🇦🇹 Rigoletto en Bregenz

Julio 19, 2019. Con esta nueva producción de la muy famosa y cautivante ópera de Giuseppe Verdi — la que será sin duda una de las más memorables en la historia del Festival de Bregenz—, el director de escena Philipp Stölzl y el escenógrafo Heike Vollmer han podido darle al título una nueva dimensión. 

El gran escenario estuvo dominado por una colosal cabeza de payaso: una maravilla técnica de 13.5 metros de alto y 35 toneladas de peso. El rango de sus expresiones faciales era sorprendente. Gradualmente, la cabeza es mutilada: pierde sus ojos, dientes y nariz y se queda, literalmente, en los huesos. Al final, durante la tormenta, un enorme calavera fantasmagórica emerge en tonos rojizos del cielo oscuro.

© Karl Forster

Durante el aria del duque, ‘La donna è mobile’, cuatro mujeres vestidas con trajes que muestran enormes senos cuelgan de unas cuerdas, como queriendo mostrar la actitud del duque hacia las mujeres: como débiles marionetas. 

A pesar de la gran distancia entre el foro y el público, los coloridos vestuarios de Kathi Maurer permitieron reconocer a los personajes. El asesino profesional Sparafucile (Miklós Sebestyén) vestía un traje de esqueleto: la personificación misma de la muerte. Su sensual hermana (la mezzosoprano Katrin Wundsam) está clavada sobre un tablón, como blanco de los descuidados juegos de su hermano de tiro al blanco. Gilda, cantado por la fantástica soprano francesa Mélissa Petit parece una encantadora y dulce Pulgarcita cuando canta ‘Caro nome’. El duque, interpretado por el tenor americano Stephen Costello, canta ‘La donna è mobile’ parado encima de la cabeza del payaso, quedándose dormido en una estrecha hamaca. El barítono búlgaro Vladimir Stoyanov encarnó a Rigoletto con una voz grande, graves aterciopelados y agudos fáciles. El poderoso bajo-barítono lituano Kostas Smoriginas fue Monterone, quien aparece nuevamente al final de la ópera, como una suerte de Commendatore extraído del Don Giovanni de Mozart. La Sinfónica de Viena siguió con atención los marcajes del director español Enrique Mazzola con un brío que reanimó al espíritu de Verdi.