¿Qué sucedió en 1940 en nuestro máximo recinto cultural, el Palacio de Bellas Artes?
El año artístico lo abrió la Compañía de Comedias Modernas de Pepita Meliá y José Cibrián, que hizo presentaciones entre el 1 y 31 de enero. Durante el mismo mes, el Estudio Musidrama de Los Ángeles, California, escenificó las óperas Cavalleria rusticana, de Mascagni y Tonatiuh, de Camacho Vega. Entre sus intérpretes mencionamos a Consuelo Meléndez, José González Tovar y Gilberto Cerda.
El 19 de enero se presentó el Cuadro Dramático de Leopoldo Azcárate Gomar con La Enemiga, de Nicodemi. Días después lo hizo con gran éxito la bailarina, coreógrafa y bailaora argentina Encarnación López “Argentinita”, acompañada de Pilar López, Antonio de Triana, Rogelio Machado, y Carlos Montoya.
El 25 de enero se celebró la primera ópera del año: Lucia di Lammermoor fue la elegida por la Compañía de Ópera de Ángel H. Ferreiro. Sus principales intérpretes fueron Armandita Chirot, Carlos Mejía, Ángel R. Esquivel y José Corral.
El Teatro Panamericano, que dirigía Fernando Wagner, hizo diversas funciones durante febrero y marzo con Mexican Mural, de Ramón Naya, Boy Meets Girl, de Bella y Samuel Spewack, Night Must Fall, de Emlyn Williams y Ashes of Dreams, de Celestino Gorostiza, traducida por M. H. Austin. Formaban parte de esta compañía Edward Binns, Annelies Morgan, Jocelyn Burke, Lilyan Trigos, Rickey Austin y Jane Blair.
El empresario Ferreiro siguió con su temporada en marzo con La traviata,a la que siguieron tres funciones de Il trovatore. Eran sus directores concertadores Guido Picco, Umberto Mugnai, Jesús M. Acuña, Ignacio del Castillo y Daniel Pérez Castañeda, mientras que los coros estaban bajo la dirección de Alfonso Aguilar.
En siguientes funciones ofrecieron Otello, La forza del destino, Un ballo in maschera, Rigoletto y Aida de Verdi; La bohème, Tosca y Madama Butterfly de Puccini; Carmen de Bizet; Faust de Gounod; e Il barbiere di Siviglia de Rossini. Los elencos artísticos estaban integrados por las sopranos María Romero, Lucrezia Bonaldi, María Teresa Santillán, Carmen Aguilar y Voos, María Luisa Escobar, Margarita Maris, Alma Phillips, Guadalupe García, Armandita Chirot, Leonor Cadena, Esperanza González de Manero y Rosario de la Fraga; las mezzosopranos Fanny Anitúa, Josefina Rondero, Clementina Cosío y Concepción de los Santos; los tenores Pasquale Ferrara, Tandy MacKenzie, Francisco Barradas, Francisco Zárate, Gil Mondragón, José Pulido y Miguel Campos; los barítonos Ángel R. Esquivel, Ramón Vinay, Enrique Torres Gómez, Carlo Morelli, Gilberto Cerda, Ignacio Guerra Bolaños y Eduardo Lejarazu; y los bajos Francisco Alonso, Alfonso Pedroza y Carlos Amparán.
Además, en febrero y marzo se realizaron varios recitales, el primero de los cuales fue del violinista Jesús Dopico, al que siguieron el de la declamadora y actriz cubana Eusebia Cosme, el guitarrista español Andrés Segovia, que interpretó, entre otras piezas, el Minueto de Haydn, la Sonatina Meridional, Variaciones sobre la folía de España y Trópico, de Manuel M. Ponce, Danza en sol de Enrique Granados y Chacona de Johann Palchebel; así como el de danza que ofrecieron Sergio Franco y Magda Montoya; el de los pianistas Salvador Ordóñez —con obras de Scarlatti, Couperin, Bach, Beethoven, Debussy, Hindemith y Liszt— y el húngaro György Sándor (Budapest, 1912-Nueva York, 2005), que tocó obras de Bartók, Kodály, Liszt, Schumann, Bach, Brahms y Ponce. También se presentaron el violinista Ángel Reyes y el pianista Alejandro Vilalta, ambos originarios de La Habana, Cuba.
La Orquesta de Cámara de Repertorio ofreció un concierto en febrero bajo la batuta de Ponce, y como solista, el guitarrista Segovia, en el que interpretaron Mazurka de Ponce y el Concierto para guitarra y pequeña orquesta de Mario Castelnuovo-Tedesco.
