Lucia di Lammermoor en Macerata

Lucia di Lammermoor en Macerata
La escena de la locura de Lucia di Lammermoor en Macerata © Marilena Imbrescia

Agosto 12, 2023. En el 59º Festival de Ópera de Macerata 2023, junto con la inaugural Carmen, el otro título muy esperado —y ausente desde hace veinte años— fue Lucia di Lammermoor, una de las partituras más conocidas e interpretadas de Gaetano Donizetti. En un período de fuerte presión romántica, con el talento de numerosos compositores jóvenes en juego, Donizetti pudo labrarse un papel destacado en la delineación del lenguaje operístico italiano. Gracias a su ferviente inventiva y a sus rapidísimos tiempos de composición, el bergamasco ya contaba con un impresionante número de 43 óperas en su haber en el debut de Lucia di Lammermoor el 26 de septiembre de 1835 en el Teatro San Carlo de Nápoles. 

El escenario oscuro, angustioso e inevitable para los dos protagonistas, y la modernidad de la temática femenina en las familias de la Italia decimonónica, son solo algunas de las características peculiares de esta obra. Pero es quizás la presencia de un gran lugar común romántico, como es la escena de la locura, lo que contextualiza plenamente la partitura, asociando el trastorno mental a un instrumento concreto —en este caso, la armónica de cristal— que tocó Sascha Reckert en las funciones de Macerata. 

La nueva puesta en escena, en coproducción con las Chorégies d’Orange, fue dirigida por Jean-Louis Grinda, con escenografía de Rudy Sabounghi, vestuario de Jorge Jara, diseño del video de Étienne Guiol y luces de Laurent Castaing. En general, la creación pareció funcionar discretamente en el gran espacio que ofrece el Sferisterio: salvo algunas ingenuidades y algunos trucos demasiado obvios, a pesar del buen efecto final en el espacio exterior, el montaje funcionó sobre todo por la idea de dejar la escena lo más libre posible y por algunas de las proyecciones utilizadas. 

Ruth Iniesta (Lucia) y Dmitry Korchak (Edgardo) © Marilena Imbrescia

Fue sobre todo el director español Jordi Bernàcer quien dio credibilidad y personalidad a la interpretación musical: su lectura estuvo atenta a los colores y a las necesidades vocales, al tiempo que los pasajes orquestales gozaron de sensibilidad y precisión casi inusitadas. Se puede comprobar un excelente entendimiento tanto con la Orquesta Filarmónica de FORM-Marche como con el Coro de la Ópera de Marche “V. Bellini», dirigido por Martino Salvadei, y con la Banda Salvadei. La concertación fue bastante homogénea. 

Ruth Iniesta dominó el papel protagónico, haciendo gala de una musicalidad innata y una excelente soltura escénica. Su atención al fraseo, el canto y la presentación de los personajes compensaron cierta tensión vocal en la noche del estreno. En cuanto a Dmitry Korchak, a quien se le ha confiado el papel del amante, aparte de ciertas dificultades de entonación, su interpretación pareció sólida y en sintonía con el ardor juvenil de Edgardo. 

Davide Luciano interpretó el papel del villano con gran soltura y probada solidez técnica. La escritura que pertenece al personaje de Enrico Ashton parece adaptarse perfectamente a una voz belcantista de excelente factura, tanto por el timbre aterciopelado pero viril, como por la habilidad en cincelar la línea de canto y por el cuidado fraseo. Mirco Palazzi, en esta ocasión, denotó cierta incertidumbre y forzamiento en la entrega de las líneas de Raimondo, conservando al mismo tiempo sus habituales intenciones expresivas y probada capacidad actoral. 

La Alisa de Natalia Gavrilan se mostró eficaz, mientras que Gianluca Sorrentino destacó a un Normanno que sufría algunas fallas técnicas. Éxito muy caluroso al final con un prolongado aplauso para todos los intérpretes.