Die Zauberflöte en Berlín

Febrero 19, 2026. Berlín es la ciudad de La flauta mágica: no hay otra ciudad en el mundo que haya tenido (y que sigue teniendo) tantas puestas en escena de esta obra. 

¿Cuál será la razón de que solo aquí se produzca este fenómeno? Y ¿cómo es posible, siendo esta la ciudad de tantas nuevas producciones, que la Deutsche Oper solo tenga una producción? ¿Qué pensara el lector cuando está por ir a ver una producción estrenada en 1991 y ya vista 404 veces (o sea un promedio de casi 12 funciones por año)? ¿Será una producción vetusta, totalmente pasada de moda, sin ninguna validez en el mundo caótico de hoy? 

La clave está en la cifra, o sea 404. Es una cifra que revela por sí sola que en todos estos años (yo la vi en su estreno y unas cuantas veces después), la producción no solo es válida, sino que muestra cómo se puede poner una ópera clásica sin dañar o tergiversar su contenido. 

He visto muchas producciones del afamado director de teatro Günter Krämer, cuya trayectoria no necesita introducción. Krämer no es un representante de Regietheater. Quizás podría decirse que su estilo es “moderno” y de soft Konzept, y sigue al pie de la letra la trama y el texto de la obra que presenta al público, tanto en teatro hablado como en ópera. Sus puestas en escena sirven de base a futuros intérpretes para desarrollar sus caracterizaciones. En esta reposición hubo parte del público que reaccionó con gran entusiasmo cada vez que pensaban que una escena había terminado (cuando por lo general no había terminado), o que un dúo había concluido, o incluso la obertura. 

Ese público es el público del futuro: jóvenes estudiantes que participan en los intercambios con esta institución. La atmósfera que se crea es diferente. Ese público es mucho más espontáneo, directo y ruidoso (no es una queja, ya que los ruidos son exclamaciones de asombro). También hubo reacciones espontáneas del público (no solo por la presencia de estudiantes) frente al texto del libreto de Emanuel Schikaneder que, por decir algo leve, es misógino. 

Como se ha visto en otras ocasiones en este teatro, las producciones más viejas de afamados directores como Krämer o Götz Friedrich dan oportunidades a cantantes más jovenes que no son conocidos. Las pocas ocasiones en que me tocó ver y escuchar este tipo de elencos han sido siempre ocasiones muy felices, y también lo fue en este caso. Kieran Carrel es un joven tenor británico-alemán que posee el típico color y emisión de los tenores mozartianos. Es una voz robusta pero no pesada, de clarísima dicción, bella, de coloratura y fraseo ágiles que le permitieron cantar con autoridad y belleza el rol de Tamino, sin poner nunca un pie en falso. También supo moverse convincentemente en escena, algo que en realidad todos los cantantes hicieron.

Hye-Young Moon es una soprano coreana de estatura diminuta, pero de presencia imponente: se mueve con autoridad felina y, si se añade una coloratura feroz e impecable su Reina de la Noche, fue realmente temible. Como Pamina, la figura central de la obra, Nina Solodovnikova lució muy bien. Es una cantante atractiva que supo moverse con mucha soltura y cuya voz hizo lo mismo, con bello color, largo fiato, y buena escuela para cantar su emocionante aria ‘Ach, ich Fühl’s’ en forma excelente y convincente. Es una aria muy difícil de controlar. 

No es la primera vez que un personaje se convierte en el centro de atención en una ópera, y menos aun cuando ese personaje es Papageno. El cantante irlandés Padraic Rowan pareció nacido para el rol. Rowan posee un dominio total de la lengua alemana, cómodo con la música y con los diálogos. Pero Rowan además crea un ambiente simpático muy suyo, sentándose al borde del escenario y conversando y jugando con la primera fila de espectadores. La voz es simplemente perfecta para el rol, y seguramente para muchos otros del repertorio mozartiano. 

Tobias Kehrer es un bajo de ley, su registro es feroz, incisivo, de dicción clarísima y sus movimientos en escena tuvieron la autoridad y distinción que el rol de Sarastro demanda. Me gustó mucho Burkhard Ulrich en un rol que generalmente desagrada al público: Monostatos es un producto de esa sociedad dividida; es útil a ambos lados y eso lo convierte en un intrigante. 

Muy simpática y sexy la Papagena de Hyejin Lee, y excelente y muy bien ensayado todo el vasto elenco. Michael Bachtadze como el Orador; Benjamin Dickerson y Jörg Schörner como el primero y segundo sacerdotes; Flurina Stucki, Arianna Manganello y Alexandra Meteleva como las tres damas; Thaisen Rusch y Volodymyr Morozov como los dos hombres armados y los tres niños solistas del coro de niños de la Deutsche Oper. Convenció también la integración del elenco en todo aspecto, signo también de una producción que inspiró al elenco. 

Friedrich Praetorius dirigió la excelente orquesta dando espacio a la música y acelerando el drama cuando fue necesario. La próxima vez que el lector viaje a Berlín en el invierno, no se pierda este sensacional espectáculo.

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