Gracias a la era digital y a la voluntad de hacer pública y consultable la documentación histórica, muchos de los archivos operísticos europeos abren ahora sus documentos al público académico y diletante para poder disfrutar de muchos datos, imágenes y documentación que dan veracidad a nuestro trabajo o que permiten tener noticias y valoraciones que de otra manera serían solo rumores.
Este es el caso de dos cartas que he hallado en el recientemente abierto y digitalizado Archivo Histórico Ricordi [https://www.archivioricordi.com] y que le dan un valor distinto a una de las mejores cantantes de nuestra historia: la mezzosoprano mexicana Fanny Anitúa.
En 1917 Giacomo Puccini (1858-1924) ya era un compositor de fama y éxito sin cuestionamientos. De hecho, se puede considerar el compositor más importante de su tiempo. Ese año lo dedicó a terminar su famoso tríptico, que incluía tres obras: Il tabarro, Gianni Schichi y Suor Angelica.
Esa es la razón por la que mantiene una abundante correspondencia con Carlo Clausetti, ejecutivo, traductor y abogado de la casa Ricordi, sobre las posibilidades de representación y el desarrollo de las obras que, como cada vez que estaba por estrenar, se volvían la obsesión del compositor. El 7 de septiembre de ese año le escribe:
Querido Claudio,
Oye, Suor Angélica está casi lista, de aquí a quince días estará terminada la instrumentación. ¿Cómo te la mando? Pienso que puedo llevarla yo cuando vaya para La rondine en el Dal Verme. Dile a Tito [Ricordi] que quiero que las dos óperas se hagan en escena este invierno. Creo que se pueden hacer en Roma. Si no se ocupa él, ¿debo encargarme yo? Para Il tabarro se necesita a Titta Ruffo y para Suor Angelica han pensado en la Mazzoleni, y para la princesa en la Besanzoni o la Anitúa.
Suor Angelica durará una hora e Il tabarro un poco más: una hora y cuarto o una hora y veinte. Como ves, el espectáculo ya está. Respóndeme.
Muchos saludos, Giacomo
[Archivio Storico Ricordi LLET00545. Traducción de la autora]
Ver el nombre de la Anitúa escrito por la caligrafía de Puccini es algo realmente emocionante. El compositor más importante de su tiempo piensa en una mexicana para uno de los pocos personajes para mezzo que escribe. Pero más allá de esto, nace la pregunta: ¿Qué había hecho la Anitúa para que uno de los compositores más exitosos de la historia de la ópera pensara en ella?
Francisca Anitúa Medrano (1867-1968), mejor conocida como Fanny Anitúa, fue la cantante mexicana más importante del cambio de siglo, tal y como lo demuestran estas cartas y toda la documentación que ha generado su trabajo dentro y fuera del país, a la cual hoy tenemos mucho más acceso que antes, y eso es una razón para revalorarla en toda su dimensión.
Para 1917 no había cumplido aún una década de carrera profesional: tenía 30 años de edad y estaba, en medio de la Primera Guerra Mundial, disfrutando de sus éxitos en Sudamérica. Desde 1909, con su debut en Roma a los 22 años, Fanny había saltado a la fama. Ya había trabajado con Arturo Toscanini (1867-1957), con Pietro Mascagni (1863-1945) y con Tullio Serafin (1878-1968), tres de los representantes más fidedignos de la escuela italiana del verismo.
En 1916 había ganado el concurso para hacer la Rosina de la gira conmemorativa del centenario del estreno de Il barbiere di Siviglia y, precisamente ese año, 1917, la Anitúa tenía mucha actividad. Comenzó el año abriendo la temporada en el Teatro Real de Madrid [Todos los datos fueron sacados del Archivo Teatro Real que está localizado en el MAE- Museu i Centre de Docmunetació de les Arts Escèniques del Institut del Teatre de Barcelona, archivo del que fui la primera investigadora que lo estudió.] Ahí se había ganado el estatus de estrella desde su debut en 1914, y 1917 fue uno de los años en los que más trabajó. Esa temporada dio inicio con Aida de Giuseppe Verdi, y la Anitúa regresaba por tercera vez con uno de los personajes que la harían más famosa, Amneris, el cual había cantado bajo la dirección de Pietro Mascagni en La Fenice de Venecia cinco años antes.
De su trabajo en este papel en el Teatro Real se dijo: “La noble contralto que debutó anoche con Aida, la bellísima Fanny Anitúa, dio una cátedra de pasión y bien hacer.” [Esta crítica apareció en el periódico La mañana (Edición de Madrid) hoy ya desaparecido pero consultable en versión digital, el 14 de enero de 1917.]
