Joshua Guerrero: “Tengo que cantar con el corazón”

Joshua Guerrero: “Muchos años estuve tratando de cantar como tenor lírico, pero en realidad yo era un baby spinto” © Ricardo Quiñones

La historia del inicio en la ópera del tenor méxico-norteamericano Joshua Guerrero es una de las más interesantes y emotivas que hemos conocido. Nacido en Las Vegas, Nevada, de padres mexicanos, quiso primero ser pastor de la iglesia y fue a estudiar a un seminario donde, un día, escuchó al coro cantar y le dieron ganas de formar parte de él. Nunca había tomado clases de canto pero habló con la maestra del coro, quien le dio un lugar como tenor en la agrupación. 

Le gustó tanto la experiencia de hacer música que, después de cuatro años en el seminario, habló con sus padres y les comunicó que lo dejaría para dedicarse a la música, y en 2007 empezó a trabajar de gondolero en el hotel Venetian de Las Vegas, donde pudo explotar su vena artística al cantarle a los turistas. Un compañero de trabajo le dijo que tenía muy buena voz y le recomendó una maestra de canto.

Enviado por el hotel, Guerrero viaja a Macao, China para capacitar gondoleros en su sucursal de allá. Se quedó tres años allí y luego viajó a Los Ángeles. Cantaba en diferentes eventos para ganar dinero y, cuando estaba a punto de dejar la música, participó en un concurso de canto, el cual ganó. Ahí lo descubrió la maestra de canto Mona Lands de UCLA y, después de varios intentos, lo convenció para que se dedicara a la ópera. 

A los 28 años, luego de terminar su maestría en canto y sin estar seguro de querer ser cantante de ópera, un maestro le preguntó si había ya cantado para Plácido Domingo. Le recomendó enrolarse en el Domingo-Colburn-Stein Young Artist Program de la Ópera de Los Ángeles, y Guerrero hizo audición para el tenor español. Fue aceptado de inmediato en el programa.

Dos años después, Domingo le propuso participar en su concurso Operalia del cual, en 2014, Guerrero ganó el segundo lugar y el Premio CulturArte. Recibió clases del barítono ruso Vladimir Chernov y formó parte del Santa Fe Opera’s Apprentice Artist program. Ganó un Grammy en 2017 por su participación como el Conte Almaviva en las funciones y la grabación de la ópera The Ghosts of Versailles de John Corigliano, dirigida por James Conlon. Desde 2014 y hasta la fecha, ha cantado en los festivales de Glyndebourne, Salzburgo, Rávena, así como con las compañías de ópera de Inglaterra, de Fráncfort, la Ópera Cómica de Berlín, Zúrich, la Maestranza, Burdeos, la Canadian Opera Company y, en Estados Unidos, las Óperas de Washington, Los Ángeles, Florida, Santa Fe, San Diego y Houston.

Poseedor de un timbre cálido, un canto apasionado y una gallarda presencia escénica, Guerrero ha cantado Don Ottavio (Don Giovanni), Edgardo (Lucia di Lammermoor), Nemorino (L’elisir d’amore), el Duque (Rigoletto), Alfredo (La traviata), Gabriele Adorno (Simon Boccanegra), Macduff (Macbeth), Rodolfo (La bohème), Pinkerton (Madama Butterfly), Des Grieux (Manon Lescaut), Don José (Carmen), Greenhorn (Moby Dick), Conte Almaviva (The Ghosts of Versailles) y Roméo (Roméo et Juliette). 

Platicamos con Joshua Guerrero en exclusiva para Pro Ópera, en vísperas de su participación en la nueva propuesta escénica de la Ópera de San Diego de La bohème de Puccini, que se estrenará el 24 de octubre, donde el tenor méxico-americano interpretará a Rodolfo al lado de la Mimì de la soprano Angel Blue. Las presentaciones se llevarán a cabo en un autocinema, con las medidas sanitarias necesarias para traer de vuelta la ópera al público con esta idea innovadora.

