Àngel Òdena: “El verismo es el teatro hecho música”

Àngel Òdena: “Verdi, además de formar parte de mi repertorio, ya forma parte de mí mismo”

Àngel Òdena es desde hace tiempo uno de los barítonos más destacados de España. Nativo de Tarragona en Cataluña, Àngel se ha presentado en los escenarios más importantes de España y Europa, particularmente en el Teatro Real de Madrid y el Liceu de Barcelona, así como en el Metropolitan de Nueva York, donde debutó como el Conde de Luna en Il trovatore. 

Muy vinculado al repertorio, de Verdi, del que ha cantado diversos papeles para su tesitura, de las óperas más representativas del compositor italiano, es a la vez un gran intérprete y difusor de la zarzuela. En esta entrevista, que amablemente concedió, nos habló sobre su carrera y los desafíos que ésta representa.

Àngel, ¿cómo fue que descubriste el canto y la lírica, y cuándo decidiste que harías del canto tu carrera?
El canto lo descubrí cantando en un coro siendo muy jovencito, y estudié en el conservatorio, ya que mi hermana y mi padre habían estudiado música. Ya estando en el conservatorio a los 15 años me decían: “¡que voz que tienes!”, cuando ya me había cambiado, y en mi ciudad, Tarragona, después me metí a un coro amateur de gente muy joven. Empecé poco a poco, y evidentemente lo hice porque me gustaba mucho, pero sin pensar que al final esa iba a ser mi vida. Así fue como descubrí el canto, pero de la lírica la verdad es que conocía muy poco: había escuchado alguna ópera, pero el hecho de tener un instrumento dentro del cuerpo te da muchísima más libertad y yo así me sentía muy feliz.

¿Podrías resumirnos de manera breve como fueron tus inicios en el mundo de la lírica, desde tu formación académica, algunos concursos en los que hayas participado, tus maestros, y quien ha tenido la influencia más positiva hasta tu debut profesional que, por cierto, dónde ocurrió?
Mis inicios en el mundo de la lírica fueron, como señalaba anteriormente, paso a paso. Estuve en el conservatorio de mi ciudad, luego me fui a Barcelona a estudiar con una maestra, la mezzosoprano Mercedes Obiol, y después con la soprano María Dolores Aldea. Primero estudié con ellas dos y, más tarde, ya para un nivel más exigente, estudié también en Barcelona con el tenor Eduardo Giménez, quien tenía una carrera operística muy importante y él fue quien me enseñó muchas cosas sobre cómo funcionaba este mundo. 

Considero a estos tres maestros muy importantes para mí. A estos tres profesores yo los pondría al mismo nivel, pero Eduardo Giménez, por su carrera operística, me dio muchos consejos, me dijo lo que funcionaba y lo que no… A la fecha, con todos ellos mantengo una relación de amistad profunda. 

También tomé clases con el primer barítono de la Ópera de Varsovia, que había venido a vivir a Barcelona, luego tomé cursos con Gérard Souzay, y luego en Italia con Katia Ricciarelli, y gracias a esto fue que hice mi primer debut internacional, con los alumnos su escuela que se llamaba Accademia Lirica Mantovana, donde además trabajé con la soprano Iris Adami Corradetti, maestra de Katia Ricciarelli. Allí también conocí a maestros como Mirando Ferraro, un gran tenor de la época; y al bajo bufo Paolo Montarsolo. 

En dos meses preparamos una ópera que hicimos en Bari. Anteriormente ya había cantado en la Ópera de Cataluña una ópera contemporánea, y en Barcelona una ópera de cámara pequeñita: Bastien und Bastienne de Mozart para niños con orquesta, y la farsa L’occasione fa il ladro de Rossini, que se hizo en Barcelona y en un festival en el norte de Cataluña. 

Pero yo considero que mi debut importante fue con la Accademia Lirica Mantovana en Bari. En aquel momento el Teatro Petruzzelli se había incendiado y estaba cerrado, y las funciones se hicieron en el Teatro Piccinni, donde canté el rol de Marcello en La bohème.

