Katia Ricciarelli: “Nunca he estado convencida de ser una cantante verdiana”

«Lo que me interesa es el presente, dónde poder construir. Estar tranquila hoy es lo que me da felicidad, porque así es como quiero vivir mi presente. El futuro llegará solo, no hago planes.»

En esta nueva charla de I grandi dell’opera, una colaboración entre BAM International, representado por Bernardo Gaitán, y la revista internacional L’Opera, representada por Sabino Lenoci y Giancarlo Landini, tenemos a la diva indiscutible del teatro lírico italiano e internacional Katia Ricciarelli. Por su interés para nuestros lectores y en acuerdo con sus autores, esta entrevista se reproduce en Pro Ópera.

Maestra Ricciarelli, usted, además de ser una gran cantante lírica, se ha dado a conocer en otras ramas artísticas, por ejemplo en el cine, donde ha interpretado roles y ganado premios. Prácticamente la conocen en toda Italia, incluso con el cubrebocas…
Sí, es increíble: cuando voy por la calle con cubrebocas, lentes y guantes, la gente me detiene y me dice: “Katia, ¿cómo estás?” Y yo les respondo: “¿Pero cómo hacen para reconocerme?”. Es hermoso, me demuestra el calor del público. Yo amo al público. Les pregunto a mis colegas: “¿Cómo se hace teatro sin público?”, como se está haciendo actualmente.

Se dice que usted tiene “una voz de ángel”, cuando escuchamos sus interpretaciones que son de antología…
¡Pero cada vez se hace menos! Esa curiosidad de escuchar a los grandes que deben de tener los jóvenes se está perdiendo. Por ejemplo, hoy cuando quieren alguna referencia del aria de Il corsaro, no escuchan mi versión, ya no les importa…

No solo con Il corsaro, pues su relación con Verdi es muy estrecha. Encontramos en su carrera un mítico Otello, Un ballo in maschera o Il trovatore
Yo nunca he estado convencida de ser una cantante verdiana. Según yo, se equivocan al decirlo. Para ser “verdiano” se necesita tener un cierto color, acentos e intenciones, porque la voz puede ser más o menos grande, pero se puede cantar de todo. 

El secreto está en no cargar la voz. Tantas veces somos tentados a empujar porque sentimos las ganas de hacer ver que tenemos una súper voz, pero yo siempre me contuve. Sobre todo al inicio, cuando cantaba obras del Verdi joven: I due Foscari, Il corsaro o Giovanna d’Arco. Con el paso del tiempo terminé cantando Simon Boccanegra y Aida, pero yo siempre preferí el Verdi temprano.

Desde joven ganó varios concursos, como el de “Voces Verdianas”. ¿Cuándo y cómo se dio cuenta de que tenía una voz destinada para cantar?
Yo comencé a cantar a los ocho años, cuando iba a la iglesia. El párroco se daba cuenta de esa niña con una vocecita pero con intenciones líricas. Ahí me asusté un poco, debo confesar, porque me sentía como si tuviera una enfermedad. Tenía miedo de cantar, por como reaccionaban todos. Tuve otra gran fortuna: que no se me notó el cambio de voz, y empecé a cantar en las cárceles para poder ganar 4 liras y dárselas a mi familia, o sea que desde pequeña trabajé, era una niña prodigio y por fortuna no me pasó nada.

Sabemos que a usted no le gusta escuchar sus propias grabaciones…
No, nunca escuché nada de mis grabaciones hasta después de haber cumplido 40 años de carrera. Solo entonces empecé a descubrir mis grabaciones, porque necesitaban que escogiera material que sirviera para los eventos, y pensaba: “¡Oh Dios, era verdaderamente buena!”

¿Qué nos dice de su relación con Lucia Valentini-Terrani? Juntas hicieron cosas increíbles. Recordamos La donna del lago del Rossini Opera Festival que nos dejó sin aliento a todos…
Eramos una súper pareja, con un enorme respeto mútuo; ninguna quería sobrepasar a la otra. Ella me escuchaba a mí y yo la escuchaba a ella. Recuerdo el Tancredi y la Semiramide en Turín. Recuerdo que la escuchaba y me ponía a llorar. Sin duda éramos una pareja extraordinaria. 