Edgardo, con Anna Christy en Lucia di Lammermoor © Chris Kakol

Una de las características de tu voz que atraen al público y a la crítica es el tono cálido y la manera de interpretar tan apasionada, propia de los cantantes “latinos”. ¿Crees que ese fue un factor que determinó que te tomaran de inmediato en la Ópera de Los Ángeles y que esto ayudó para que en 2014 ganaras el segundo lugar en Operalia?
¡Por supuesto! Mis ídolos son y siempre han sido los cantantes latinos: el maestro Domingo, Rolando Villazón, José Cura, etcétera. Cantan con tanta pasión… y dan todo en el escenario. Fueron un gran ejemplo para mí y me enseñaron que, cuando canto, tengo que empezar con la emoción. Hay veces en que, claro, estás pensando totalmente en la técnica, y luego tienes que imaginar que eres el personaje.

Hay pasajes donde tienes que saber balancear la pasión y la voz (cantar con tanto sentimiento es algo muy latino)… Me viene a la mente Ailyn Pérez, por ejemplo, una gran soprano méxico-norteamericana, y tantos otros latinos que he oído en Europa cantando. Siento que, como ellos, tengo que cantar con el corazón.

De Operalia recuerdo que fue en mayo de 2014, durante una clase con el maestro Domingo, que él me dijo que tenía que entrar al concurso. Yo no creía estar listo para entrar a un concurso de ese nivel pero él me dijo que ya estaba listo para competir; que había llegado mi momento. Hice entonces mi audición, quedé, y nunca me imaginé que iba a ganar el segundo lugar. 

Creía que yo era el de más bajo nivel porque había ya cantantes más formados como Mario Chang, y otros intérpretes de todas partes del mundo. Yo apenas tenía dos años en el programa de jóvenes artistas y ellos ya tenían años y años de estudio y de experiencia. Llegué a pensar: ¿qué hace un exgondolero y un extrabajador social compitiendo con todos ellos? 

Pero creo que eso también me ayudó porque fue algo divertido, no sentía mucha presión. Lo tomé con calma; me sorprendía mucho cada vez que escuchaba mi nombre cuando leían la lista de los que pasaban a las siguientes rondas, y cuando gané estaba totalmente sorprendido; pensé que me iban a dar un premio chiquito, nunca pensé llegar a ese nivel. Gracias a Dios quedé, canté y eso me lanzó; mi carrera comenzó ahí y llegó a mí uno de los mejores agentes del mundo de la ópera. Me empezaron a contratar en varias casas de ópera y todo cambió en un instante.

Des Grieux en Manon Lescaut, con Asmik Grigorian (Manon) en Fráncfort © Barbara Aumüller

¿Crees que ese premio te ayudó a decir «sí, estoy en el camino correcto»?
Sí, totalmente. Me ayudó bastante. Me dio confianza y empecé la carrera de lleno. Por otro lado, también tuve ciertas dudas; habiendo ganado el segundo lugar en Operalia con solo dos años de estar en el programa de jóvenes talentos, eso también me hizo tener lo que llaman el “síndrome del impostor”. A veces llegué a pensar que no me lo merecía, ese tipo de pensamientos… Lo que me hizo querer dedicarme aún más a estudiar y a perfeccionar mi técnica. Fue una época difícil en la que me preocupaba mucho por cosas que no importaban, y no estaba daba mi corazón en escena. Me angustiaban cosas como mi técnica, cómo se comportaba un director, mi relación con mis compañeros. Llega un momento en que te empiezas a predisponer, te confundes y te pierdes en esas inseguridades. 

Luego, en 2016 o 2017, una amiga mía me dijo que mi voz le sonaba algo diferente, que ya no me escuchaba con esa confianza de antes, ese vigor, esa pasión. Me preguntó que qué me pasaba. Tuvimos una larga charla y poco a poco empecé a entrenar mi mente. Comencé a leer libros y a tomar “life coaching”.

A muchos se nos olvida que 80% de lo que hacemos en el canto está en la mente y, si no trabajamos nuestra mente como trabajamos nuestra voz, nos podemos perder. Es lo que nos pasa a muchos cantantes. Este negocio es muy difícil porque tienes que viajar mucho, manejar varios idiomas, aprender roles nuevos. Si no te cuidas en todos los aspectos, te puedes perder.

