Halka de Moniuszko

Halka de Moniuszko

Stanisław Moniuszko: Halka

Karol Kozłowski
Matheus Pompeu
Monika Ledzion-Porczyńska
Rafał Siwek
Robert Gierlach
Tina Gorina
Violetta Bielecka

Podlasie Opera And Philharmonic Choir

Europa Galante
Fabio Biondi

The Fryderyk Chopin Institute

 

Stanislaw Moniuszko es seguramente el compositor más importante que ha dado Polonia después de Chopin. Con la ópera Halka, estrenada en su forma definitiva en Varsovia en 1858, le dio a su país su primera ópera nacionalista, así como Glinka le había dado a Rusia Una vida por el zar y Smetana a Bohemia, La novia vendida.

Polonia tiene una larga historia de presentar óperas italianas: la primera registrada fue La liberazione di Ruggiero dall’isola d’Alcina de Francesca Caccini en 1625, compuesta expresamente para el príncipe Wladyslaw IV, hijo de Sigismund III. Sin embargo, el primer teatro público de ópera en Varsovia abrió hasta 1724, auspiciado por el rey sajón Augusto III, y a pesar de las constantes guerras y particiones que sufrió Polonia en el Siglo XVIII, siguió habiendo ópera e, incluso, durante una visita a Varsovia, Johann Adolf Hasse compuso expresamente para esta ciudad su ópera Zenobia (1761), con un libreto de Metastasio.

Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX hubo algunos compositores polacos que escribieron óperas, como Maciel Kamienski, Jan Stefani y Karol Kurpinski, quien compuso 18 óperas, algunas muy bien recibidas en su tiempo. Pero ninguno de ellos logró crear una escuela específicamente polaca de ópera; ese mérito se lo llevaría Stanislaw Moniuszko, nacido el 5 de mayo de 1819 en la frontera entre Polonia y Lituania. Su familia era muy aficionada al teatro y uno de sus tíos incluso construyó un pequeño teatro en su finca, donde se presentaban comedias y vodeviles. Sus primeras obras fueron escritas, en cierta forma, como Singspiel, con mucho diálogo y algunos números musicales.

En 1837, fue mandado a estudiar composición a la Sing-Akademie de Berlín, en donde permaneció tres años. Luego, en su juventud, Moniuszko pudo ver varias de las más populares óperas de su tiempo: Il barbiere di Siviglia de Rossini, Norma de Bellini, Der Freischütz Oberon de Weber, y La dame blanche de Boieldieu, entre muchas otras, lo contribuyó sin duda a su entendimiento del teatro cantado.

En esa época, el tenor alemán Wilhelm Schmidkoff emigró a Polonia y comenzó a montar producciones de buen nivel en varias ciudades. En 1843 montó con éxito en Minsk Lotería, una de las comedias tempranas de Moniuszko, con muy buena aceptación, y gracias a lo cual se le invitó a presentarla en el Gran Teatro de Varsovia, donde por desgracia no tuvo el buen recibimiento; pero esta experiencia le permitió conocer a varios intelectuales, entre ellos al poeta Wlodzimierz Wolski.

Wolski era un poco más joven que Moniuszko; era rebelde y desafiante. Había escrito un poema épico llamado Halka, sobre una campesina polaca que era seducida por un aristócrata y luego abandonada. El poema tuvo problemas con la censura, pero Wolski le vio potencial para un libreto de ópera; al parecer solo le tomó tres o cuatro días versificar el texto para ser cantado, y Moniuszko regresó con el libreto de la ópera Halka.

En febrero de 1847, el censor dio luz verde para que el libreto se imprimiera, y Moniuszko comenzó a componer. Para el verano de ese año la obra estaba terminada y el compositor la presentó al teatro. Aunque la ópera comenzó a ensayarse, los directivos suspendieron todo casi de inmediato. En el otoño de ese mismo año, Moniuszko llevó su partitura a Vilna y con su propio dinero contrató a una pequeña orquesta y cantantes no profesionales para estrenarla. Finalmente, el 1 de enero de 1848 se estrenó Halka en forma de concierto, en un salón propiedad de sus suegros, ante un público de unas 300 personas. En esta primera versión en dos actos, el papel de Jontek, para barítono, lo cantó su amigo Achilles Bonoldi, un italiano avecindado en Polonia. A pesar de que un diario de Vilna declaró a Halka “una obra de inspiración superior”, nadie más se interesó en ella, y no fue sino hasta 1854 que se pudo montar escenificada, de nueva cuenta en Vilna, en el teatro del Ayuntamiento.

Tuvieron que pasar otros 3 años para que Jan Quattrini, el nuevo director del Gran Teatro de Varsovia, revisara la partitura que había quedado en los archivos del teatro e invitara por fin a Moniuszko a presentarla. Moniuszko estaba encantado, pero le pidió tiempo para revisarla y adaptarla a un gran teatro. Con la experiencia adquirida en casi 10 años, el compositor las hizo extensas revisiones y, especialmente, compuso y añadió nuevas danzas para el ballet del teatro (obviamente mazurkas, polonesas y otras danzas regionales).

La “nueva” Halka en 4 actos se estrenó en el Año Nuevo de 1858, diez años después del primer intento. La larga espera valió la pena. El público aplaudió cada número y Moniuszko fue ovacionado en cada acto. Fue evidente que Halka aportaba algo nuevo y necesario para la cultura polaca. 

Halka no tardó en estrenarse en otros países: en San Petersburgo y Moscú, cantada en ruso, en 1869 y 1870; en Praga, en 1868; y en Milán, en 1905. Como era costumbre en el siglo XIX, y hasta bien entrado el siglo XX, las óperas se presentaban en el idioma del público que las escuchaba. La traducción al italiano de Halka tiene la autoridad de haber sido hecha por Achille Bonoldi, el amigo de Moniuszko.

Y esta es la versión grabada por Fabio Biondi: una gran idea, pues seguramente hará la ópera más accesible a un gran público, y felizmente la traducción es excelente. De no saber que originalmente está escrita en polaco, uno jamás lo adivinaría, pues el texto encaja perfectamente con la música.

Esta grabación realizada en agosto de 2018 en los estudios de la Radio Polaca es excelente. Destaca la soprano del Liceu de Barcelona, Tina Gorina, en el papel principal: la voz es muy atractiva y puede sonar tanto vulnerable como dramática, en los momentos más trágicos de la ópera. El tenor brasileño Matheus Pompeu también aporta seguridad vocal y un timbre muy agradable en el importantísimo papel de Jontek. Pero, inevitablemente, el héroe de la grabación es Biondi y su espléndida orquesta Europa Galante. Fabio Biondi, además de ser el mejor violinista para Vivaldi de nuestro tiempo, también adora la ópera del siglo XX y, así, ha dejado testimonio con sus grabaciones de I Capuleti e i Montecchi y Norma de Bellini, así como de Macbeth de Verdi. Ahora, está dirigiendo su atención a Moniuszko. El brio y la pasión con la que dirige Halka muestran un perfecto dominio del estilo; y, lo más importante, es totalmente convincente en presentar a esta Halka en traje italiano.