Belcore en L’elisir d’amore con Javier Camarena y Nicole Cabell. Liceu de Barcelona, 2012
De Guiche, con Sandra Radvanovsky, Cyrano de Bergerac de Alfano. Teatro Real de Madrid 2012

¿Cómo definirías tu voz y cuál es en la actualidad el repertorio que mejor se adapta a tu temperamento y cualidades interpretativas?
Me resulta difícil tener que definir mi voz, pero es una voz de barítono grande, con un timbre bonito, por lo que me dicen, aunque yo cuando me escucho en grabaciones la primera vez me gusta, la segunda ya no tanto, y en la tercera ya no me soporto [risas]. Pero sí poseo un bonito timbre de barítono, y con la edad la voz se ha engrandecido y se ha oscurecido, y quizás por mi temperamento, me gusta muchísimo el verismo, sobre todo las óperas de Verdi, aunque también te diré que he cantado óperas de Wagner y de Strauss, sin hablar alemán; y del francés que es más cercano a mi lengua he cantado también operas. 

Pero definitivamente el italiano y el verismo es lo que se adapta más a mi voz grande, con la que puede superar a una orquesta de las dimensiones que se requieren para estas operas. Me dicen también que soy buen actor. Eso no lo sé y lo tendrían que decir otros, pero es verdad que sobre el escenario canto mejor y, cuando tengo un buen director de escena, es cuando mejor me lo paso y doy todo de mí. Soy como una esponja que absorbo todo lo que me quieren decir y lo adapto a mi cuerpo y en mi vocalidad.

Se te asocia especialmente con el repertorio de Verdi, ya que has interpretado los personajes más importantes y representativos de sus óperas. Desde tu punto de vista ¿qué ha representado para ti Verdi y que particularidades has encontrado en el estilo que has sabido explotar para ser considerado como un destacado intérprete de su música?
Si no me falla la memoria, he cantado roles principales en 12 de sus óperas, y aun me quedan algunos otros papeles que quisiera cantar, si se dan las posibilidades. También depende de qué tipo de Verdi, porque ahora que recientemente canté Nabucco, te digo que no es lo mismo que cantar Falstaff: una cosa nada tiene que ver con la otra. 

Para mí, Verdi representa mucho, porque es la evolución del bel canto, y porque además con Verdi se dio también la gran explosión del barítono, ya que él escribió para una tesitura real de barítono, y yo creo que siempre he tenido las notas para poder hacerlo. Y luego está la italianità: esa musicalidad que tiene Verdi hace que yo me sienta muy representado por su música. De sus últimas óperas he cantado Iago en Otello, Ford y el protagonista en Falstaff. A eso hay que agregar Macbeth, Nabucco, Attila, Un ballo in maschera, Il trovatore, Don Carlo… Por mi tesitura y por mi vocalidad, siempre me ha ido bien con Verdi, porque son óperas donde los roles son largos y hay que tener buena técnica para aguantarlos y resistirlos. Yo creo que Verdi, además de formar parte de mi repertorio, ya forma parte de mí mismo hasta cierto punto.

Ford en Falstaff, con Ambrosio Maestri, Barcelona
Iago en Otello, Teatre Principal de Palma de Mallorca, 2014

¿Existe algún otro compositor que te interese o te guste cantar y hay aun algún personaje que te interese o tengas pendiente de interpretar?
Sí, como te he comentado, el verismo es el teatro hecho música o la música hecha teatro, porque es muy cinematográfico. Es una música muy directa. También, si me permites decirlo asi, es mediterránea, y luego es universal. A mí evidentemente me encanta y cantaría Puccini, porque lo amo, aunque él compuso más para los tenores y menos para los barítonos. Tosca es por ejemplo una maravilla, y La fanciulla del West, que es una ópera que no he cantado nunca pero que me gustaría. 

 

‘Te Deum’, aria con coro del Barón Scarpia en Tosca de Puccini. Teatro Campoamor de Oviedo, 2018. https://www.youtube.com/watch?v=rWy0j22ohiU

Luego, hay otro rol que me gusta mucho y que tampoco he cantado, que es el Gérard de Andrea Chénier, una ópera fantástica de Umberto Giordano. Pero el que más me gusta e interesa es Puccini, porque es un gran creador. Recientemente canté Nabucco en Oviedo y Cavalleria rusticana y Pagliacci en Helsinki, y me ha gustado mucho. Es un repertorio que se adapta muy bien a mi voz.

