L’elisir y La fille en Bérgamo

L’elisir y La fille en Bérgamo
Javier Camarena (Nemorino) en L’elisir d’amore en Bérgamo © Gianfranco Rota

Noviembre 17 y 18. Este año, al reanudarse la actividad en vivo, se eligieron dos obras brillantes de Gaetano Donizetti: L’elisir d’amore y La fille du régiment. En la primera brilló el gran Javier Camarena, al que ya había visto en Barcelona en la misma parte, pero que ofreció una versión aun más completa de Nemorino: torpe pero simpático, con una línea de canto ejemplar, un timbre muy bello que hicieron de su actuación en todo momento fuente de auténtico placer, que convirtieron su versión de ‘Una furtiva lagrima’ en la mejor que he oído en vivo, junto con la de Carlo Bergonzi.

Y eso pese a que la nueva producción de Frederic Wake-Walker, que no molestó, fue otra de las suyas, desteñida y sin interés, y volvió a demostrar que este director tan sobrevalorado no sabe qué hacer con un coro. A diferencia de la mayoría, tampoco encontré especialmente relevante la dirección de Riccardo Frizza (director musical del Festival) aunque sin duda fue buena o por lo menos algo más que correcta.

Debutaba la jovencísima Caterina Sala como Adina y lo hizo muy bien, aunque su empeño en mostrar sus sobreagudos hizo que más de uno sonara metálico. Ad maiorem gloriam cantó al final la cabaletta alternativa de ‘Il mio rigor dimentica’ tras su gran aria ‘Prendi per me sei libero’, que es mucho más pirotécnica pero nada inspirada, a partir del propio texto (‘Ah, l’eccesso del contento’).

Sara Blanch (Marie) y Paolo Bordogna (Sulpice) en La fille de régiment en Bérgamo © Gianfranco Rota

Roberto Frontali debutó como Dulcamara. Nada que decir de un barítono en esta parte aunque suelen afrontar bajos o bajo-barítonos. Es un profesional y lo hizo bien, pero no pareció estar ni muy cómodo ni muy imbuido del personaje. Muy bien Florian Sempey como un Belcore adecuadamente exuberante y algo ridículo. Muy atendible la Giannetta de Anaís Mejías y bien el coro Donizetti Opera dirigido por Fabio Tartari. La orquesta (Gli Originali) tocó justamente con instrumentos originales y con diapasón más bajo (casi un semitono) que benefició la paleta de colores del compositor.

El público fue convocado a participar antes de alzarse el telón en la ejecución del coro que inicia el segundo acto, y lo hizo con brío (‘Cantiamo, facciam brindisi’). 

La fille du régiment, que tuvo una puesta en escena muy folclórica de Luis Ernesto Doñas (en coproducción con el Teatro Lírico Nacional de Cuba), incluida una habanera de Yradier que subrayaba el parecido con la de Carmen (cantada por la más que burbujeante Marquesa de Adriana Bignani Lesca) tuvo obviamente sus puntos de fuerza con el gran John Osborn (bis de nueve dos incluido, con variaciones) y la pizpireta Sara Blanch como Marie, acompañados por el excelente Sulpice de Paolo Bordogna. Brillante dirección de Michele Spotti.