L’Auberge du Cheval Blanc en Marsella

L’Auberge du Cheval Blanc en Marsella
L’Auberge du Cheval Blanc se presentó en Marsella © Christian Dresse

Diciembre 18, 2021. La Ópera de Marsella, a través del Teatro Odéon, continúa con su ciclo de operetas, programando funciones a media tarde los fines de semana. En esta ocasión, repuso L’Auberge du Cheval Blanc (La Posada del Caballito Blanco), sobre un libreto de Lucien Besnard y René Dorin. 

Esta opereta o comedia musical del compositor Ralph Benatzky se estrenó en Berlín en 1930 bajo el título Im Weissen Rössl, con textos de Robert Gilbert y libreto de Hans Müller-Einigen y Erik Charell. Su tremendo éxito hizo que se representara en Viena, Múnich, París, Londres y Nueva York, llegando a llenar las noches de Broadway.

Esta obra cumbre del compositor de Moravia siempre será recordada por la relevancia de sus canciones y el encanto de sus melodías. Con representaciones y adaptaciones a diversos idiomas, podemos hablar de una de los mejores títulos del Singspiel alemán.

Para las funciones de Marsella, La directora de escena y coreógrafa Carole Lin ofreció una producción muy dinámica donde no faltaron los números de ballet, baile tirolés, baile en pareja, danzas en grupo, vals y claqué. Gustó mucho la idea de la entrada del personaje Florés en bicicleta desde el patio de butacas, así como la comitiva que anunció la llegada del Emperador. Brillante en las coreografías de Clara y Célestin, nos encantó el guiño a Charles Chaplin en la caracterización del personaje de Hinzelmann, el padre de Clara; magnífico detalle por parte de una excelente dirección teatral que entusiasmó al público asistente. 

La dirección musical corrió a cargo de la batuta de Bruno Conti, muy pendiente siempre del lucimiento de las voces solistas. Con una labor precisa en todo momento, afrontó la obertura inicial con mucho temple mientras que para el intermezzo optó por una dirección más pasional e intensa, donde brillaron especialmente la sección de vientos y la percusiones. Capítulo aparte merece la enorme labor que realizó con el Coro Phocéen, al que sacó su mejor versión durante toda la tarde y en especial en la escena de los paraguas con la que terminaba el primer acto.

El tenor Marc Larcher en el papel de Florés, cumplió en la parte interpretativa aunque  esperabamos mucho más de este cantante a nivel vocal. Se nota que últimamente no pasa por un buen momento de forma como quedó demostrado en el dúo con Josepha, donde se le vio muy forzado a la hora de emitir los agudos. 

Grégory Juppin levantó la función en el segundo acto con una gran interpretación del personaje de Célestin. Excelente en la parte cómica, la belleza de su voz nos recordó al gran Alibert cuando afrontó su aria de presentación en el segundo acto. En el dueto con Clara, ofreció uno de los momentos de la noche al combinar magistralmente la parte cantada con las acrobacias y bailes que la coreografía exigía. 

La cantante y actriz Priscilla Beyrand maravilló a los asistentes en el papel de Clara, brindando un segundo acto para enmarcar donde ofreció una clase magistral de baile, canto y acrobacias. Espectacular en el dúo con Juppin, la “fantasista” de Antibes fue una de las artistas más ovacionadas cuando salió a saludar al finalizar la representación.

Escena de baile tirolés © Christian Dresse

La mezzo española Caroline Gea, bordó el personaje de Josépha tanto a nivel cómico como en lo puramente vocal. Verdadero animal teatral que llena la escena con su sola presencia, la cantante madrileña ofreció una interpretación muy lograda en el aria del primer acto “au joyeux Tyrol”, pese a las dificultades que la coreografía tirolesa exigía mientras cantaba.  En el duetto “La bonne auberge du Cheval-Blanc” con Florés, impuso su poderío vocal para cambiar de registro portentosamente en el segundo acto, donde afrontó con mucho gusto y musicalidad el aria “Ainsi va la vie, Helas”, muy aplaudida por el público. 

El tenor Rémy Mathieu convenció a nivel actoral en el rol protagónico del maître Leopold. Artista de gran presencia física y excelentes dotes para la opereta, este joven cantante podría tener un futuro prometedor en la escena lírica francesa si trabaja los aspectos vocales y logra pulir la emisión de los agudos, ya que material vocal tiene, como pudimos comprobar en el número de la tormenta. Imponente en los recitativos y en los números hablados, no entendemos cómo en el dueto con Josepha ‘Pour être un jour aimé de toi’ del primer acto se decantó por un final en falsete que enturbió su lucimiento en un pasaje tan conocido.

La soprano Charlotte Bonnet fue una excelente Sylvabelle que nos deleitó con una maravillosa voz durante toda la representación. Espléndida en el primer dueto con Florés, donde apreciamos un instrumento vocal muy seguro a la hora de emitir las notas altas, brilló en el dueto posterior, sacando a relucir la potencia de una voz que está pidiendo a gritos papeles de mayor peso en óperas importantes. Pletórica a nivel vocal en sus intervenciones del segundo acto, estuvo espectacular en el número final de despedida, emitiendo unos poderosos agudos que sobresalieron por encima de todo el elenco durante los tres bises que se vieron obligados a dar, ante la insistencia de un público entusiasmado. Artista joven y de gran futuro, Bonnet fue sin duda alguna la gran triunfadora del reparto.