A pesar de tu extensa trayectoria y experiencia vocal y escénica ¿estás abierto a recibir consejos o a conciliar diferentes puntos de vista, cuando los tuyos son muy claros, de parte de directores de orquesta y de escena?
Sí, y además lo quiero, porque yo siempre he dicho que lo más bonito de este trabajo es ir a una producción y aprender cosas nuevas, y a mí me gusta tener directores de orquesta de los cuales pueda aprender y me gusta mucho que me dirijan. No me gusta ser el protagonista, me gusta que me dirijan, pues así puedo sacar lo mejor de mí. En cambio, si viene un director no tan bueno, uno se cierra, porque duele encontrarse con gente que no tiene talento ni ha estudiado o no viene preparado, y eso mismo me ocurre con la dirección de escena. Pero si es gente preparada, aunque tenga ideas nuevas, para mí es lo mismo, porque creo que todo se tiene que renovar y todos estamos en ese constante proceso de renovación. 

Así que, de verdad, estoy abierto a todo tipo de consejos, siempre y cuando no le hagan daño a mi voz o a mi personalidad. Uno debe primero probar las cosas para ver si son adecuadas o no, y reitero: estoy abierto a todo. Ahora, evidentemente, si veo que no hay trabajo y estudio por parte de los directores, entonces me retraigo mucho e incluso me enfado conmigo mismo porque no me gusta que la música se banalice, pero sí que estoy abierto a todo tipo de consejos.

‘Cortigianni, vil razza dannata’, aria de Rigoletto de Verdi. Teatro Liceu de Barcelona, 2017. https://www.youtube.com/watch?v=b24R3rM4Teo

Dedicas gran parte de tu tiempo a interpretar zarzuelas ¿Cómo nace tu interés por cantar y darle vigencia a este género?
Sí, es verdad que la zarzuela —sobre todo en generaciones como las de mis padres o abuelos— era una cosa que estaba muy arraigada en el pueblo, pero quizás la dictadura franquista le hizo más daño que bien. Hace poco decía un director de escena, Mario Gas, cuyo padre era Manuel Gas, que estaba con la compañía del maestro Pablo Sorozábal y viajaban mucho por Sudamérica, que “la zarzuela es muy republicana”. Pero sin entrar más en política, a mí las zarzuelas me encantan porque hay muchas que fueron compuestas para barítono, con grandes romanzas para mi voz, y yo con eso estoy encantado. 

Aunque es verdad que en el conservatorio donde estudié, todo era más escolástico: hacíamos más ópera, lieder, alemán, francés, canción española, catalana evidentemente, pero no tanto zarzuela. Luego, posteriormente, me di cuenta que la zarzuela era fantástica y de hecho es por eso que gran parte de mi tiempo lo dedico ella, como también a a la ópera española, de las cuales he cantado bastantes. Yo creo que tenemos la obligación de difundir este género porque, además de ser de compositores españoles la mayoría, es maravillosa por su música. 

A propósito ¿sabes que en el 2022 cantaré el papel de Riolobo en Florencia en el Amazonas de Daniel Catán en Tenerife?

Macbeth, con Maribel Ortega, Gran Teatro de Córdoba, 2014


Has hablado de que, como cantante, debes aprender a entender tu propia voz para hacer con ella lo que quieras, además de que en tu caso has trabajado mucho porque es grande y amplia. ¿Cómo ha sido ese proceso para ti y qué has descubierto que te haya ayudado a mejorar vocalmente?
Creo que el proceso de entender la propia voz es algo que nunca se detiene, sigue y sigue, además de que nosotros siempre estamos estudiando partituras, ya sea nuevas o antiguas, para entenderlas, encontrar la vocalidad exacta, la entonación, la proyección; y creo que al final lo bonito es llegar a conocer bien la voz de uno y cómo funciona técnicamente, para intentar esos pianos que uno quiere lograr, que antiguamente, en mi caso, era imposible hacer, y que ahora he logrado hacer y que llegan incluso hasta el fondo de la sala, y provocar que a la gente se le ponga la piel de gallina: eso es lo que me han dicho.

Ese ha sido un proceso grato, aunque teniendo una voz grande cuesta mucho más controlarla, y de hecho aún me sigue costando, ya que no es una cosa que para. Físicamente uno va cambiando, se hace mayor y la musculatura cambia, y es algo a lo que hay que irse también adaptando. Ese es un proceso continuo en el que nunca se llega a la meta…

¿Cuáles consideras que han sido los retos o las dificultades que has tenido que afrontar para llegar al punto donde estás y de haberte forjado un nombre como el tuyo en la lírica?
Retos hay muchos y se los pone uno cada día. Por ejemplo, hace poco tuve un concierto en un pueblo pequeño cerca de Tarragona donde canté canciones catalanas, zarzuela y ópera. Para mí, ese fue el reto de esa semana. Yo me fijo retos pequeños. Cuando era más joven tenía grandes retos de cantar por aquí y por allá, pero sobre todo debe estar la ilusión y, cuando eso se pierda, será el momento de dejar este trabajo. 

