🇩🇪 Tancredi en Bad Wildbad

Julio 20, 2019. Después de Matilde di Shabran y Romilda e Costanza, tocó el turno de otra importante partitura rossiniana: Tancredi. Pero en Bad Wildbad no se eligió la primera versión, con final feliz, estrenada en Venecia el 6 de febrero de 1813; sino la segunda, con conclusión trágica, presentada en Ferrara el 21 de marzo de ese mismo año.

La dirección escénica de Jochen Schönleber intentó actualizar la historia, gracias a la colaboración escenográfica de Dragan Denga e Ivana Vukovic, en un entorno militar moderno. La idea funcionó, en general. El trabajo de Antonino Fogliani al frente de la Passionart Orchestra Krakow estuvo en plena armonía con las necesidades tanto de los solistas como de la partitura. La contribución de las voces masculinas del Coro de Cámara Górecki, preparado por Marcin Wróbel, fue válida. 

Al frente del elenco estuvo Diana Haller como Tancredi, quien interpretó con extrema naturalidad, dinamismo y empatía con su personaje. Su instrumento, extendido y bastante homogéneo en todo el rango, le permitió afrontar las complejas arias solistas concebidas para la legendaria prima donna, la contralto Adelaide Malanotte. A su lado, la soprano Elisa Balbo como Amenaide puso en juego su voz cristalina, capaz de dominar por completo las agilidades, con clara dicción e intención interpretativa bien desarrollada. 

Patrick Kabongo en el rol de Argirio cantó con sensibilidad y acentos apropiados el rol del padre, en tanto que Ugo Guagliardo como Orbazzano se desempeñó con gusto y atención apropiada al lenguaje rossiniano. Buenas, también, las actuaciones de Diletta Scandiuzzi como Isaura, y de Claire Gascoin como Roggiero.