Marina Viotti: “Soy una verdadera mezzosoprano”

 

Marina Viotti: “Quiero transmitir un mensaje de unidad: el de un mundo que concibo sin fronteras físicas, musicales o mentales” © Christian Meuwly

La joven mezzosoprano suiza Marina Viotti comienza a construir una importante carrera en teatros internacionales como las óperas de Ginebra, Lucerna, Lausana y Zúrich en su natal Suiza; Múnich, Dresde y el Festival Rossini de Wilbald en Alemania; el Liceu de Barcelona, la ABAO de Bilbao y el Palau les Artes de Valencia en España; la Opéra du Rhin en Estrasburgo en Francia; hasta debutar en Italia este año en la Arena de Verona y en La Scala de Milán, en la puesta de Roméo et Juliette de Gounod. 

Marina —que proviene de una familia de gran trayectoria musical, ya que es hija del legendario director de orquesta suizo Marcello Viotti, y hermana de Lorenzo Viotti, joven director pero ya con una respetable carrera— comienza a destacar por méritos propios, dejando atrás el peso de su apellido, mezclando sus cualidades vocales y escénicas con desbordante entusiasmo y ánimo, mismos que deja plasmados en esta entrevista, en la que nos habla del camino que ha recorrido hasta llegar a la ópera, su manera particular de entender el canto, su repertorio, así como de sus propios proyectos musicales.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos de la lírica y cuales han sido tus fuentes de inspiración en el pasado y actualmente?
Mis padres me llevaban en sus viajes a todas partes, así que vi y escuché ópera durante toda mi infancia. Cuando al final de los espectáculos veía a las divas en sus camerinos, con sus hermosos vestuarios y sus pelucas, pensaba que quizás su trabajo era ser princesas, y por eso siempre quise ser cantante de ópera. 

En algunos de mis primeros videos familiares aparezco cantando Rossini, imitando a Agnes Baltsa o a Cecilia Bartoli, de grabaciones que escuchaban mis padres. Creo que todos aquellos cantantes que vi siendo una niña, y toda la música que escuché con mi familia, fueron mi inspiración. 

Maddalena en Rigoletto en Lucerna © I. Hoehn

¿Alguna vez te propusiste como meta a largo plazo cantar de manera profesional?
En realidad comencé a cantar ópera muy tarde, ya que tenía otros intereses que quería explorar primero. Además, la muerte de mi padre fue algo muy doloroso para mí y, como había una relación muy estrecha entre su recuerdo y la música clásica, me costó mucho tiempo aceptarlo y enfrentarme de nuevo a la ópera, hasta que me di cuenta de que mi lugar estaba sobre los escenarios, cantando.

¿Cómo te defines vocalmente y con qué aria o papel te gustaría presentarte por primera vez frente a un público que no te conoce?
Creo que soy una verdadera mezzosoprano. Con esto quiero decir que tengo un rango muy amplio, y puedo variar entre notas muy agudas a muy graves con un centro muy sólido. Estuve un poco perdida al principio porque algunos me decían que era soprano, mientras que otros me decían que era contralto, hasta que una maestra me dijo: “Esa es exactamente la razón por la que eres una mezzosoprano”. Yo disfruto cantar de mezzosoprano, por la diversidad de papeles y personajes, que van desde una muchacha mala y sexy como Maddalena, a los que exhiben frescura y juventud como Rosina, pasando por las mujeres de carácter fuerte como Carmen y Dalila, o incluso de jóvenes ilusos como Cherubino y Octavian. Hay, además, mezzosopranos que son brujas, bohemias. 

Por el momento me siento vocalmente muy a gusto con los papeles de coloratura de Rossini, Mozart, Offenbach y Händel; y sé que cada año que pase adquiriré más cuerpo en la voz. Pronto podré cantar papeles más líricos como Charlotte, Carmen y Octavian, pero esperaré lo que sea necesario, mientras mi voz se mantenga fresca, saludable y no tenga que forzarla.

‘Parto, parto’ de La clemenza di Tito de Mozart en la final del Concurso Kattenburg:

En cuanto a elegir una pieza para presentarme frente a un público, no podría responderlo, porque creo que mi versatilidad y el hecho que amo cantar tantas cosas diferentes —como Lied, ópera, cabaret, jazz, chanson— es lo que mejor me define.