Eso es algo que tengo intacto, incluso más que cuando era joven. Los retos son muchos, y siempre hay muchas dificultades en el camino en este mundo tan competitivo. Aparte de que uno vocal y musicalmente se debe preparar siempre, y a veces las cosas no salen como a uno le gustaría, y uno se da cuenta que tampoco acaba de gustar. También he tenido dificultades vocales y todo lo he tenido que superar, porque no es lo mismo cantar Mozart que cantar Verdi o Puccini, o incluso Wagner, que como decía anteriormente ya he cantado. Luego, a nivel personal, están las dificultades familiares: tener esposa e hijos y verlos poco, viajar mucho… Esto también merma porque somos personas como cualquiera, no somos autómatas.

Paolo en Simon Boccanegra, con Plácido Domingo. Teatro Real de Madrid

España es una cantera inagotable de magníficas voces. Sin embargo, escucho frecuentemente a cantantes españoles tocar el tema de la dificultad de hacer una carrera en su país a pesar de la cantidad de teatros y producciones que se hacen anualmente. ¿A qué atribuyes este hecho?
Sí, en efecto, del tema de España todos en general nos hemos quejado, y yo creo que con razón, porque es un país donde habrá 15 teatros y festivales donde se hace ópera, pero que, en comparación con Francia, Italia o Alemania, es muy poco. Hace falta ver las carteleras de los teatros importantes, en las que en los primeros roles hay un 75 u 80% de gente que viene de fuera. No digo que no sean buenos, pero démosle la vuelta y, por ejemplo, te cuento que, en Italia, donde yo antes de la pandemia debuté el papel de Falstaff con el maestro Daniel Oren, de los dos repartos el único cantante no italiano era yo, y esto en España es imposible. No lo sé explicar: quizás permanece la impresión de que lo viene de fuera siempre es mejor, pero aquí, en España, hay gente con mucho talento, gente joven, y hay grandes voces, pero aquí nos cuesta mucho luchar y creo que deberíamos hacerlo más para que esto se revierta porque no puede ser así. 

Sin embargo, en la reciente producción que se hizo de Rigoletto en tu natal Tarragona, contó con artistas españoles que ofrecieron un alto nivel. ¿Qué nos puedes contar acerca de esa experiencia? ¿Existen planes a futuro de montar más títulos operísticos?
Sí, yo pude ayudar a la organización de ese Rigoletto en mi ciudad, y aunque no decidí, sí pude influir y les aconsejé que básicamente contrataran a gente del territorio. Había catalanes dispuestos a participar y, lógicamente, otros españoles, porque hay voces fantásticas y quedó claro que hicimos un Rigoletto estupendo, con muy buenas voces, y creo que vale la pena porque era gente que había cantado en grandes teatros. 

Sharpless en Madama Butterfly, con Roberto Aronica (Pinkerton), Teatro Real de Madrid

Mira que es difícil para un español poder salir al extranjero y cantar, porque si en el país te dan poca oportunidad, imagínate fuera. Pero fue una gran experiencia y además tuvimos a Oliver Díaz, un maestro español de gran calidad y gran persona, que debería estar dirigiendo en los mejores teatros y salas de concierto del mundo, y no exagero. En cuanto a posibilidades, sí que existen, pero, ¿sabes?, también depende de la política y otras cosas, y en este momento es cuando debemos tomar ya una decisión. En Tarragona tenemos un espacio magnífico, con buena acústica, y antes no se hacía nada. Es penoso, así que vamos a luchar para que se sigan haciendo cosas allí.

Tu carrera te ha llevado a presentarte en los teatros más importantes del circuito operístico internacional. ¿Cuáles consideras que son los momentos más sobresalientes, importantes o que te llenen de orgullo que hayas vivido en algunos de esos escenarios?
Evidentemente, haber cantado en el Metropolitan de Nueva York, ¡fue una experiencia brutal! El haber vivido durante un tiempo en esa ciudad; también el haber cantado en el Teatro Real de Madrid, y en el Liceu de Barcelona, yo que soy catalán. He cantado mucho en ambos teatros y representan mucho para mí.

‘Di Provenza’, aria de Giorgio Germont en La traviata de Verdi.  https://www.youtube.com/watch?v=6i0I5ILW5MQ