José Carreras (Manrico) y Katia Ricciarelli (Leonora) en Il trovatore de Verdi

¿Y con José Carreras?
También tuve un encuentro artístico maravilloso con él, más alla del personal. Teníamos dos voces con un color que se complementaba, aunque él hizo algunas óperas que no debía hacer, pero nuestras voces eran geniales juntas. Voces como la suya, pocas en el mundo.

¿Quiénes son los directores que han marcado su carrera?
¡Yo le debo tanto a Claudio Abbado, porque juntos hicimos tantas cosas! Aparte, él tenía un gran don: el don de la astucia, era inteligente y muy astuto porque escogía siempre a los mejores cantantes, al igual que Karajan, que buscaba solo a los mejores cantantes del momento. Iba siempre por la vía segura y por eso era un gran director. Grabamos muchísimos discos en conjunto. 

Karajan fue mítico. Cuando pidió a la Ricciarelli para Turandot yo estaba súper jovencita y empecé a gritar en el ensayo. Se enojó muchísimo y me dijo que para una voz así llamaba a alguien más. Yo me puse a llorar como loca porque el director del coro, que antes de que llegara Karajan me vocalizó en el camerino, fue el que me hizo gritar. Estaba yo toda melancólica, pero pensé: “Si no la hago yo, la hará otra soprano”, así que me puse las pilas e hice lo que me pidió Karajan y nació una relación laboral amena. Recuerdo que Ghiaurov decía: “¡Yo con Karajan hubiera hecho hasta la Micaëla!” [Ríe.]

Y usted recibió uno de los cumplidos más bellos de su parte. Le dijo: “Esperé 40 años para escuchar un legato como el de la Ricciarelli”.
Sí, fue en un ‘Vissi d’arte’. Cuando lo dijo cerró el piano donde estaba toda la Deutsche Grammophon de pie; se me acercó y me dijo eso: “Esperé 40 años para este legato”.

Nos atrevemos a entrar un poco en el ámbito personal, pues estamos hablando de la Ricciarelli artista, pero ¿la Ricciarelli mujer, cómo es?
Yo soy una mujer con mucho carácter, que ama el trabajo, pues empecé a trabajar a los 13 años. Por ende, tengo una mentalidad de mánager y de jefe de familia, porque he sido siempre yo quien ha sacado adelante a mi familia, y a mi mamá sobre todo, cuando empecé a ganar dinero. Soy una mujer fuerte en este sentido. Soy una mujer que cuando dice una cosa, la hace; pero cuando se equivoca, porque lo hago, muy humildemente ofrece disculpas. 

Por otro lado, he amado y he sido amada, siento decirlo; pero con José [Carreras] terminé porque primero estaba mi trabajo, aunado a que ambos éramos muy jóvenes; luego nos volvimos a juntar, pero en ese entonces era más importante la parte laboral, ya que no quería traicionar las expectativas que tenían sobre mí. Por otro lado, quiero decir que estoy siempre a favor de las mujeres, pero también estoy a favor de los hombres cuando una mujer se equivoca.

Según usted ¿qué necesita la ópera para que vuelva a ser un género que interese a los jóvenes y a las personas no súper-apasionadas o fanáticos?
Sobre todo, llevar a los jóvenes a ver el melodrama y hacerles entender de que se trata del bendito espectáculo, porque tiene todo: ballet, música, canto… Pero, si no los acompañamos, se perderá toda la generación, porque si los llevas a los 10 años seguirán yendo a los 15; pero, si no los acostumbras, empiezan a tener novia u otras cosas que hacer. De hecho, actualmente tenemos un hoyo generacional increíble debido a esto. 

