Ángel Rodríguez: el arte del acompañamiento

Ángel Rodríguez: «El canto es un deporte de alto rendimiento»

 

El maestro Ángel Rodríguez es uno de los músicos más renombrados en el panorama operístico. Cuenta con una carrera de más de tres décadas y una reputación como uno de los grandes pianistas acompañantes de México. Su musicalidad, una sensibilidad a flor de piel y su inmenso conocimiento sobre las voces lo hacen un pianista ideal para recitales y conciertos de varios de los más importantes cantantes de ópera de la actualidad.

La lista de intérpretes con los que ha colaborado es impresionante, comenzando con los tenores Francisco Araiza, Javier Camarena, Arturo Chacón Cruz, Ramón Vargas y Rolando Villazón, y las sopranos María Katzarava, Anna Netrebko, Ailyn Pérez, Nadine Sierra y María Luisa Tamez, entre muchos otros.

Cuenta entre sus maestros a músicos como Gonzalo Gutiérrez, Enrique Jaso, Kamal Khan y Gonzalo Romeu. Además de ser pianista acompañante, ha sido pianista repasador de la Ópera de Bellas Artes y da clases a jóvenes cantantes en su Colegio de Arte Vocal, asesorándolos y ayudándolos con su repertorio. Entre sus grabaciones discográficas cuenta con los CDs “Grever y Lara” con María Luisa Tamez, y tres discos al lado del tenor Javier Camarena: “Recitales”, “Serenata” y “Sogno” con canciones de Francesco Paolo Tosti para la marca Pentatone. 

Recientemente tuvimos la oportunidad de conversar con el maestro Ángel Rodríguez, en vísperas de su concierto con la soprano María Katzarava en el Festival de Música de Morelia, y conversamos sobre su carrera, su visión de la música, del canto y de cómo ve en retrospectiva su fascinante e interesante viaje por el mundo de la lírica. 

 

Con María Katzarava en el Festival de Música de Morelia, 2025

 

Comencemos por platicar sobre este concierto “Cuba y México en el Corazón” que tú y María Katzarava prepararon para presentarse en el Festival de Música de Morelia. ¿Cómo eligieron el repertorio?

Es algo muy hermoso este programa porque, de alguna manera, es la historia de María conmigo; la conozco desde que ella tenía 17 años y desde ese entonces hicimos una dupla maravillosa: ella fue mi alumna un tiempo cuando María estaba comenzando su carrera y para mí fue un honor participar con el talento de esa chica. ¡Era un tren bala! Su musicalidad, su interpretación, todo lo que representaba y su voz, sobre todo. 

Este recital es una manera de recordar esta alianza que creamos ella y yo desde un inicio, una amistad que ha perdurado, aunque hubo un tiempo que, por cuestiones del lugar donde vivíamos cada uno, nos separamos. Ella estaba en Europa y yo siempre me he mantenido en México. Ahora nos hemos vuelto a juntar y queremos que este primer recital, después de tantos años, sea un recorrido por las cosas que más nos gusta hacer, que es nuestra propia música, la cubana y la mexicana. Muestra la alianza que siempre ha existido entre nuestros dos pueblos. Estas piezas que elegimos interpretar en este recital son piezas semiclásicas porque son casi operísticas, tanto de acompañamiento como vocal.

 

Con Javier Camarena en Bellas Artes, 2025 © Bernardo Arcos Mijailidis

 

En los recitales en los que te hemos visto tocar, has hecho arreglos para piano de varias canciones de música tanto latinoamericana como europea. ¿Adaptas los arreglos dependiendo el artista con el que colaboras?

En principio, los arreglos que yo hago son de canciones que, aunque sus compositores tenían una formación de música clásica, se volvieron populares; hablamos de Maria Grever, Ernesto Lecuona, Jorge del Moral, etcétera. Todo el mundo las cantaba en su época, y aún hoy en día muchos jóvenes las interpretan. Varios de mis alumnos las conocen muy bien y las cantan. Cada pieza que yo arreglo tiene la historia y alma de un cantante. 

Cuando hacemos este tipo de recitales, desde que yo llegué a México en 1995, por ejemplo, un cantante me propone o yo le propongo una pieza que él o ella no conocía y de ahí decide hacerla y nace algo precioso. Esto me pasó con Rolando Villazón, cuando le propuse hacer la canción ‘Besos robados’. En ese caso tuve que hacer el arreglo de tal manera que se moldeara al ritmo, energía y magia que el podía expresar y también lo que puedo dar yo en el piano. En ese momento se vuelve exclusivo de ese cantante. Ya después, con el paso de los años, muchos cantantes lo toman, pero ya está estructurada la pieza y se posicionó. 