Melibea en Il viaggio a Reims en Madrid © Antoni Bofill

Además de haber tenido una formación vocal clásica, exploraste otros géneros musicales. ¿Es por eso que te consideras una cantante versátil?
Así es, ya que antes de estudiar canto lírico exploré el metal, el pop, la chanson francesa y el jazz, todo ello porque soy muy curiosa y necesitaba explorar diferentes estilos musicales, unirme a diferentes comunidades de gente y expresar diferentes cosas. 

Para esto no preparé nada: solo me dediqué a cantar con mi propio instinto y con mi corazón. Disfruté mucho escribiendo mis propias letras, y el hecho de que pude hacer grabaciones con canciones que yo compuse fue una gran experiencia que me llenó de orgullo, ya que las grabaciones permanecerán y sobrevivirán aun cuando yo ya no esté aquí. 

Esta curiosidad y el gusto por la diversidad hacen que todavía hoy mantenga esa versatilidad vocal y, sobre todo, que me apasione el crossover. Me fascina cantar cosas tan diferentes y repertorios diversos, y me gusta descubrir similitudes y temas comunes entre los que puedo moverme. Además, considero que esto ayuda a crear puentes, a abrir mentes y a conectar personas, géneros y culturas: es algo que definitivamente necesitamos mucho en estos tiempos. 

Esta idea es lo que me ha llevado a crear también recitales y espectáculos como uno que titulé  Music has no borders (La música no tiene fronteras), en el que canto ópera, Lied, chanson, canciones de cabaret, canciones en español y jazz; reuniéndome siempre con un buen equipo de músicos del mundo de la música clásica y del jazz. Con ello quiero transmitir un mensaje de unidad, el de un mundo que concibo sin fronteras físicas, musicales o mentales. 

¿Cuáles consideras hoy que han sido los momentos, las experiencias o los logros más importantes de tu trayectoria musical?
Al principio tuve siempre miedo, porque siempre seré “Viotti”, por las carreras de mi padre y mi hermano. Aunque tengo una trayectoria relativamente corta, de apenas cinco años, le agradezco a la vida porque ahora puedo visualizar que, cuando a la edad de 25 años lo dejé todo para retomar mis estudios de canto operístico, tomé la decisión correcta. 

En la actualidad, cuando canto en algún lugar, por lo general los teatros me han vuelto a llamar más adelante para ofrecerme otro contrato, y eso es para mí el más grande reconocimiento que puedo tener, así como la seguridad de que me he forjado ya mi propio nombre. Mi carrera está yendo bien porque está muy bien balanceada, entre papeles secundarios en teatros importantes con papeles principales en teatros más pequeños. Esto me permite cantar sin estrés y así puedo ir creciendo, dando un paso a la vez. 

También estoy consciente de que las cosas en este medio pueden terminar en cualquier momento, como lo vemos ahora con el coronavirus; así que disfruto lo más que puedo cada segundo de cada minuto que pueda cantar. El logro más grande para mí es despertarme cada mañana con una sonrisa porque estoy haciendo lo que más amo, y me encuentro en el lugar donde siento que debo estar.

Rosina en Il barbiere di Siviglia en Estrasburgo @ Klara Beck

Los papeles principalmente rossinianos, belcantistas y algunos del repertorio francés conforman el grueso de tu repertorio actual. ¿Hay alguno que consideres ideal? ¿Qué otros personajes quieres cantar en el futuro?
Creo que mi papel ideal al momento es el de Isabella en L’Italiana in Algeri, ya que siento que podría cantarlo en días consecutivos sin cansarme nunca; corresponde perfectamente a mi tesitura.

Con Rosina me siento también muy a gusto en este momento, pero este papel me exige un esfuerzo mayor porque se va hacia los agudos. Más adelante me encantaría debutar el papel de Angelina en La Cenerentola, y me gustaría también cantar más roles de Mozart: por ejemplo, Dorabella, que es un papel que he soñado cantar y que incluso debí haberlo cantado ya, pero que se canceló debido a la pandemia.

