Agnieszka Sławińska: “Creo que la gente joven debe acercarse al repertorio de Mozart”

Agnieszka Sławińska ha cantado en México tres óperas muy distintas: L’amour de loin de Kaija Saariaho y Ascanio in Alba de W. A. Mozart en Bellas Artes, y Pagliacci de Ruggero Leoncavallo en Zapopan.

Hace pocos días, durante una mañana nublada en Guadalajara, tuvimos el privilegio de platicar con la joven y bella soprano polaca Agnieszka Sławińska, quien a finales del año pasado cantó en rol de Nedda en las funciones del drama verista Pagliacci de Ruggero Leoncavallo en el escenario de la sala Plácido Domingo del Conjunto Santander de Artes Escénicas que dirigió el maestro Enrique Patrón De Rueda en un montaje que marcaría el regreso del admirable tenor tapatío Rafael Rojas en una ópera completa. Desgraciadamente, el cantante enfermó durante los ensayos y no pudimos disfrutar de su interpretación del sufrido payaso. 

Agnieszka ofreció una interpretación muy emotiva, con elocuente dramatismo y una voz diáfana y sutil, radiante y bellamente controlada. Sus momentos álgidos fueron ‘Stridono lassù’ y el enfrentamiento entre Pagliaccio y Colombina en la escena final ‘No, Pagliaccio non son’.

En la Ciudad de México esta soprano actuó recientemente en las producciones de L’amour de loin de Kaija Saariaho) y Ascanio in Alba de Wolfgang Amadeus Mozart, ambas en el escenario del Palacio de Bellas Artes. Ante una taza de té platicamos sobre su carrera en exclusiva para Pro Ópera.

¿Podría contarnos sobre usted? ¿Cómo nace su interés por la música?
Yo nací en Varsovia, Polonia. Cuando tenía cinco años, en mi camino a la escuela, pasaba cerca del Conservatorio de Música y me llamaban mucho la atención los sonidos instrumentales que provenían de ese edificio, especialmente del piano. Mis padres me llevaron para consultar si yo podía ser una alumna susceptible de tomar clases allí y, luego de algunas pruebas de oído y musicalidad, nos dijeron que sí podía estudiar en esa institución, pero no había lugar en la cátedra de piano. 

En ese tiempo abrieron la clase de violín y buscaron a niños adecuados para aprender ese instrumento. Fui elegida y tuve mucha suerte de ser incluida para recibir la enseñanza de maestros extraordinarios. Fue una casualidad, entonces, mi presencia allí. Entonces, al principio de mi preparación musical comencé a estudiar violín, pero fue hasta los 21 años cuando decidí aprender canto. Entré al Conservatorio y afortunadamente me fue bien, pero tuve que dejar mi aprendizaje instrumental para dedicarme a una formación profesional como cantante. Después comencé a cantar ópera. Siempre tuve preferencia por la ópera francesa, especialmente obras de Massenet y Gounod, y las melodías de Debussy, entre otros compositores que fueron mi inspiración inicial.

Mariana en Liebesverbot en Estrasburgo © Klara Beck

¿Cuándo se integró a alguna producción operística?
Cuando estudiaba canto existía la colaboración entre el Conservatorio y el Gran Teatro de Lodz, por lo que en mi tercer año escolar fue que canté el rol de Cherubino de Le nozze di Figaro de Mozart. Fue una producción con los estudiantes y la orquesta profesional que disfruté mucho. 

¿Ha sido fácil para usted el dominio de los idiomas que las obras exigen?
El italiano no tanto pero el alemán sí, definitivamente. En cuanto al francés, tuve suerte pues la gente que conocí en Estrasburgo me tuvo mucha paciencia. Tuve coaches magníficos y creo que ya domino ese idioma. El alemán me ha costado más trabajo pues es un idioma muy duro. Tuve que trabajar mucho para dar a las palabras su musicalidad correcta. El español se parece al italiano, y ha sido relativamente fácil expresarme en ambos idiomas.

