🇩🇪 Le prophète en Berlín

Clémentine Margaine interpretó a Fidès: para muchos, la verdadera protagonista, rol creado para la gran mezzosoprano Pauline Viardot-García © Bettina Stoess

Febrero 29, 2020. De las tres veces que he podido ver en un teatro esta grand opéra de Giacomo Meyerbeer, esta ha sido la mejor y la más equilibrada. La Deutsche Oper está empeñada en un ciclo de repesca de las grandes obras de Meyerbeer. Ya tiene en repertorio Les Huguenots y este año le toca a Dinorah. Sin embargo, donde ha acertado claramente es en esta obra tan difícil. 

El espectáculo de Olivier Py es discutible (y mucho), pero tiene algunos momentos de fuerza. Sus contradicciones o su obsesión con la violencia y los desnudos le hacen perder el pie (nunca mejor dicho) con el ballet de los patinadores y la escena de la coronación, por ejemplo. Desde el podio, Enrique Mazzola exhibió su oficio y su afinidad con este repertorio y la orquesta del Teatro se lució, así como los coros (hay tres), preparados por Jeremy Bines —los dos de adultos— y por Christian Lindhorst —el de niños—. Los bailarines fueron muy buenos, aunque aquí se les pidió más gimnasia que otra cosa. 

Gregory Kunde (66 cumplidos) hizo un tour de force en el rol del protagonista, desde su entrada hasta el final © Bettina Stoess

Y como siempre en Meyerbeer hay muchas partes pequeñas de exigencias diversas, estuvieron bien cubiertas. Tiene que haber tres primeras figuras, y las hubo: Gregory Kunde (66 cumplidos) hizo un tour de force en el rol del protagonista, Jean de Leyde, desde su entrada hasta el final. Este es un cantante serio de los que no abundan nunca. Su madre, Fidès, es para muchos la verdadera protagonista. Nunca he escuchado a Clémentine Margaine tan bien como en este papel permanentemente exigido. La amada, Berthe, es más convencional como corresponde a una soprano coloratura, pero Elena Tsallagova cantó divinamente e interpretó —llevada también por Py, hay que reconocerlo— de modo que su figura cobró importancia. Los tres anabaptistas se las traen. Quien lo tiene más fácil es Thomas Lehman (barítono) como Mathisen, pero ya Jonas tiene momentos endiablados como corresponde a un tenor de Meyerbeer (Gideon Poppe, excelente). Zacharie es casi un coprotagonista y hasta tiene un solo: muy bien, el bajo Derek Welton; y los tres, excelentes intérpretes. Otro papel difícil es el del tirano Oberthal, y de los ingratos: el barítono Seth Carico estuvo siempre a la altura.