Pelléas et Mélisande en Barcelona

Pelléas et Mélisande en Barcelona
Escena de Pelléas et Mélisande en Barcelona

Marzo 8, 2022. Obra difícil donde las haya, el único título completo de Claude Debussy para el teatro lírico no ha sido nunca favorito del gran público. Es una ópera tan especial, tan única, y tan solitaria, que se puede entender aunque no se comparta. En el fondo, el compositor intentó refundar el género con su peculiar “recitar cantando”. Yo la vi por primera vez hace 60 años y solo entré en ella en el Teatro Colón bonaerense por el arte de Victoria de los Ángeles, a quien pude ver en su despedida de la ópera en Madrid en el mismo papel. Luego la he visto con regularidad y cada vez he logrado adentrarme más, probablemente porque sea un texto (más que una música) que requiere de una cierta edad para captar todo su misterio y su profundidad. La música de Claudio de Francia tuvo el mérito (trabajó casi 10 años para lograrlo) de traducir perfectamente ambas cosas. En este caso se trató de una muy buena función, con una apreciable entrada de público (sobre todo en las partes inferiores de la sala), y no observé las deserciones a las que estoy habituado luego de la única pausa.

La puesta en escena de Álex Ollé, quien revisó la que presentó en Dresde, es de lo mejor que le he visto, pese a que no estoy de acuerdo con su afán por contarnos toda la historia y aclararnos todos los puntos, cosa que creo que interesara ni al libretista Maurice Maeterlinck ni a Debussy. En particular el personaje de Arkel sale desfigurado con aspectos negativos que no creo que lo hagan más interesante, sino que corre el riesgo de parecer hipócrita. Tampoco la casi constante presencia del agua (que sí está en la partitura, pero no con los personajes dentro de ella). Igualmente, al principio y hasta el tercer acto Mélisande parece más bien una Lolita más contenida.

La pareja protagonista tuvo excelentes intérpretes en el tenor (no un barítono) Stanislas de Barbeyrac, que se presentó aquí por primera vez, y Julie Fuchs, que debutaba el papel. Estuvieron vocalmente muy bien y con buena figura y actuación. Golaud fue Simon Keenlyside y, naturalmente, se convirtió en el centro de la atención con su personaje torturado, de dicción perfecta y clarísima, un canto estupendo y una gestualidad memorable, que confirman y superan las expectativas de lo que sobre su debut en el rol escribí hace cinco años. 

Arkel fue Franz-Josef Selig, adecuadamente cavernoso y menos “alemán” que en su actuación de hace cinco años en Viena. Sarah Connolly fue una muy buena Geneviève (que aquí tiene mucho más para actuar que lo que se acostumbra), Stefano Palatchi fue un buen médico, y Ruth González fue un pequeño Yniold ideal por estatura y bien cantado, pero con voz opaca. Puntual la intervención del coro, preparado por Pablo Assante. La orquesta del Teatro tuvo una noche afortunada y la batuta de Josep Pons demostró su afinidad con la música del Novecento, aunque en algunos momentos no pudo evitar sonoridades un tanto fuertes. Buen éxito.