Lohengrin (Wagner)

Lohengrin (Wagner)

Lohengrin (Wagner)
Piotr Beczala (Lohengrin), Anja Harteros (Elsa), Tomasz Konieczny (Friedrich von Telramund), Waltraud Meier (Ortrud), Georg Zeppenfeld (König Heinrich), Egils Silins (Heerufer).
Bayreuther Festspiele Chor und Orchester; Christian Thielemann
Deutsche Grammophone Bluray

Después de la polémica producción de Lohengrin de Hans Neuenfels, bautizada por varios melómanos como “el Lohengrin de las ratas”, porque la acción se llevaba a cabo en un laboratorio y la Corte de Brabante eran ratas y ratones, el Festival de Bayreuth decidió cambiar esta puesta por una nueva producción del director Yuval Sharon con diseños de iluminación y vestuario de Neo Rauch y Rosa Loy. Así, pues, cambiaron “las ratas” por “los insectos” con una propuesta escénica que, como está sucediendo más y más en el mundo de la ópera, trata de “innovar” y proponer ideas en la puesta que nada tienen que ver con la obra que se escenifica. 

El elenco, de excelente nivel vocal y actoral, está encabezado por el tenor polaco Piotr Beczała en el papel principal (supliendo a Roberto Alagna, quien iba a debutar el rol en Bayreuth, antes de cancelar estas funciones), la soprano alemana Anja Harteros como Elsa, la mezzosoprano Waltraud Meier en el papel de Ortrud (por última vez en su carrera), el barítono Tomasz Konieczny como Telramund, y el bajo Georg Zeppenfeld como Heinrich. Dirige Christian Thielemann. 

Beczała es un Lohengrin de voz lírica, dicción clara y línea de canto impecable. Canta con elegancia su entrada ‘Nun sei bedankt, mein lieber Schwan!’ y tiene el poderío vocal suficiente para afrontar las partes más dramáticas del papel, tal como la confrontación con Otrud y Telramund en el acto II o el dueto del acto III con Elsa, ‘Das süsse Lied verhallt; wir sind allein’, que requieren muchos matices vocales y actorales. Su calidad vocal y el sonido puro que produce en las partes más líricas del rol crean una imagen musical etérea que va muy de acuerdo con el personaje. El tenor polaco tuvo la difícil tarea de interpretar a un Lohengrin con un lado oscuro y que, al parecer, tenía un lado posesivo y represor que Elsa descubre (según la dirección escénica de Sharon) en el acto III.

Harteros muestra su dominio total del rol de Elsa y canta con bellos filados y un fraseo exquisito. Su voz ha ganado peso en el registro central pero eso no le afecta en nada al flotar las notas agudas como lo hace en su aria ‘Einsam in trüben Tagen’. Su confrontación con Ortrud el acto II y su dueto con Lohengrin en el acto III muestran a una Harteros que imprime matices vocales y actorales a su rol. Su Elsa no es una damisela frágil e inocente; es una mujer fuerte que, al final de la ópera, se libera del yugo masculino. Tanto Beczała como Harteros debutaron en Bayreuth con esta puesta en escena y salieron victoriosos de cantar, por primera vez, en este icónico templo de la lírica wagneriana.

Konieczny es un magnífico Telramund, de voz potente y firme, con timbre cálido. Escuchar a un barítono joven en este rol lo enriquece y le da más fuerza en la trama. Se retroalimenta mucho de la energía y la presencia imponente de su Ortrud, la gran Waltraud Meier, quien canta con poderío vocal, haciendo de su personaje una verdadera creación histriónica. La voz, a sus 60 años, sigue teniendo esa fuerza y agudos certeros y brillantes como un rayo láser; es impactante su ‘Entweihte Götter! Helft jetzt meiner Rache!’, y su escena final deja ver que Ortrud vence a Lohengrin al final de esta versión. En la narrativa de Sharon, Ortrud es quien en realidad libera a Elsa de la opresión masculina, representada por toda la corte de Brabante y por el mismo Lohengrin. Georg Zeppenfeld es un rey Heinrich de voz imponente y con una gran presencia escénica. El barítono Egils Silins es un buen Heraldo del Rey.

La dirección de Thielemann es de una gran belleza sonora; desde el comienzo de la ópera, el tejido orquestal está finísimamente entrelazado, con las cuerdas tocando de manera impecable los pianissimi. Rauch y Loy visualizaron el escenario azul dado que ese fue el color que se imaginaron al escuchar la música de esta ópera, y Thielemann entendió muy bien el color orquestal que la puesta requería para resaltar el ambiente mágico y etéreo de ciertos momentos claves.

La puesta de Sharon, Rauch y Loy es visualmente atractiva, y en ella predomina el color azul en todas sus diferentes tonalidades, dando una atmósfera mágica y misteriosa. Los habitantes de Brabante son “insectos” que viven en la oscuridad, a falta de luz. Lohengrin es ese “ser de luz” que llega a iluminarlos y a luchar por Elsa para liberarla de la injusta condena de la cual es objeto. Según las notas del video, Sharon quiso retratar en su puesta ciertas ideas políticas sobre Lenin y su electrificación de Rusia. Propone una sociedad en donde hombres y mujeres sean tratados igual. Lo primero no lo logra en su narrativa teatral; pero lo segundo, sí. 

Aunque hay varios puntos un poco flojos en su manera de llevar la trama, lo que sí resaltamos de su propuesta es la excelente manera de delinear a cada uno de los personajes. Su lectura de las relaciones que hay entre ellos es innovadora y fresca, aunque ya el concepto, a grosso modo, resulta un tanto ilógico. Es por ello que, al final de la ópera, no se sostiene bien el papel que fungiría Lohengrin dentro de la sociedad y, aunque Elsa resulta liberada y se va de Brabante con su hermano, el hecho de que el heredero de Brabante aparezca como un hombre de musgo con una plantita con foquitos, hace que se caiga todo ese carácter de misterio y magia que supo mantener Sharon durante la ópera.

los miembros del coro visten como insectos con alas, al igual que los personajes principales, salvo Lohengrin, que aparece en el primero y tercer actos vestido como técnico electricista. Los únicos colores que aparecen que no son de la gama de los azules son la capa negra de Ortrud (quien trae alitas de murciélago) y el vestido anaranjado con el que aparece Elsa al final. En el acto III, el cuarto que comparte con Lohengrin en su noche de bodas es también de color naranja, colocándolos a ambos en un universo aparte del azul de los demás.

Tráiler de Lohengrin en Bayreuth, 2018