Manon Lescaut en Barcelona

Marzo 17 y 19, 2026. Faltaba desde hacía tiempo la primera obra madura de Puccini, y no es de sorprender por las dificultades que entraña. Se optó por una nueva puesta en escena procedente de Frankfurt de Àlex Ollé

No sé si porque de allí procedía, estuvo muy lejos de la producción del propio Ollé de Enemigo del pueblo que se vio en Madrid y Valencia (o tal vez porque se trataba de una ópera española cuyo libretista era el director de escena). Aquí tuvo al final aplausos, pero también protestas, y realmente creo que las últimas estaban justificadas. Empezamos sin música con la voz de una mujer en lengua extraña (georgiano o armenio, según se me dijo sin seguridad total) en un video en el que habla a su hijo, Lescaut, porque le preocupa su hija, Manon, ambos inmigrantes clandestinos. Pero la obra no sigue por ahí más que para hacer que Manon y las demás lleguen en un furgón a lo que parece un bar de baja categoría en una estación de tren a cuyo lado hay la recepción —en dorado— de lo que se supone un gran hotel. 

Aunque siga llegando de Amiens y su destino sea el convento, Manon es una muchacha ya gastada y descreída que fuma y bebe y acepta sin mucha alegría la propuesta de fuga de Des Grieux. Después aparece en una especie de burdel con otras “trabajadoras” (la más importante de la cual es el músico) que parece pertenecer a Geronte. Mejoran los últimos actos donde casi no hay escenografía: en el último nada del todo por fortuna.

La dirección musical de Josep Pons hizo poco por mejorar las cosas. La orquesta sonó muy bien, pero muy fuerte y más analítica que apasionada. El coro, preparado por Pablo Assante, lo hizo bien. Como protagonista se contó con la celebrada Asmik Grigorian, siempre una garantía como intérprete, pero vocalmente no es para la parte, aunque tiene buena técnica y canta bien. La voz no tiene mucho espesor, ni el timbre es esplendoroso, y la tradición del canto de conversación le es extraña. Con todo, fue de lejos lo mejor. 

Debía debutar Joshua Guerrero, pero no lo hizo, en Des Grieux. En su lugar apareció un para mí desconocido Ivan Gyngazov, muy alto y apuesto, con buen material y una emisión totalmente engolada y estentórea. Tampoco fue muy convincente el Lescaut de Iuri Samoilov como Lescaut, de mucho caudal, pero emisión irregular. 

El veterano Donato Di Stefano fue un convincentemente repugnante Geronte, mientras que fue interesante Filip Filipovic como Edmondo y Mercedes Gancedo demostró su buena escuela y su sex appeal en la canción del músico. También se lució (no escénicamente, pero no por su culpa) el farolero de Andrea Antognetti. Mucho público, aunque no agotó las localidades, y mucho entusiasmo por todos salvo lo dicho para los responsables del desaguisado escénico.

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