¿Qué puedes contarnos de tus primeras experiencias como cantante?
En el Young Artist Program no tuve muchos roles; creo que solo fueron dos los que canté en escena. El primero, con el que debuté oficialmente, fue Normanno en Lucia di Lammermoor en Los Ángeles Opera. Había otros tenores que cubrían Edgardo y que tenían más experiencia, y me dieron el Normanno a mí. Yo tenía ya 31 años y, además, ya no tenía una buena relación con mi maestro de canto. 

Alfredo en La traviata, con Jacqueline Echols (Violetta) en Washington © Cade Martin

Miah Im, que ahora es encargada de la Rice University en Houston, me ayudó con el rol. Ella estaba ahí para otra producción pero platicó conmigo y me dijo que tenía una voz especial pero que notaba que yo estaba sufriendo mucho. Le conté mis dudas sobre si ser o no cantante de ópera y me invitó a que nos fuéramos a un salón de ensayos a que le cantara. Estuve trabajando con ella como 20 horas durante un mes, puliendo la voz, cantando arias de bel canto: un repertorio que me ayuda a relajar la voz, lo cual me ayudó mucho porque después me fui al programa de Aspen, donde canté Don José en Carmen que, en aquel entonces, me quedaba un poco grande. Me salió bien y luego trabajé con el maestro Steven King. Fueron esos tres meses que pasé con ellos los mejores de mi experiencia en los programas para jóvenes cantantes. 

Otra gran experiencia que tuve durante mis años en la Ópera de Los Ángeles fue cuando me llamaron de emergencia para cantar el papel del Conde Almaviva en la ópera The Ghosts of Versailles de John Corigliano. Técnicamente era yo parte del programa de los jóvenes artistas, pero ya había ganado Operalia, ya tenía agente y contratos. El director de los elencos de la casa de ópera me llamó para decirme que él y el maestro James Conlon creían que yo podía cantar el rol del Conde, supliendo a un tenor que había cancelado. Yo le dije que, como era una partitura moderna y que no conocía, necesitaba tiempo para prepararla. Él me dijo que los ensayos comenzaban en 10 días. 

Mi novia en ese entonces me animó a aceptar y me dijo que era una gran oportunidad. Me mandaron con un coach que me ayudó a ponerlo en un tiempo récord. Fue una semana muy difícil, pero afortunadamente los textos eran en inglés y, gracias a Dios, lo logré. Me sorprendió mucho cuando me dijeron que la grabación que hicimos de esta ópera había sido nominada al Grammy. Después llegó la noticia de que habíamos ganado y me puse feliz. Fue una gran lección para mí.

Los roles que me han marcado durante mi carrera son dos: Nemorino en L’elisir d’amore —que hice en Sevilla— y Des Grieux en Manon Lescaut, que acabo de cantar en la Ópera de Fráncfort al lado de la soprano lituana Asmik Grigorian. Fue mi primer rol spinto y cuando lo canté sentí que había llegado al lugar indicado. Mis años de evolución fueron pues de 2014 a 2019, que fue cuando hice Des Grieux, y creo que fue en esas funciones cuando por primera vez me sentí como un verdadero artista. Ese papel lo había yo esperado por años. Sabía ya en 2015 que lo iba a hacer en un futuro en Fráncfort, en noviembre de 2019. Muchos años estuve tratando de cantar como tenor lírico, pero en realidad yo era un baby spinto. [Ríe.] Por eso mi voz no se sentía tan a gusto con ciertos roles: estaba cambiando.

Recuerdo que la producción de esa Manon Lescaut fue increíble. Además, tuve a mi lado a esa gran artista que es Asmik Grigorian: es una cantante muy especial. Nunca me voy a olvidar de esas funciones. Me hice muy amigo del director de orquesta, Lorenzo Viotti, y de Asmik. Sentí como que por fin había llegado a casa. Todo el sufrimiento, las dudas del pasado, el “síndrome del impostor”, las limitaciones que me puse a mí mismo, el trabajo espiritual que hice, mis momentos buenos y malos; todo eso me llevó a ese momento de la Manon Lescaut en Fráncfort. Me encontraba con uno de los talentos más impresionantes de Europa, Asmik Grigorian, con uno de los grandes directores jóvenes del mundo, Lorenzo Viotti, y yo estaba a su nivel. 

