Le Concert d’Astrée en Barcelona

Diciembre 1, 2025. Como parte de una extensa gira que incluyó presentaciones en diversas ciudades de Francia y España, el reconocido y celebre ensamble instrumental y vocal francés especializado en la interpretación de música barroca, Le Concert d’Astrée, ofreció un memorable concierto en la pintoresca sala del Palau de la Música Catalana de Barcelona como parte de la décima temporada de la asociación de conciertos BCN Clàssics.

Aunque el concierto se enfocó en la ejecución del conocido Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736), el programa incluyó piezas de diversos compositores de la escuela de música barroca napolitana, un fenómeno cultural que tuvo su auge en el siglo XVIII en la ciudad frente al mar Tirreno, del cual surgió Alessandro Scarlatti (1660-1725) como una de sus figuras más talentosas e influyentes, y cuyo estilo se convirtió en referente de la tradición musical occidental, por su música sacra, profana e instrumental. 

La velada inició con el Concierto a cuatro para cuerdasnúmero 5 en La menor de Francesco Durante (1684-1755), una pieza poco conocida y olvidada, de quien fuera profesor de Scarlatti en Nápoles, para dos violines, violonchelo y bajo continuo, que el ensamble francés recuperó y ofreció en esta ocasión en una sentida interpretación, en la que los arcos parecían acariciar las cuerdas con coloridos contrastes de expresividad en cada uno de sus tres movimientos. Durante fue un compositor que influyó en la evolución de la música napolitana, ya que se dedicó particularmente a la enseñanza y componer música eclesiástica, dejando a un lado la composición operística, un género muy importante en el tiempo y lugar donde vivió.

De Domenico Scarlatti (1685-1757), hijo prolífico de Alessandro, cuya música floreció principalmente en las cortes de Portugal y España, se ejecutó su Salve Regina para contratenor y cuerdas en La menor, que tuvo como solista a Carlo Vistoli, el reconocido contraltista, como él mismo se define, quien desplegó lirismo y amplitud en un estilo más operístico que camerístico, sacro o religioso, que es homogéneo en su apego al sentido del texto, con una textura musical muy expresiva y especialmente seductora. 

Domenico Scarlatti compuso 15 óperas y numerosas obras sacras, hoy desconocidas, salvo la obra escuchada en esta velada, que evoca la ópera en pequeñas cadencias virtuosas y pasajes. De otro compositor imprescindible de la escuela napolitana, Leonardo Leo (1694-1774), se escuchó su Salve Regina para soprano y cuerdas en Fa menor, que tuvo como solista a la soprano húngara Emőke Baráth. La composición de Leo es una joya que mezcló el virtuosismo vocal, la destreza en la ornamentación y el legato que le imprimió esta destacada intérprete del estilo barroco, cuya voz fue arropada por las cuerdas y el bajo continuo con un estilo de carácter sacro, elegante y expresivo. 

Alejándose un poco la música napolitana, el ensamble interpretó la Sinfonía fúnebre en Fa menor D.2.2 del violinista italiano Pietro Antonio Locatelli (1695-1764), quien vivió gran parte de su vida en Ámsterdam, y se dio a conocer principalmente por su música instrumental: concierti grossi y conciertos para solista y sonatas, de un estilo cercano al de Arcangelo Corelli (1653-1713) y a la riqueza armónica de Antonio Vivaldi (1678-1741). Esta Sinfonía fúnebre, en cinco movimientos, inicia con el ‘Lamento’ trágico, que evoca el inicio del Stabat Mater de Pergolesi, seguido de un grato ‘Alla breve ma moderato’, sus contrastantes ‘Grave’ y ‘Non presto’, su movimiento más ligero que parece ser el de un concierto grosso, para culminar con ‘La Consolazione’, algo más moderno que nos hace pensar en la música de Franz Joseph Haydn. 

El concierto culminó con el Stabat Mater de Pergolesi, que unió las voces compenetradas de Vistoli y Baráth en este motete de 12 secciones, sin recitativos, en el que se alternan los solos y dúos vocales sobre un acompañamiento de cuatro partes de cuerda y bajo continuo. La obra es eminentemente expresiva, con algunas disonancias y efectos conmovedores y tristes. Pergolesi, compuso con un estilo y un gusto melódico más cercano a la ópera que a la tradición eclesiástica, un lenguaje más enfocado al corazón que al espíritu. Notables intervenciones tuvieras ambos solistas, pero queda el recuerdo de la memorable interpretación de la alegre aria ‘Quae moerebat et doleba’ (‘Ella que lloró y sufrió’) que regaló Vistoli. 

Desde el órgano, la maestra Emmanuelle Haïm, directora y fundadora de esta agrupación instrumental, demostró la manera detallada, rigurosa y entusiasta con la que guía y contagia a sus músicos, de los que extrajo un sonido compacto, ligero y dinámico, con apego y atención a las voces. Actualmente, esta es una de las mejores orquestas francesas de música antigua, ya que posee oficio en ópera barroca, y se presenta en los fosos de importantes teatros de ópera de los teatros de Lille, su sede, y de las óperas de Paris, Ámsterdam, y el próximo año en Zúrich, entre varios otros. 

Ante el entusiasmo del público del público, en una sala repleta para este concierto, se interpretaron dos bises de dos oratorios de Händel, que fueron ‘Dolci chiodi’ de La Resurrezione; y ‘Who calls my parting soul from death’de Esther

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