I puritani, de Vincenzo Bellini

Sarah Coburn, Lawrence Brownlee, Azamat Zheltyrguzov, Tadas Girininkas, Liudas Norvaišas, Tomas Pavilionis, Jovita Vaškevičiūtė.
Kaunas City Symphony Orchestra, Kaunas State Choir; Constantin Orbelian
DELOS CD

La última ópera de Vincenzo Bellini fue I puritani, estrenada en el Théâtre-Italien en Paris el 24 de enero de 1835. Su libreto fue escrito por el conde Carlo Pepoli, basándose en una obra de teatro francesa llamada Têtes rondes et cavaliers de Jacques-François Ancelot y Xavier Boniface Saintine, que a su vez se basó en la novela de Sir Walter Scott de título Old Mortality.

Gioachino Rossini fue quien encomendó a Bellini esta ópera para el Théâtre-Italien y contó en su estreno con un elenco de ensueño, encabezado por cuatro de los mejores cantantes de ópera de la época: Giulia Grisi (Elvira), Giovanni-Battista Rubini (Arturo), Antonio Tamburini (Riccardo) y Luigi Lablache (Giorgio). Lo cierto es que, así como en en su estreno I puritani contó con estos virtuosos intérpretes, su ejecución musical siempre ha dependido de la alta calidad vocal de quienes cantan los cuatro personajes principales, sobre todo la pareja de amantes: Elvira y Arturo. El virtuosísimo que requieren estos dos roles, aunado a una técnica vocal impecable, hacen que sean pocos los intérpretes que pueden hacerle honor a tan hermosa y, a la vez, difícil partitura. 

En esta nueva grabación de dicha ópera contamos con dos fantásticos protagonistas que hacen de este registro una verdadera joya auditiva, muy recomendable para todo aquel que sea fan del bel canto y de esta ópera en especial. Bajo la dirección orquestal del maestro Constantine Orbelinan al frente de la Orquesta Sinfónica de Kaunas y el Coro Estatal Kaunas de Lituania, se ha conjuntado un elenco que hace justicia a I puritani con creces.

Hay que empezar por hablar de la magnífica Elvira de la soprano norteamericana Sarah Coburn, quien afronta este papel con un timbre cristalino y puro, además de una técnica vocal impecable. Desde su entrada en el dueto con Giorgio ‘O amato zio’, escuchamos una voz que es perfecta para el rol. Todas las notas son claras, brillantes, y tiene una emisión luminosa. Coburn muestra un personaje fuerte, con gran gusto para hacer matices y para ‘actuar’ a través de su instrumento los cambios emotivos de Elvira sin sonar jamás exagerada. 

Si analizamos bien esta ópera, Elvira es el papel más largo y quien más colores vocales requiere. Coburn empieza por mostrar a la chica enamorada e ilusionada en ‘Son vergin vezzosa’, haciendo gala de coloraturas libres y seguras, además de sobreagudos bien timbrados. Continúa con un muy difícil y emotivo final del acto I, interpretando un ‘O, vieni al tempi’ sobrecogedor. Le sigue su gran aria ‘O rendetemi la speme’, en donde la soprano tiene que hacer gala de todo su “armamento” vocal e histriónico para mostrar la desesperación y la casi locura del personaje. Coburn la interpreta con soltura, legato y adentrándose en cada una de las palabras que Elvira pronuncia. Su voz flota bellamente, además de lucir un cálido registro central; la fragilidad del personaje queda plasmada con sutilezas vocales y un canto elegante. 

I puritani, Act I: ‘Son vergin vezzosa’ – YouTube

Las variaciones que hace en ‘Vien, diletto’ son de gran virtuosismo vocal, con staccati precisos y brillantes. Uno de los momentos más bellos del disco, si hay que seleccionar solo algunos, es el dueto entre Elvira y Arturo ‘Fini, me lassa… Nel mirarti un solo istante’. Las voces de Coburn y el tenor estadounidense Lawrence Brownlee armonizan muy bien y se complementan dramáticamente en esta confrontación y reconciliación de los amantes. 

Esta versión incluye, al final de la ópera, la polonesa ‘Ah! sento, o mio bell’angelo’, que generalmente se corta. En ella oímos a una Elvira jubilosa de tener de vuelta a su amado Arturo y, nuevamente, da un último momento musical de lucimiento para la soprano. 

Una de las mejores voces de tenor belcantista de hoy en día es, sin duda, la de Brownlee. Su Arturo en esta grabación es una prueba de la maestría vocal de este intérprete norteamericano; desde su entrada en ‘A te o cara’, muestra gran control de la línea de canto y facilidad impresionante para el registro sobreagudo. Sus notas tienen un squillo muy bello, que se expande al ir subiendo en el registro, sin sonar delgadas o chillantes. Su gran escena llega en el acto III, en el aria ‘Son salvo, alfin son salvo… A una fonte afflitto e solo’, donde Brownlee da cátedra de cómo debe interpretarse el bel canto; tiene una línea de canto depurada, con un manejo de fiato elegante y expresividad a flor de piel. No tiene problema alguno con el registro agudo y nunca pierde brillo su voz al ir subiendo a los sobreagudos. 

I puritani, Act I: ‘A te, o cara’ – YouTube

Brownlee canta con tal facilidad que, al escucharlo en la escena de ‘Credeasi, misera!’, da el famoso (pero poco atractivo) Fa sobreagudo, no notamos lo agudo y complicado que es cantar esa nota para el tenor en turno. El rol de Arturo le queda de maravilla a la voz de Brownlee y este documento sonoro es una prueba fidedigna de ello.

El barítono de Kazakhstán Azamat Zheltyrguzov es un Riccardo de voz lírica, de timbre no muy oscuro y buena línea de canto. Canta con excelente fraseo su aria ‘Ah! Per sempre io ti perdei’ y se escucha como un Riccardo más joven de lo que estamos acostumbrados. Otro de sus momentos más destacados es la escena y dueto del acto II con Giorgio: ‘Il rival salvar tu dei… Se tra il buio un fantasma vedrai… Suoni la tromba’, donde su voz armoniza muy bien con la del bajo Tadas Girininkas. La voz de este cantante lituano es también de timbre menos oscuro que el de otros bajos que hemos escuchado en el papel de Giorgio, lo cual permite que se acople con la voz de Zheltyrguzov. La mezzosoprano lituana Jovita Vaškevičiūtė cumple bien con el pequeño rol de Enrichetta di Francia, al igual que el tenor Tomas Pavilionis en el papel de Sir Bruno. 

La dirección orquestal de Constantine Orbelian es dinámica, con tempi adecuados para cada escena, sin aletargar ni acelerar demasiado el ritmo del drama, ayudando al lucimiento de sus cantantes pero poniendo atención también a los matices orquestales. Un verdadero banquete belcantista.