Otra cosa es que no hay que ver siempre versiones tan tradicionales, porque hay producciones tan tradicionales que casi molestan, ya que el melodrama es incoherencia pura. Si nosotros lo cargamos más, la gente se ríe. Hay que encontrar un término medio. Te lo pongo del otro lado: yo como cantante no puedo cantar con estilo mozartiano en una producción tipo Cavalleria. Sin dudarlo, eso te lleva a exagerar incluso vocalmente. No tenemos que ir en contra de la tradición, porque es bella y nos la envidian todos, porque es cien por ciento made in Italy; pero hay que respetarla: no podemos aceptar estas nuevas incoherencias que se dan hoy en día.

Violetta en La traviata en la Arena de Verona, 1979

El superintendente de un teatro dijo hace poco que si detenemos la programación siete u ocho meses se corre el riesgo de que el público no regrese más y perderlo para siempre…
¡No! El público es feliz yendo al teatro, y en Italia están siempre llenos. Entiendo la necesidad del gobierno o de quien da el dinero de cerrar los teatros, pero el público, cuando sea el momento, regresará entusiasta.

Regresando el tema de los jóvenes…
Nosotros los cantantes somos privilegiados porque nos pagan por cantar, los jóvenes de hoy serán “los divos” de mañana. iDejemos de no dar espacio a los jóvenes y llamar siempre a los mismos ‘divos’! Siempre lo digo a voz plena: debemos apoyar a los jóvenes, porque son ellos quienes tienen la necesidad de trabajar, de abrirse camino; nosotros más o menos nos las arreglamos, pero ellos deben ser nuestro futuro. 

Es increíble que un teatro se tarde meses en pagarte un show que hiciste hace tanto tiempo; y peor aún ¡que no te paguen los ensayos! Y lo más increíble es que están más preparados los jóvenes de hoy que nosotros: ellos lo dan todo.

Usted, cuando comenzaba su carrera, fue la última Desdemona de Mario del Monaco y después, consolidándose, ha tenido que trabajar con nuevos cantantes. ¿Cuál es la diferencia entre los jóvenes de ese entonces y los de hoy?
Creo que la atención debe estar no en los cantantes, sino más bien en la música. Pero no ha cambiado mucho. Cuando canté con Mario fue un triunfo, fue en Bruselas y fue mi debut, era súper joven; y también fui la primera de Plácido Domingo. Debemos escuchar al cantante que transmite algo, por ejemplo la Caballé. Siendo sinceros, el físico de Monserrat no era… ¿me explico?; pero todo el secreto estaba en la voz, tu cierras los ojos y te imaginas todo.

Usted es una persona que no dice nunca “Ay, en mis tiempos… Ay, el pasado…”. Al contrario, siempre esta pensando en el futuro.
La verdad, a mi edad, el pasado te lo recuerdan los demás; aunque es verdad que no escuchaba mis grabaciones, con el paso de las décadas eso cambia, pero no me interesa. El futuro me interesa muchísimo menos, porque no se sabe qué sucederá, si estaremos o no. Lo que me interesa es el presente, dónde poder construir. Estar tranquila hoy es lo que me da felicidad, porque así es como quiero vivir mi presente. El futuro llegará solo, no hago planes.

En medio de esta pandemia, ¿qué futuro cree que tengan los teatros?
Feo. Muy feo, porque no será fácil. No podemos imaginar que los cantantes usen los cubrebocas mientras cantan, es una cosa grotesca y absurda. El público seguirá yendo en forma reducida, pero tenemos que estar atentos con las fechas. Yo escucho que dicen que “tal teatro quiere reabrir tal día”, yo no lo creo: al menos hasta 2021 no habrá una certeza.

Visto esto, ¿cree usted en la posibilidad de que se inventen otras formas de hacer ópera?
No, es primordial el contacto con el público. La única forma en que no puede haber público mientras se canta es cuando grabamos un disco, pero ahí es por la comodidad de la gente, porque se repite, se empieza varias veces, etcétera. Somos prisioneros, porque no podemos cantar con todo el escenario lleno de plástico, unos por aquí y otros por allá alejados. ¡Necesitamos tocarnos!