Ese fue mi primer arreglo de ‘Besos robados’. Luego hice un segundo, pero esa primera vez tiene el sello de Rolando. ‘Dime que sí’ de Esparza Oteo, el que siempre hago para todos, también es de Villazón. Y así, cada canción tiene relación con el cantante para el cual hice el arreglo. El cantante a quien más arreglos de canciones le he hecho es a Javier Camarena. Con él llevo 14 años haciendo recitales por todo el mundo; eso es algo increíble. Y en realidad son 20 años de amistad, de conocernos porque yo lo conocí cuando era un crío y llegaba a concursar en el Morelli. Ya desde ahí le veías a Javier el temperamento, la capacidad que tenía este chico para convertirse en la estrella de la ópera que es hoy en día. Cada pieza que arreglo tiene mucho de mí y mucho del cantante en cuestión. 

Debo decir que con Ramón Vargas también he hecho muchos recitales (donde hice arreglos de canciones especialmente para él). Mi arreglo de ‘El Triste’ de Cantoral lo hice para él. Y si hablamos de los arreglos orquestales que hice para el concierto Tres Generaciones en la Sala Nezahualcóyotl en 2016 con Francisco Araiza, Javier Camarena y Ramón Vargas, conocía muy bien las voces de los tres, así que hacer arreglos para ellos no fue difícil. Lo importante es que el cantante se sienta feliz con el trabajo que hice y que pueda expresarse al máximo.

 

Con Ramón Vargas en Bellas Artes, 2024

 

En todos estos años en que has trabajado con grandes cantantes nacionales e internacionales, no solo en recitales sino también como repasador en varias óperas, ¿crees que ha servido tu conocimiento de las voces para darles la confianza necesaria para dejarse guiar por ti?

A mí me enriquece mucho el hecho de ser cubano. Cuba es un país de música popular: ahí se inventó la contradanza, el danzón, el bolero, el Cha-cha-chá, todos estos ritmos que, de alguna manera, han influido en la música de todo el continente. Músico que es cubano trae una raíz popular muy profunda; luego llegamos a México, que es un puente cultural con Cuba, y se crea algo verdaderamente extraordinario. Ha recibido y hospedado a grandes artistas cubanos en la época de oro del cine. El bolero entró a México en Progreso, Yucatán, e ir ahí es como estar en Cuba. 

He tratado de no solo ser un músico académico; quiero ser un músico de la calle. Mis mejores aprendizajes han sido en la calle, con la música popular, en el bar, en las bohemias. Ha sido también en los momentos en que el cantante de ópera se desafana de toda esa máscara intelectual del arte y de la matemática musical, toma una copa y se deja llevar por el verdadero sentimiento. Toda la raíz del sentimiento está en lo que el pueblo ha expresado a través de la música popular. Yo me considero un músico popular y eso me ha dado herramientas para colaborar con los cantantes a los que les encanta abordar otros géneros fuera de la ópera. Uno se da cuenta cuando hay algún cantante lírico que ha abordado música popular, porque su expresión es distinta… ¡Se nota la diferencia! 

Creo que es un gran sello de nuestro pueblo mexicano, de nuestros cantantes, pues todos ellos interpretaron en algún tiempo canciones de mariachi y las siguen cantando. México es un país que se merecería tener 200 cantantes de ópera a nivel internacional. El éxito no es solo debido a lo que ya traen genéticamente en sí; se debe tener una preparación, una organización, una estructura, una decisión. Hay que reflexionar en qué estamos fallando que no estamos exportando aún más cantantes al extranjero a nivel internacional. Así como tuvimos a Araiza, Cruz-Romo, tenemos a Vargas, Camarena, Chacón-Cruz, Katzarava… etcétera. 

¡México es, indiscutiblemente, un país de cantantes natos! Es un pueblo que ha sufrido mucho y eso lo hace capaz de expresar con mayor sinceridad cuando canta, aún en el canto lírico. El escenario es transparente, es una lupa gigante; todo sale. El pueblo mexicano es capaz de pararse en un escenario y mostrar sin miedo su dolor. 

 

Con el maestro Enrique Jaso, 1995

 

En tu experiencia trabajando con cantantes en talleres de ópera y preparándolos para funciones, ¿qué notas que son los pros y los contras que tienen los artistas mexicanos jóvenes?

