Febrero 24, 2026.Creado en el 2016 por iniciativa de Daniel Bianco, entonces director del Teatro de la Zarzuela, el proyecto Zarza es una iniciativa cultural y educativa cuyo principal objetivo acercar el género lirico español a las nuevas generaciones. Desde entonces, el proyecto ha presentado versiones adaptadas con un lenguaje, escenografía y temas actuales buscando que el público joven se identifique con ellas.
En esta ocasión, la zarzuela escogida fue Bohemios, compuesta por Amadeo Vives con libreto de Guillermo Perrin y Miguel de Palacios, basada en la novela Escenas de la vida bohemia de Henri Murger, la misma que inspiró a Giacomo Puccini para su ópera La bohème.
Estrenada en este mismo teatro en 1904, representa la transición entre la zarzuela romántica tradicional y una zarzuela más moderna y urbana. La historia, ambientada en el mundo bohemio parisino, plantea la historia de Roberto, un joven poeta, y su difícil historia de amor con Cossette, aspirante a artista, marcada por las diferencias sociales. Buscando que los jóvenes se identifiquen con la trama, Nando López, escritor y dramaturgo español muy vinculado a la visibilidad y representación del colectivo LGBTQ+, modernizó el contexto, los personajes y los conflictos de la obra original, que era sencilla y ligera.
López presentó aquí una nueva dramaturgia reivindicativa, en la que exacerbó la reivindicación queer e introdujo subtramas y conflictos que complicaron más que lo que aportaron a la historia. En esta versión, los bohemios son artistas que luchan por una sociedad más justa e igualitaria. No obstante estas modificaciones al libreto y al contexto, la producción conservó la totalidad de los números musicales originales de la partitura de Vives.
En lo estrictamente vocal, todos los jóvenes cantantes mostraron mucho talento y gran implicación en su cometido. Destacaron Lucía Beltrán (Cossette), soprano lírico-ligera de bello esmalte y volumen importante y Francisco Cruz (Roberto), tenor de atractivo timbre, cuidada línea y canto expresivo. Muy bien plantados Pablo Martínez Gil (Víctor) y Catalina Geyer (Roberta). Hizo descostillar de la risa Tony Iniesta en el personaje drag de Luz de Bohemia. Muy bien servido, el Coro de los bohemios, uno de los momentos más populares de la zarzuela, que fue muy celebrado por el joven auditorio.
Gran prestación de los jóvenes instrumentalistas de la Joven Orquesta Nacional de España quienes, capitaneados por el director Julio César Picos, resolvieron con seguridad las complejidades de la partitura de Vives, adaptada para orquesta pequeña, y ofrecieron una lectura de buen ritmo, bien colorida, cargada de delicadezas y rico lirismo.
Fiel a los lineamientos de la dramaturgia, la directora de escena Nicola Beller Carbone planteó un espectáculo moderno, inteligente y sólido que reflejó con contundencia el mundo bohemio actual, la precariedad laboral, y las dificultades de los jóvenes para integrarse al mundo cultural actual. De su labor debe destacarse su buen ojo teatral, sus cuidadas marcaciones y su particular atención al lenguaje corporal, el gesto, el tono de la voz y los silencios.
A cargo de la escenografía, Carmen Castañón dividió la escena en dos ambientes desdoblados que coexistieron simultáneamente: un set de rodaje televisivo y un garito autogestionado barrial llamado “Sisterland”, con los que logró una interesante sensación de fluidez espacio-temporal. Aportó calidad a la propuesta visual, tanto el vestuario contemporáneo y multicolor de Pier Paolo Álvaro, así como la estudiada iluminación de Pedro Chamizo. El espectáculo fue ovacionado por el joven público.
El proyecto Zarza volvió a demostrar que la zarzuela sigue viva, celebrando el talento joven y augurando un futuro prometedor para el género.


