?? Norma en Madrid

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Hibla Gerzmava como Norma en el Teatro Real © Javier del Real

Marzo 17, 2021. El Teatro Real volvió a presentar la emblemática ópera de Bellini. En 2010 ofreció una versión concierto y en 2016, con escena (en esa ocasión de Davide Livermore). En tiempos de incertidumbre llegó esta nueva producción, con 12 funciones y con un elenco doble en cinco de los seis personajes de la ópera. 

El director de escena Justin Way trasladó la acción al interior de un teatro del norte de Italia, en un momento del siglo XIX cuando esta región se encontraba bajo el control austriaco. En el teatro se ensaya la ópera Norma y la diva que encarna el personaje epónimo mantiene una relación secreta con un militar austriaco de alto rango. La propuesta plantea un paralelismo entre el argumento vivido por los personajes de la ópera y la realidad histórica de sus intérpretes. Temporalmente podemos situar esta propuesta entre el estreno de Norma en 1831 y el fin de la dominación austriaca 1866. 

Estamos ante otra vuelta de tuerca del teatro dentro del teatro. El militar opresor/Pollione asiste al ensayo desde un balcón, los miembros del coro son patriotas italianos y la prima donna de la compañía es la hija del líder del movimiento antiocupación, convirtiendo a Adalgisa en una chica del coro. Todo ocurre en el escenario, en los camerinos y balcones del teatro. El inicio fue claro pero el planteamiento fue enturbiándose con el avance de la acción. Norma y los demás actuaban igual dentro y fuera del escenario, creando la duda de si se estaba viendo al personaje o a la persona. 

La escenografía (Charles Edwards) optó por la evocación de las puestas en escena de la época, con telones pintados y carros de escenografía, dando un empaque bello al planteamiento. El vestuario (Sue Willmington) también se apuntó en esa línea, recreando lo que en aquellos tiempos se utilizaba en teatro para sorprender al público (algunos diseños, vistos desde nuestra perspectiva, rayaron en lo cómico). La iluminación (Nicolas Fischtel) fue preciosista, potenciando con acierto el conjunto. Lo cierto es que la propuesta de Way funciona, haciendo un aggiornamento que mantiene las tradiciones del bel canto en su zona de confort.

Esa noche, Hibla Gerzmava encaró el demandante papel protagónico. Es una soprano con suficiencia de medios vocales, capaz de las agilidades y la alternancia de fuerza y delicadeza en un canto menos introspectivo de lo que me habría gustado. La mezzosoprano Annalisa Stroppa fue una excelente Adalgisa en todos los aspectos, dejando a las claras su posición inferior ante Norma, cantando de manera flexible, con emisión segura y modulando para servir a la música. Los duetos entre ambas cantantes fueron lo mejor de la noche. El tenor John Osborn fue un Pollione menos robusto de los que estamos acostumbrados a escuchar por tradición. Y eso tiene sus ventajas, que Osborn utilizó con buena puntería: un canto menos vocinglero y con más cuidado en los remates. Fernando Radó mostró nobleza y buenos medios como Oroveso, al igual que la soprano Berna Perles. El personaje de Flavio fue cantado esa noche por Juan Antonio Sanabria con escasa proyección del sonido. El coro titular del Teatro Real no estuvo del todo ajustado, con más decibelios en la sección femenina y no del todo ensamblado en la masculina. 

En el foso, Marco Armiliato, en sustitución del inicialmente previsto Maurizio Benini, concertó con intenciones narrativas, apoyando situaciones y buscando equilibrio entre orquesta y solistas. No fue una lectura de sutilezas bellinianas, sino de trazo grueso y a veces rudo. 

En resumen, esta Norma, título que tiene gancho con el público, transcurrió a una temperatura baja, echándose falta más brasas para subir el calor de la representación y animar al público. También invita a una reflexión sobre tradición y modernidad en este pequeño mundo llamado ópera.