‘Non più mesta’ de La Cenerentola de Rossini en la Arena de Verona:

¿Podrías contarnos cuál es el proceso que llevas para aprenderte un nuevo papel y cómo sabes cuándo un papel es adecuado para ti?
Lo que hago para aprenderme un papel es leer primero lo más que pueda sobre sobre el personaje y sobre la trama de la ópera, así como sobre su contexto. Después escucho la música varias veces, para conocer sus cadencias y su atmósfera. Luego, me enfoco siempre en el texto, ya que primero hay que poner atención al texto y luego a las melodías. Finalmente, trabajo en ello con los directores de escena, quienes suelen tener una visión diferente del papel de la que uno tiene; y allí es cuando todo se convierte en un reto. 

Es fascinante sentir cómo va creciendo el personaje dentro de ti, que imagino es como un embarazo, y repentinamente un día ya naciste en el papel. En cuanto a saber si un papel es adecuado, desde el punto de vista vocal, es algo que se sabe tan solo con mirar las partituras. Algunas veces el rol es adecuado desde el punto de vista del carácter del personaje, como me sucedió con Elisabetta en Maria Stuarda, que fue muy difícil de cantar, pero fue increíble actuarlo.

Stefano en Roméo et Juliette en Milán © Brescia e Amisano

¿Sientes que la formación universitaria que tienes en filosofía y en literatura te ayuda para entender mejor a los personajes que interpretas en escena y darles un aspecto y un perfil más humano?
No sé si sea una herramienta que me ayude más que otras, pero de lo que sí estoy segura es de que me sirve para analizar mejor la historia, a profundizar más en el texto, y sobre todo me ha dado un sólido y eficiente método de aprendizaje. Para lo que también me ha ayudado es para ir con cautela dentro de este negocio y para tener la voluntad de ir más allá de ser solo “una muchacha que canta” y tener un acercamiento a las cosas, compartiendo, aprendiendo, pensando e involucrándome como artista y como persona. 

Eres una joven artista que irradia entusiasmo, energía y pasión por lo que hace. Se nota tu deseo de acercarte e interactuar con la gente de muchas maneras y ello se ve reflejado en tu activa participación en las redes sociales ¿Cuál es el uso que le has encontrado a estos medios con relación a tu carrera?
Las redes sociales son una manera extraordinaria para mí de mantenerme en contacto con los que quiero y también para conocer a gente de muchas partes mundo. Utilizo las redes sociales desde hace 15 años, cuando comencé a cantar en una banda de música de metal, así que se ha convertido en algo natural para mí. En mi vida cotidiana también me encanta compartir y comunicarme.

¿Tienes un plan de hacia dónde te gustaría que se dirigiera tu carrera en términos vocales y artísticos?
En realidad no diseñé un plan, aunque soy un poco obsesiva, controlando, organizando y poniendo las cosas en orden. Soy del signo Tauro y por ello voy siempre adelante con mucho entusiasmo. Decidí, junto a mi agente, mantenerme en el repertorio de coloratura de Rossini, Offenbach y Mozart lo más que sea posible, porque quiero que mi voz dure mucho tiempo. Después, tomando un paso a la vez, quiero avanzar hacia papeles más líricos y quizás después de diez o quince años pueda dedicarme al repertorio dramático.

‘Tanti affetti in tal momento’ de La donna del lago de Rossini en la final de Operalia 2018:

Pero, reitero, como lo estamos viendo con la situación del coronavirus, muchas cosas cambian y muchos planes tendrán que adaptarse. Nuestra voz crece a la par del desarrollo de nuestro cuerpo y de nuestra personalidad, así que quizás al final me convertiré en una soprano o en un bajo [Risas.], o quizás tenga que dedicarme a hacer otro trabajo.

¿Podrías hablarnos acerca del programa de recital que ya has cantado en vivo y que titulaste Porque existe otro querer en el que principalmente cantas canciones y boleros en español mezclándolas con otro género? ¿Qué es lo que te atrae del español?
Porque existe otro querer es un recital acompañado de guitarra que explora la música francesa y el repertorio clásico español de Fauré y De Falla; tiene además algo de chanson francesa, bossa nova y pop; de artistas como Buena Vista Social Club y Jacques Brel. 

Todo nació cuando el año pasado conocí a Gabriel Bianco, un maravilloso guitarrista —de los mejores de su generación—, y me gustó mucho cómo tocaba y los arreglos que hace de la música, así que durante el periodo de confinamiento le propuse trabajar en un proyecto conmigo. Yo le mandaba títulos de canciones e ideas y él hacía los arreglos para guitarra y mezzosoprano. Después me regresaba los videos tocando las piezas, y así ya tenía la pista para cantar con su acompañamiento, que al final se convirtió en un tipo de proceso de ensayo gracias a internet. 