El 5 de marzo se celebró el Gran Festival Pro Censos Nacionales, organizado por la Dirección General de Estadística, dependiente de la Secretaría de la Economía Nacional, con la cooperación de la Escuela Nacional de Maestros y el Conservatorio Nacional de Música.
El Ballet de Bellas Artes de Anna Sokolow dio tres funciones en marzo, con los directores musicales Blas Galindo, Rodolfo Halffter y Jesús Reyes, los decorados de Antonio Ruiz y Gabriel Fernández y el vestuario de Victoria Griffith con la coreografías Los pies de pluma (música de Couperin-Frescobaldi), Entre sombras anda el fuego (con música de Galindo) y Don Lindo de Almería (con música de Halffter), además del Concierto en Si bemol para piano y orquesta (con música de Mozart y Ana María Castillo Betancourt como solista); y el Concierto para piano y orquesta (música de Grieg) con la solista María Fragoso.
A finales del mismo mes se celebró un concierto en honor al distinguido maestro empresario José Pierson, con la participación de Alfonso Ortiz Tirado, Armandita Chirot, José Pulido, Ángel Soto, Ramón Vinay, Carmen Ruiz Esparza, Dolores Cárdenas, María Pardo y Antonio Amezcua.
La Compañía de Teatro Dramático hizo —durante abril, mayo y parte del mes de junio— alrededor de setenta funciones, debutando con Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand, a la que siguieron Niebla, de Maxwell Anderson y El círculo de yeso, de Alfred Henschke (alias Klabund), con traducción de Enrique Díez Canedo. Formaban parte de esta compañía Fernando Soler, Sagra del Río, Isabela Corona, Clementina Otero, Matilde Cires Sánchez, Victoria Argota, Elisa Asperó, Julio Villarreal, Domingo Soler, Francisco Jambrina, Miguel Ángel Ferriz, Carlos López Moctezuma, Rodolfo Landa, Eduardo Arozamena, Ramón Vallarino, Carlos Riquelme, Hernán Vera, Agustín Isunza, Alejandro Cobo y Jesús Ojeda.
Durante abril y hasta septiembre se ofrecieron conciertos la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Nacional de Música, bajo la dirección de Jesús Reyes; la Orquesta Sinfónica de Repertorio, que dirigía José F. Vásquez; y la Orquesta Sinfónica de México, de Carlos Chávez.
Esta última presentó obras como Tapiola, op. 112 de Sibelius, Sinfonía número 3 de Roy Harris, el Concierto para piano número 20 en Re menor de Mozart con György Sándor como solista, Pedro y el lobo de Prokofiev, teniendo como narrador a Carlos Pellicer, y Choros número 8 de Heitor Villa-Lobos.
La misma agrupación musical, bajo la dirección de Igor Stravinski, ofreció la Obertura de Anacreonte de Cherubini, la Sinfonía número 2 en Do menor, op. 17 de Chaikovski, y el Divertimento sobre el ballet El beso del hada, la Suite de Petrouchka y la Suite de El pájaro de fuego del propio Stravinski.
Con Chávez en el podio se hicieron aplaudir en El martirio de San Sebastián, de Fauré, la Suite Provenzal de Milhaud, el Concierto para piano y orquesta número 2 de Brahms con György Sándor, en el Concierto para violonchelo y orquesta en Si menor de Dvorák con Emanuel Feuerman, así como la Sinfonía número 9 en Re menor, op. 125, Coral, con Irma González, Concepción de los Santos, Francisco Zárate y Fidel Marín como solistas.
En junio regresó el violinista ruso Jascha Heifetz, que había realizado su debut en el Palacio de Bellas Artes en 1934, y durante los meses de julio, agosto y la primera semana de septiembre se presentó la Compañía de Revistas Norteamericanas Marcus, International Revue con variado repertorio.
Una nueva compañía de ópera, del empresario Juan Cardona, llevó a escena en septiembre Lucia di Lammermoor con Evangelina Magaña, Ricardo C. Lara y Ángel R. Esquivel, dirigiendo la orquesta Guido Picco, la escena Próspero Ponce y los coros Alfonso Aguilar, para proseguir con Tosca, de Puccini.
La Compañía de Alta Comedia, que comandaba Celestino Gorostiza, hizo funciones en septiembre, octubre y noviembre, presentando Belleza, de Jacques Deval, que tradujo Rodolfo Usigli, con Carlos Orellana, Virginia Zuri, Carlos López Moctezuma, Clementina Otero, José María Labra, Natalia Ortiz, José Pidal, Amparo Villegas, Salvador Marín de Castro, Ángel Sala, Elvia Salcedo, Víctor Velázquez, Consuelo Abascal, Armando Velasco y Teresa Gurich; Topacio, de Marcel Pagnol; y Don Juan Tenorio, de Zorrilla.