¿Podría describirnos su voz?
Mi voz es de soprano lírico, como me dijo mi maestra Gianfranca Ostini en Milán. Mi corazón se orienta hacia lo spinto, pero mi voz es de carácter lírico. Es una voz de color oscuro que puede confundir. La sabiduría viene con la edad y, aunque al principio de mi carrera anhelaba cantar las óperas de Giacomo Puccini, ahora estoy consciente de que mi voz no es adecuada para todos esos roles fascinante que él creó. Liù es mi rol ideal. Me gustaría mucho cantar Mimì. Tosca es fascinante pero no resulta adecuada para mi voz, pues exige tintes más dramáticos, especialmente en el segundo acto. Fue la primera ópera que compré cuando era niña y posteriormente me regalaron una de las primeras ediciones de la obra en partitura, pero definitivamente es una ópera que se quedará en mi mente y corazón pero no creo cantarla.

L’amour de Loin, con Carla López-Speziale en Bellas Artes

¿Cuál ha sido su relación con la ópera en México?
Gracias al maestro Alonso Escalante, tuve la oportunidad de cantar por primera vez en México. Fue en la ópera de Kaija Saariaho, L’amour de loin, una obra moderna escrita muy bien para la voz. No conocía la ópera desde la partitura, solo la había escuchado en la producción del Metropolitan Opera. Fue la primera vez que la canté bajo la dirección del maestro José Areán en Bellas Artes. Después canté el rol de Venus en Ascanio in Alba de Mozart. La tercera ópera que canté en este país fue precisamente Pagliacci. Tres obras muy diferentes y emocionantes de descubrir. En el caso del rol de Clémence de la obra de Sariaaho, la expresividad debe ser dramática, mas no la voz. Fue maravilloso otorgarle un color diferente, lo mismo en el caso de Nedda, que requiere matices muy dramáticos.

¿Qué opina del Mozart de Ascanio in Alba?
Me parece un Mozart barroco, lejano aún del estilo de Don Giovanni o Le nozze di Figarao. Los requerimientos musicales son más reducidos, aunque el resultado es impresionante, pues se trataba de un compositor de 14 años, pleno en ideas e inventiva. Interpreté el rol de Venus y realmente disfruté la sublime música que me tocó cantar.

¿Ha cantado ópera barroca?
Es un repertorio que me encanta, pero no considero que mi voz sea idónea para la mayoría de las obras escritas en ese periodo. La tragedia lírica que canté y podría situarse entre el barroco y el clasicismo es Chimène ou Le Cid de Antonio Sacchini (1730-1786), una ópera rara vez representada que posee muchos rasgos humanos en los personajes y de música hermosa.

Venus en Ascanio in Alba en Bellas Artes

¿Cómo se sintió usted al cantar el rol de Nedda en la obra verista Pagliacci? ¿Le gusta ese repertorio?
Es una música que siento muy cercana. Me encanta ese rol que canté por primera vez y que fue un gran descubrimiento para mí. Es un rol de ensueño. Tuve la suerte de que Cézar Barajas y el Conjunto Santander hayan confiado en mí y me hayan invitado a formar parte de este montaje. Fue una experiencia inolvidable gracias al gran nivel profesional del equipo artístico de ese recinto. En cuanto a la obra en sí, creo que hay que verla con todas sus exigencias, pues no son solo las arias o los duetos, sino también la comprensión caracterológica. Nedda entra en mis posibilidades y por eso espero seguir cantándola con sincera pasión y con el sonido natural de mi voz. 

En estas funciones fue maravilloso haber trabajado con el tenor Rafael Rojas durante los ensayos. Fue un buen colega, un cantante muy amable, con una voz magnífica. Aprendí mucho de su forma de cantar esta música, ya que era su tercera producción interpretando a Canio. El maestro Rojas, por su experiencia, tenía para el personaje las características ideales tanto en la voz como en el temperamento: un hombre cansado y perdido en su deseo de mantener a Nedda a su lado. 