Sé que suena tonto, pero, para alguien que quiere seguir siendo vulnerable y ser completamente transparente con su proceso, debo decir que se me dio todo en un instante pero tuve que luchar con muchísimas cosas para llegar ahí. Tuve también que aprender a controlar mi peso, aprendí todo ya en escena, no tenía el bagaje y la experiencia de aquellos que ya llevaban años estudiando. Creo que, si escuchas los videos que hay de esas funciones en Fráncfort, puedes notar que ese fue el momento en que dejé ir todo eso que venía yo cargando. Escuchas cómo encarno la voz que tengo, sin fingir una tesitura que no era mía: se oye mi timbre tal como realmente es. 

Pinkerton con Elena Busuioc (Cio-Cio San) en Madama Butterfly en Glyndebourne

Tuve que trabajar mucho para llegar a ello y aprender a sentir nuevas sensaciones de cantar con esta voz no tan ligera. Tengo un registro amplio, llego a un Mi sobreagudo con voz plena, pero ese no es el lugar donde debo estar, operísticamente hablando. Cuando me di cuenta de que los roles que debo cantar son papeles más de spinto, todo cambió y se acomodó donde debía. Gracias a ello tuve uno de los éxitos más hermosos de mi vida y ahora tengo bastantes compromisos programados en Europa.

Creo que es muy importante que, como cantante que está creciendo en su carrera o como cantante ya con una carrera exitosa, mantengas tu vulnerabilidad. Eso tiene Ailyn Pérez, que es una artista muy transparente. En el mundo de la ópera debemos olvidarnos de que todo debe ser perfecto, sobre todo los cantantes que están empezando a labrarse un futuro. Imponer jerarquías tampoco es bueno. Tenemos también a las que son las superestrellas de la ópera, pero muchas de ellas también muestran su lado vulnerable. Hay algunos, no muchos, que tratan de ponerse una máscara y fingen ser lo que no son. Así no funciona el mundo y la gente puede notarlo. Cuando estás arriba del escenario debes tener eres un servidor del arte. Uno conoce a los artistas como personas dependiendo de lo que te transmiten en escena. Dar una función es como dar un sermón en la iglesia: es una ceremonia; la gente está ahí para oírte y tú debes darle todo. Te dan toda su energía en el aplauso y hay reciprocidad entre el público y el cantante.

Plácido Domingo es increíble en escena, pero los mejores momentos que tuve con él ocurrieron fuera de escena, tras bambalinas. En 2015, él cantó Giorgio Germont en la Ópera de Los Ángeles; yo me encontraba atrás del escenario y lo veía paseándose nerviosamente antes de su entrada. Fui a preguntarle qué le pasaba y él me dijo que estaba muy nervioso porque el rol de Germont era muy difícil. En ese momento pensé: ¡pero si usted es Plácido Domingo! Me dio mucha ternura ver su vulnerabilidad y su honestidad conmigo. Vi que ese ídolo que tenía yo en mi mente sigue siendo tan humano como todos los demás.

Por cierto, hablando de Domingo como Germont, tú cantaste con él en Pécs, Hungría, La traviata, con Marina Rebeka como Violetta. ¿Cómo fue esa experiencia?
Esa fue una suplencia y mi debut como Alfredo. Me aprendí el rol en dos semanas porque me llamaron de emergencia: el tenor había cancelado. La primera vez que cantamos completa la ópera fue ya cuando estábamos en escena. Por varias razones no pudimos nunca cantar toda la ópera en los ensayos. Fue una experiencia que nunca olvidaré. Tener al maestro Domingo como mi papá en la ópera fue también “estresante” y emocionante a la vez. Y bueno, Marina Rebeka es una gran artista y una voz… ¡wow!

