal: todo fluyó de manera prístina y espontánea y su manejo escénico en esta interpretación fue casi el de un «clown».

A la vez, el tenor se acercó también a un repertorio más contrastante, y lo hizo con aplomo y dominio; pudo desplazar su sentimiento lírico a otro más grave, como el de Verdi, y logró así en su versión de ‘La mia letizia infondere’ de I lombardi, una carga hondamente expresiva, que se remarcó con fuerza con los acordes pianísticos de Ángel Rodríguez.

Justo hablando de su acompañante, resultó también otra notable sorpresa en un solo que ejecutó con la “Habanera” de Carmen de Bizet, al que infundió brío y un virtuosismo deslumbrante en su muy original arreglo.

Con un público entusiasta ante la experiencia musical, concluyó la primera parte del concierto y los dos protagonistas del evento, tras un intermedio de treinta minutos, retomaron el acto con selecciones de un repertorio diferente y también plural, dando espacio a otros géneros.

«Tal vez ‘Canto porque estoy alegre’, de Antón García Abril, debió haber sido el título de su concierto…»

Los temas fueron el marco perfecto para confirmar la versatilidad musical de Camarena. Como él mismo lo ha declarado en entrevistas, «la música, si emociona, es buena música». Él, justamente, ama todas las manifestaciones de la música, desde el rock, donde se inició en su natal Xalapa, hasta la música coral, boleros, melodías infantiles, populares, y por supuesto, la ópera. En esta segunda parte, cautivó al público con su voz de emisión dulce y expresiva al acercarse a matices más ligeros.

En tal rango, se permitió interpretar desde el son huasteco ‘Malagueña salerosa’, que enriqueció con deslumbrantes falsetes, manejados con gran intuición musical y un fraseo susurrante y preciso, hasta selecciones de temas de zarzuela, como ‘El guitarrico’, de Agustín Pérez Soriano, en el que equilibró su belleza melódica con la picardía ingenua del género.

Sumó también en esta segunda parte ‘Canto porque estoy alegre’, de Antón García Abril, a la que imprimió tonos de ternura y, en efecto, alegría. Tal vez este debió haber sido el título de su concierto, que se anunció solo con el nombre del tenor, sobre todo tras escucharle la estrofa: ‘Canto porque estoy alegre/como el sol de la mañana/tiempo de llorar/cuando pierda la esperanza/Los hombres que nunca lloran/son los que tampoco cantan…’.

Algo especial de señalar durante la velada fue la interpretación de la melodía ‘Te quiero, dijiste’, de la compositora mexicana María Grever, que Camarena dedica a su abuela. En un comentario breve, expresó que murió hace pocos meses, y recreó el tema como una plegaria musical a su memoria, de manera honda y sentida.

El concierto concluyó con algunos temas más, que el público recibió con aplausos sostenidos tras cada interpretación. Cuando todo parecía haber concluido, explotó como estruendo una cerrada ovación, con los espectadores de pie. Camarena hizo mutis por el foro y, tras una ola de aplausos que se mantuvo por tiempo prolongado, reapareció con una partitura en mano, seguido por su pianista. Se hizo silencio y empezó a interpretar, leyendo el texto, un tema clásico de la cultura de Cataluña: ‘Rosó’, de Josep Rivas i Gabriel. En catalán.

Un cierre estratégico tras un concierto extraordinario. Que siga alegre, y que siga cantando Camarena.

Norberto Bogard es colaborador de las revistas Vanity Fair y GQ, ediciones de América Latina, y prepara actualmente un documental sobre un excelso compositor mexicano hasta ahora poco reconocido.