Cuando terminó el confinamiento teníamos más de una hora de música, y desde entonces hemos podido hacer cuatro veces el recital. ¡Me encanta la música en español! No sé por qué, pero está en mi alma, y siento profundamente la lengua y sus emociones. Además, siempre me ha gustado bailar música latina y escucho casi cada mañana al grupo Buena Vista Social Club.

¿Alguna vez has considerado cantar también zarzuela?
Me hace mucha gracia tu pregunta, porque hace justo hace unas semanas, cuando estaba haciendo Il turco in Italia en Bilbao, el maravilloso director de escena Emilio Sagi, quien dirigió esa puesta, me dijo que debía intentar cantar este repertorio, porque va de acuerdo con mi voz y mi personalidad. Así que estoy abierta a cualquier sugerencia e incluso a propuestas concretas de papeles. 

Zaida en Il turco in Italia en Bilbao © E. Moreno Esquibel

¿Qué tan importante es para ti el aspecto de la actuación cuando formas parte de una producción o incluso cuando estás cantando una canción o haciendo un concierto?
Considero que es más del 50% de nuestro trabajo y es algo esencial. En nuestros días, pienso que, si no eres un buen actor, es difícil hacer una carrera, aun cuando tengas una voz hermosa. En el pasado un artista podía estar en un escenario, en el mismo lugar, cantando un aria sin moverse; y si la cantabas bien era suficiente. Hoy tienes que hacer hasta diez cosas diferentes mientras cantas un aria. No sé si sea mejor o peor, pero es un hecho que uno debe ser hábil en la parte de la actuación. Para mí personalmente se trata más de la interpretación que de la actuación, porque aun en un recital de Lied uno interpreta un texto, y por lo tanto debe uno actuar. Esto significa que uno debe expresar diversas facetas y colores de acuerdo con el texto. 

Por ejemplo, cuando canto ‘Der Zwerg’ de Schubert, trato de dejar claro el momento en el que la reina le habla al enano o al narrador. Se trata de tres personajes, tres colores vocales, y eso de cierta forma es actuación. Cuando uno está sobre un escenario, uno deja de ser completamente uno mismo, porque se entra a un escenario siendo un cantante o siendo un personaje que entra a una historia.

Desde tu perspectiva como artista y con tu manera entusiasta, realista y directa de entender todo el medio, sin olvidar la difícil situación actual, ¿cómo visualizas el futuro de la música clásica y de la ópera?
En estos días de pandemia la situación es muy difícil para la ópera, para la música y para las artes en general, como lo es también para muchos otros campos. Cuando uno ve que en Estados Unidos la mayoría de los teatros están cerrados toda esta temporada, y que en Europa, donde de acuerdo con las reglas de cada país se pueden ofrecer, 50, 200 o 600 lugares, o algún porcentaje de su capacidad; cuando uno debe subir al escenario con mascarilla, con distancia, o sin haber hecho cuarentena, esto me parece incoherente e impreciso. 

Seguimos diciendo que los teatros de ópera son lugares seguros, pero si la gente no asiste (entendiendo que ver una ópera de una hora y media en vez de una de cuatro, con mascarilla, distancia, sin intermedio, coro y orquesta reducidos, no es precisamente una velada agradable), o la administración del teatro no puede salir adelante con los costos, en ambos casos, todo el mundo musical esta sufriendo una gran pérdida, al punto que conozco colegas que están considerando cambiar de trabajo. 

He escuchado decir que pasarán años antes de que pueda haber una recuperación de la crisis financiera que vamos a enfrentar. ¡Es algo dramático! Pero, por otro lado, muchos están resistiendo, adaptándose a la situación y buscando soluciones, creando nuevas maneras, nuevas uniones y colaboraciones para hacer música; eso es lo que me da esperanza y una visión optimista respecto al futuro de la ópera. 

Creo también que el mundo de la ópera necesitaba ya desde hace algunos años una renovación, como rejuvenecer a su público y modernizarse, sin perder su tradición, pero encontrando la manera de mantenerse conectada con su tiempo y a la vez con la gente. Hoy llegamos al punto en que no hay otra opción más que esa.