Rodolfo y Julie Adams (Mimí) en La bohème en Des Moines © Scott Arens

Volviendo a tus roles, has cantando ya uno de los papeles más difíciles del repertorio pucciniano, Des Grieux en Manon Lescaut, y también has interpretado Rodolfo en La bohème y Pinkerton en Madama Butterfly. ¿Seguirás explorando los demás roles de Puccini? ¿Qué nos puedes decir de tu próxima participación con la Ópera de San Diego, cantando Rodolfo en La bohème en un autocinema?
De Puccini, quiero cantar algún día el rol de Dick Johnson en La fanciulla del West. Rodolfo ha sido un rol sagrado para mí. Fue el primer papel al que “le eché el ojo” cuando empezaba a estudiar ópera. La maestra Mona me puso a Pavarotti cantando ‘Che gelida manina’ y me dejó estupefacto. 

Amo la música que le asigna Puccini a Rodolfo y creo que es música que se asocia mucho a la juventud, a la pasión. Es música que me llega muy dentro. Me gusta mucho la poesía que hay dentro del personaje; amo el romance dentro de la historia, y como latino, como mexicano, creo que siento muy natural toda la pasión que desborda Puccini en su música. Rodolfo es un papel que siempre estoy cantando, que sé que cada vez que lo haga puedo hacerlo mejor y mejor. Oigo varias voces en mi cabeza cuando lo interpreto: a veces es Pavarotti, o Gigli, o Bergonzi, o Domingo… Creo que estará siempre en mi repertorio.

La experiencia que viene va a estar muy interesante; va a ser un reto. Vivimos tiempos difíciles y habrá restricciones de distancia entre los artistas en el escenario. El concepto que se va a manejar es que todo va a suceder a través de los recuerdos de Rodolfo; va a estar él en su estudio y va a estar recordando los momentos que vivió con Mimì y con sus amigos. Va a ser un reto actoral porque lo van a grabar en video y también lo van a transmitir por radio. 

Estoy muy entusiasmado con este proyecto. Me alegra mucho que la Ópera de San Diego haya decidido hacer estas funciones. Me encanta que busquen la innovación y que den a la comunidad la oportunidad de tener la esperanza de escuchar ópera en vivo. Le dan a la gente eso que tanto añora en estos tiempos: reunir a los seres humanos. Con eventos así dan esperanza a las personas. Muero de ganas de hacer ya las funciones y sé que será una experiencia fantástica; técnicamente va a ser complicado, porque tendremos monitores y micrófonos, pero será un reto que estoy dispuesto a afrontar. Mi Mimì será Angel Blue quien, como su nombre lo dice, es un ángel y tiene un corazón enorme.

Cuéntanos un poco de tu Pinkerton en el Festival de Glyndebourne.
Ese fue mi debut en el Festival y… ¡uff! Fue una experiencia maravillosa. La visión del director de escena fue interesante, distinta. Era una nueva producción. Yo me dediqué a hacer ejercicio para estar en forma y verme bien de Pinkerton. Quise que el personaje fuese creíble. Mejoré mi postura para verme más militar, más firme. Me gustó mucho la visión de nuestro director de escena porque se adecuaba a lo que yo pensaba de Pinkerton. 

Butterfly es una ópera muy complicada, especialmente hoy en día, con el asunto de que hay gente que siente que ciertos grupos raciales deben hacer ciertos papeles. Todo eso es muy válido y debemos tomarlo en cuenta. Quería interpretarlo distinto a como siempre lo actúan; no lo quería hacer como un villano que rompe corazones y no le importa nada. Yo creo que la música lo describe de una manera muy diferente a como se acostumbra interpretarlo. Creer que Butterfly fue la única víctima de la historia es erróneo y hace que la historia de ellos sea muy bidimensional. Pienso que es más que eso: hay víctimas de las acciones de ellos por todos lados: Suzuki, Kate… Hay que interpretar a Pinkerton como un joven marinero, que quizá viene de una familia de alta sociedad, y creo yo que le encanta enamorarse. Le fascina la noción de estar enamorado, y pienso que antes de Cio-Cio San ya se había enamorado alguna vez. 