Vivimos los ensayos muy bien y fue un shock para todos que haya de pronto abandonado la producción por cuestiones de salud. Fue una situación que es posible leer en las anécdotas de la historia de la ópera, pero que uno no quisiera vivir. La dirección del Conjunto decidió continuar con el montaje, pero la tristeza nos acompañó hasta la última representación. El mes pasado el maestro Rojas falleció y lo recordaré siempre con mucha admiración y afecto.

Donna Anna en Don Giovanni en Breslau © Krzysztof Bielinski

¿Cuáles son su obras favoritas?
He cantado muchas melodías francesas, que me encantan, pero en el caso de óperas completas mi sueño es cantar Manon de Massenet. Ya he cantado los personajes de Marguerite y Juliette, ambos de Gounod, que también me encantan. Creo que son roles para soprano con facilidad para la coloratura y me siento cómoda en ellos. Además, son mujeres que se transforman y eso me atrae mucho: parten desde los sentimientos juveniles y la vida las conduce hacia la madurez no siempre por el camino más feliz. 

Para la salud vocal, estos papeles me parecen magníficos pues mantienen la voz flexible y sana. Otro rol que anhelo volver a cantar es Donna Anna de Don Giovanni. Tuve la suerte de interpretarlo en la Ópera de Breslavia (Polonia) y en cierto modo se parece vocalmente a las heroínas francesas que mencioné. Curiosamente, ‘Or sai chi l’onore’, la primera aria de Donna Anna, es más dramática que ‘Non mi dir’ en el acto postrero, lo que convierte al personaje en algo muy especial, muy difícil de cantar, pero maravilloso.

¿Alguna ópera de Verdi?
Me gustaría mucho cantar Violetta y Desdemona. Creo que mi voz puede afrontar estos papeles cómodamente, aunque para la heroína de Otello debo esperar. En Estrasburgo canté Violetta de La traviata en concierto. Fue en una versión reducida, de cuando estuve en el estudio de ópera y me fascinó ese personaje sentimentalmente tan profundo y musicalmente tan lleno de matices y exigencias canoras.

La protagonista en Chimène ou Le Cid de Antonio Sacchini en Arcal © Anne Sophie Soudopast

¿Cuáles son sus proyectos futuros?
La pandemia ha cambiado muchos mis planes y proyectos, pero a pesar de ello voy a regresar a Francia para cantar Chimène, lo cual me trae mucha alegría pues volveré a trabajar con el director musical Julien Chauvin y la directora de escena Sandrine Anglade. Luego regresaré a cantar el papel de Donna Anna, que es un deleite. Espero cantar más Mozart aquí en México. Creo que la gente joven debe acercarse a este repertorio. Creo que Mozart es un maestro de canto, y hay que cuidar la voz, tratar de que sea longeva y susceptible a diferentes estilos y colores.

¿Cómo se siente en este momento de su vida?
Me gustaría tener más contacto directo con la gente, no solo digital. Mi personalidad es tranquila y me gusta estar cerca de la gente, aunque actualmente no es tan posible. Extraño las reuniones con amistades donde comparto mi amor por la música. No ayuda estar encerrado y lejano en esta nueva realidad. Hay que encontrar los momentos para vivir menos de prisa y con más tranquilidad. 

Artísticamente, extraño más tiempo y dedicación al preparar un montaje. Por ejemplo, cuando hice Die Zauberflöte con Peter Brook, siempre hubo tiempo para revelar todo, sin prisas y con detalles valiosos. Tener tiempo para los ensayos fue maravilloso, aunque estoy consciente de que actualmente será difícil ese tiempo disponible. Extraño mucho el contacto con la gente y anhelo sinceramente el tiempo de antes.

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