Ese año cantó en total 25 funciones de cinco personajes diferentes (Amneris, Dalila, Fricka, Ulrica y Oscar), pero sobre todo hay un hecho que sorprende bastante: el 18 de febrero cantó a las cuatro de la tarde Fricka de la ópera Die Walküre de Richard Wagner, y cinco horas después, a las 9:30 de la noche, Ulrica de Un ballo in maschera de Giuseppe Verdi. Aunque Fricka no es un papel muy largo, y ella tenía la fuerza y la juventud de sus 30 años, sinceramente no es algo recomendable para la salud vocal de nadie, ni entonces ni ahora, pero es también una prueba de que su técnica vocal era inmejorable, ya que la Anitúa cantó hasta 1948, lo que le dio casi 40 años de carrera artística impecable.
Entre los grandes éxitos que tuvo ese año en el Teatro Real se cuenta el rol de Dalila, que alternó con una función extraordinaria a beneficio de la prensa de la zarzuela La viejecita. De su trabajo en la ópera de Camille Saint-Saëns dijo un crítico: “Excelente cantante, actriz consumada y mujer escultural la Anitúa, su Dalila tenía que resultar como para quitar el sentido a todos los Sansones del mundo.” [Recuerdo de un siglo de Teatro. Vol II 1914-1917. Colección teatral de prensa madrileña de 1851 a 1955.]
Después de unos meses de cantar en Italia, empezó una gira por Sudamérica, comenzando por el Teatro Colón de Buenos Aires, donde durante los meses de junio, julio y agosto dio 23 funciones de cinco roles principales: Dalila, Rosina, Brangäne y Fricka, además del estreno mundial de la ópera El sueño del alma de Carlos López Buchardo, haciendo el papel de la Reina. [Datos obtenidos de la base de datos: Todas las óperas del Teatro Colón desde 1908. http://www.operas-colon.com.ar/.]
Siguió la gira en el Teatro Solís de Montevideo, Uruguay, donde abordó un repertorio un poco más dispar, en cuanto a tesitura, que los anteriores: de mezzo lírico —como en el estreno uruguayo de La rondine, haciendo el papel de Suzy—, luego papeles más bufos como Annina en Die Rosenkavalier y Rosina en Il barbiere di Siviglia, para terminar como mezzo dramático con el protagónico de Carmen. [Fuente: L’almanacco de Gherardo Casaglia, http://almanac-gherardo-casaglia.com/.]
Anitúa terminó el año 1917 en Sao Paolo [el Teatro Municipal de Sao Paolo no tiene archivos digitalizados, así que no podemos comprobar las óperas que Anitúa cantó ahí], habiendo cantado más de 60 funciones de 11 papeles, casi todos protagónicos y que abarcaban todo el rango vocal de mezzosoprano, desde la coloratura rossiniana hasta las profundidades wagnerianas.
Seguramente todas estas fueron las razones de que Giacomo Puccini escribiera otra carta a Clausetti el 26 de octubre del mismo año diciendo:
Querido Claudio,
Adjunto una carta de Carelli en la que le escribí sobre mis obras y los intérpretes.
Para Tabarro y Angelica necesitas una buena mezzosoprano: la [nombre ilegible] es demasiado inmadura y yo no confío en la suerte. Necesitas a Garibaldi o quizás a Anitúa; en fin, una artista con esa autoridad. [Archivio Storico Ricordi LLET00547. Traducción de la autora.]
De esta carta podemos deducir la opinión que se tiene de ella en el medio operístico italiano de su momento: una artista con autoridad. Increíble para alguien de su edad, extranjera y con menos de 10 años de haber pisado por primera vez la escena.
¿Por qué no cantó finalmente el papel en el estreno mundial? La razón no está todavía muy clara. Está la posibilidad de que haya sido porque en esos años Anitúa tenía una ferviente actividad y su agenda estaba muy apretada, pero lo que sí es un hecho es que desecharon su nombre a fines de 1917 o principios del año siguiente, porque en la carta del 11 de noviembre de 1918[que se puede consultar en el epistolario Carteggi Pucciniani que también publicó el Archivo Ricordi], Puccini le escribe a Clausetti que ya va a llegar la mezzo española Matilde Blanco para trabajar los bocetos de Suor Angelica. Blanco cantó en el estreno italiano el 11 de enero de 1919 en el Teatro Constanzi de Roma, mientras que en el estreno mundial en el Met de Nueva York lo cantó Flora Perini.
Nunca sabremos si la propia Anitúa se enteró alguna vez de que se hablaba así de su trabajo ni de quién lo comentaba. A pesar de ello, tener pruebas de que alguien como Puccini piense en una mexicana como la intérprete ideal de uno de sus papeles, es un verdadero orgullo para los mexicanos, y llega a nosotros como las estrellas: la luz de un mundo que ya no existe, pero que sigue brillando.