Alfredo con Venera Gimadieva (Violetta) en La traviata en Washington © Scott-Suchman

Creo que lo que tuvo con Butterfly fue algo verdadero, pero estaba viviendo el momento. Me gustó que el director de escena quiso resaltar el hecho de que Pinkerton se da cuenta de que se va a casar con esta chica que está muy enamorada de él y ve que hay mucho en juego. Me divertí mucho interpretándolo así, y eso le dio una nueva dimensión a la trama. 

Creo que el hecho de que Pinkerton regrese para hablar con Butterfly para llevarse al niño lo hace ver como alguien empático. Hubiese sido más fácil para él nunca regresar y dejarlo todo como estaba. No lo justifico, pero sí muestra algo de él. Sí, fue un cobarde, pero tan siquiera tuvo la valentía de decirle a su esposa lo que había hecho en el pasado.

Al final, hicimos un buen trabajo y mi Butterfly, Olga Busuioc, hizo una fabulosa Cio-Cio San. Aquí puede verse también cómo ha ido evolucionando mi voz y cómo pude pasar de Pinkerton a Des Grieux. Me ayudó a pasar de ser tenor lírico a tenor spinto.

Como cantante hay que ir descubriendo los colores de tu voz: debes zambullirte en todos los espectros de tu instrumento. 

Ahora que estás cambiando a roles de tenor spinto, ¿qué papeles tienes en la mira?
Creo que debo ir poco a poco, lentamente. Eso le digo a mi agente: no quiero hacer Otello en dos años. Después de que muchos directores de teatros supieron que hice Des Grieux, me propusieron Radamès. Obvio, dije que no. Claro que quiero ampliar mi repertorio, pero tengo que hacerlo con calma. Quiero explorar muchos de los papeles de Verdi, de su periodo medio, y añadir papeles de ópera francesa. Quiero explorar Hoffmann, que para mí nadie lo hace como lo hacía Neil Shicoff. Quiero cantar Werther y Fausto algún día. Haré en un futuro en París el Des Grieux en Manon, pero la de Massenet. 

En tres o cuatro años podría hacer Calaf en Viena, y Turiddu. Quiero hacer Riccardo en Un ballo in maschera, seguir conservando un tiempo Alfredo de La traviata, tal vez incluir roles de Donizetti más pesados. Sé que en mi futuro habrá un Pollione en Norma, Dick Johnson en Fanciulla, Luigi en Il tabarro… pero sí voy a tomarme mi tiempo para cantarlos. No será demasiado pronto. 

Plácido Domingo, Marina Rebeka y Joshua Guerrero en Pécs, Hungría, después de La traviata

Creo que el rol que viene más pronto en mi nuevo repertorio y que me da mucha emoción es Mario Cavaradossi en Tosca. Para cantarlo hay que hacerlo con el corazón. Me da gusto también que, ahora que me siento muy a gusto con como ha evolucionado mi voz, he podido regresar a cantar mis roles del pasado y los siento mucho más fáciles.

Como cantante latino, ¿tienes planes de hacer zarzuela en algún lugar?
Me encantaría hacer zarzuela. El maestro Domingo era quien más abogaba por representarla en el mundo y pues, dada su situación actual, veo difícil que las pueda volver a montar acá en Los Ángeles. 

El problema en España es que ya tienen a sus artistas exclusivos para hacer zarzuela y no llaman a gente externa para cantarlas. Hay un par de agentes que se encargan de hacer los elencos de esas puestas y, si no estás en su agencia, no te llaman. Me encantaría cantar Luisa Fernanda o cualquier otro título, porque es música que es muy afín a nosotros como latinos. Mi abuela era de Málaga. Le he pedido a mis agentes que hagan la lucha porque me den algún rol en una zarzuela pero no ha habido respuesta. Podría también hacer un disco con romanzas de zarzuela. Ojalá un día pueda cantar zarzuela en México. Me encantaría cantar en Bellas Artes, dar conciertos por toda la república, ir a Guadalajara…

Esperamos que en un futuro, no muy lejano, puedas venir a México a cantar ópera o zarzuela.
Me encantaría ir a cantar a México… ¡y comer muchos tacos!