En tanto, alternaban en fechas similares la compañía de ballet La Paloma Azul de Anna Sokolow, que ofreció Entre sombras anda el fuego (Preludios), con música de Blas Galindo, vestuario de Antonio Ruiz realizado por Victoria Griffith; Sinfonía de Antígona, con música de Carlos Chávez, decorados y vestuario de Carlos Obregón Santacilia, realizados por Victoria Griffith y Miguel Suárez Roa; y La madrugada del panadero (Escenas burlescas), con música de Rodolfo Halffter, decorados y vestuario de Manuel Rodríguez Lozano, realizados por Gonzalo Selva y Maritza, con argumento de José Bergamín. Los directores musicales fueron los propios compositores con la Orquesta Sinfónica de México.
El 5 de octubre murió el director de orquesta y compositor Silvestre Revueltas a la edad de cuarenta años, y el Ballet La Paloma Azul estrenó El renacuajo paseador del ilustre compositor que había nacido en Santiago Papasquiaro, Durango, el 31 de diciembre de 1899. La coreografía fue de Anna Sokolow y los diseños escenográficos de Carlos Mérida.
“Mientras el público de La Paloma Azul aplaudía con entusiasmo el estreno de El renacuajo paseador, Silvestre Revueltas emprendía el viaje sin retorno. No le fue dado saborear, ni siquiera conocer, este su éxito postrero. El humor, el buen humor –quintaescencia del hombre Revueltas- no la abandona un momento. Sin pretender restar méritos a la coreografía, pienso que con una música así la tarea de Anna Sokolow no habrá sido muy ardua. Desde la otra ribera, Silvestre Revueltas, sonreirás ante este éxito de buena ley. El destino parece haber decretado que tu última obra fuese ésta, capaz de regocijar a los espíritus sin complicaciones y de simplificar por unos momentos a los complicados y amargos…” [Jesús Bal y Gay, El Universal, 6 de octubre de 1940.]
El pianista José Iturbi dio un concierto el 28 de septiembre, que incluyó obras de Händel, Schubert, Liszt, Chopin, Debussy, Ravel y Falla. Posteriormente la bailarina coreana Sai Shoki ofreció tres recitales de danzas orientales. Ya en noviembre se presentó al público de México la pianista y compositora británica Winifred Christie y en diciembre György Sándor se dejó aplaudir en la Fantasía en tres movimientos de Schumann, en los Doce Estudios de los opus 10 y 25 de Chopin y en la Sonata número 14 de Mozart.
Los días 22 y 24 de noviembre el Coro de Madrigalistas que dirigía Luis Sandi presentó Les noces (Las bodas) de Stravinski, teniendo como cantantes solistas a Dolores Cárdenas, Concepción de los Santos, Carlos Mejía y Francisco Alonso, y a los pianistas solistas Francisco Agea, Ignacio Rodríguez, Roberto Téllez Girón y Eduardo Hernández Moncada.
Un día después, y hasta el 30 del mismo mes, el Ballet de Bellas Artes, bajo la dirección artística de Waldeen von Falkenstein, bailarina y maestra de danza estadounidense (Dallas, 1913-Cuernavaca, 1993). Fundó la gran escuela de la danza mexicana. Ofreció las coreografías Procesional, con música de Hernández Moncada, Danzas de las fuerzas nuevas, con música de Galindo y La coronela, con música de Revueltas.
La función del día 30 de noviembre se celebró en honor a los embajadores y enviados extraordinarios a la toma de posesión del C. Presidente de la República, General Manuel Ávila Camacho.
Regresó la ópera el 3 de diciembre con Rigoletto, que cantaron Francisco Sierra, Ricardo C. Lara y Evangelina Magaña.
El año musical concluyó con una gala de zarzuela y teatro el 8 de diciembre, a beneficio del actor Antonio Bravo, en la que se interpretó La Dolorosa, de Serrano, con Dorini de Disso, Manuel Pineda, Jesús Freyre, Carmen Soler, Víctor Torres, Vicente Roig y Agustín Sen; y la obra teatral Cobardías, de Linares Rivas, con las actuaciones de Pepita Meliá, Benito Cibrián, Amparo Villegas, Salvador Marín de Castro, Ofelia Guilmain, Felipe Montoya y Consuelo Monteagudo.


