?? Díptico de Kurt Weill en Milán

Kate Lindsey y Laureen Michelle en Mahagonny Songspiel © Brescia e Amisano

Marzo 18, 2021. Como tercera producción de esta anómala temporada operística alterada por la pandemia (con una ópera al mes en streaming, después de Così fan tutte en enero y Salome en febrero, transmitidas en la plataforma en línea de la red televisiva nacional italiana RAI), el Teatro alla Scala propuso un díptico constituido por dos títulos de Kurt Weill: Los siete pecados capitales y Mahagonny Songspiel, este último una especie de bosquejo preparatorio de su futura obra maestra Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny. Ambas obras son fruto de la colaboración entre el compositor alemán, naturalizado estadounidense, con Bertold Brecht, creadas en los años 30 como una metáfora del declive de los valores de la sociedad burguesa.

Se puede decir inmediatamente que se trató en general de una propuesta inocente, inocua. La provocativa fuerza contenida en la música y en el texto se perdió sobre un escenario amueblado con objetos reutilizados, algunas referencias a la contaminación ambiental, proyecciones en blanco y negro en el fondo y una actuación correcta pero nada incisiva, carente de verdaderos momentos mordaces o picantes como era legítimo esperar de las dos obras que basan su razón de ser en la sátira y el sarcasmo. La directora de escena franco-británica Irina Brook confeccionó un espectáculo que no fue ni sarcástico ni mordaz.

Por su parte, las dos protagonistas, Kate Lindsey y Laureen Michelle, llevaron sus personajes de manera adecuada, pero con voces no muy voluminosas y un fraseo sin variaciones. Estuvo mejor la parte orquestal confiada a la batuta de Riccardo Chailly, aunque quizás estuvo demasiado cuidada en cuanto a la belleza del sonido. La sorpresa al final del espectáculo fue el homenaje a Jim Morrison con su canción «Alabama Song» la pieza más notable de Mahagonny.