Algo en lo que creo que estamos fallando mucho es el trabajo en equipo. Recuerdo hace 30 años, que llegué a México, en la época del gran maestro Enrique Jaso, icónico profesor de grandes voces, y había entre compañeros más unidad, más respeto, más consideración. Esto se está perdiendo un poco; no sé si sea producto de las redes sociales o de alguna falta de realización personal. Se lo dejo de tarea a los sociólogos, pero sí creo que se ha perdido la capacidad de trabajar en equipo y el respeto al otro. Cada estrella tiene un metabolismo distinto: les estamos exigiendo a todos la misma capacidad y eso no es posible. 

 

Con Carlos Almaguer y María Luisa Tamez en el FAOT 2014

 

Platiquemos de tus grabaciones discográficas con dos cantantes mexicanos muy importantes: el disco “Grever y Lara” en el que colaboraste con la mezzosoprano María Luisa Tamez y los tres discos que grabaste con Javier Camarena: “Recitales”, “Serenata” y “Sogno”.

Agustín Lara es de mis compositores favoritos, y me da mucho pesar que las nuevas generaciones no lo están cantando. Lo ven extremadamente popular y pues Lara tiene muchas piezas que incluso pueden llegar a ser como Lieder alemanes, sobre todo en canciones de concierto, como ‘Cabellera negra, cabellera blanca’. Hay piezas verdaderamente bonitas. María Grever es la favorita de todos, sobre todo por la canción ‘Júrame’. Es increíble que la canción más traducida y conocida de ella es ‘Bésame mucho’, pero todos aman más ‘Júrame’. 

María Luisa Tamez es una extraordinaria cantante, una mujer que creció en el ambiente de la música y el canto popular, sabe el decir de las palabras y cómo ponerles sentimiento. Por ello no fue nada difícil seleccionar a Grever y Lara como los compositores que queríamos grabar. Ella y yo coincidimos mucho en sentimientos, en interpretación; es un disco muy bonito, lo sacamos muy rápido.

El tema con los discos es que ahora todo mundo graba, ya todo es un CD, todos son expertos, todos son críticos, todos son músicos. Va todo tan rápido en el mercado discográfico que ya los discos se quedan encajonados porque ahí viene otro y otro y otro. 

Pasando a los CDs con Javier, los primeros dos que mencionas no pensábamos que iban a ser discos. Inicialmente fueron dos recitales que hice con Javier y se llevaron los demos para que se pasaran a disco. Me siento privilegiado de haber estado presente en la carrera de cantantes mexicanos como Javier o Rolando, a quienes acompañé en sus primeros recitales y que salieron al mundo a triunfar. 

El disco “Sogno” es un capricho que Javier y yo teníamos desde hace mucho tiempo, porque queríamos grabar canciones de Tosti, que también es un músico popular. Estuvimos estudiando muchas grabaciones, sobre todo antiguas, y nos dimos cuenta de que esta música no es tan rígida como nos la quieren mostrar en las academias. Nos dimos cuenta de que los pianistas hacen variaciones y arreglos, por lo cual dijimos: “¿Y por qué nosotros no hacemos lo mismo?” Es un testimonio que ahí quedó, es un disco precioso y los invito a que lo escuchen. Javier hace un trabajo hermoso de interpretación.

 

Me pareció muy bien que tú y Javier no las interpretaron como arias de ópera, como suelen hacer algunos tenores de antaño, que parece que están cantando en estilo verista y no canciones populares…

Exacto. Le dimos el toque, el estilo de lo que son: canciones populares que se cantaban en la calle. Queríamos darle frescura, que pareciera que estábamos en la sala de una casa, pasándola bonito. Lo más precioso de la vida como artista es el recital, la presentación, el “en vivo” y la oportunidad de equivocarte. 

Recuerdo una vez que la gran Teresa Berganza me dijo: lo más hermoso no son las flores, no es el cheque, las luces, el aplauso, lo más bonito es llegar a casa y decir “hoy estuve bien”. Pero no siempre es así (ríe). Es un reto magnífico pararse en escena y por ello es importantísimo permitirles a los jóvenes cantantes que se presenten en un teatro. Hay que abrirles la puerta a ellos, pero tampoco por ello cerrársela a los más viejos. Todos tienen que estar en el escenario; es una carrera en donde nunca se termina de aprender. Hay un aprendizaje mutuo entre los artistas jóvenes y los veteranos. 

 

Con Rolando Villazón en ensayo en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM, 2024

 

Has acompañado a varias de las más grandes estrellas de la ópera internacional. ¿Podrías compartir con nosotros alguna anécdota con alguno o algunos de ellos?

Con Rolando Villazón he vivido cosas muy interesantes: entrar al escenario segundos antes del recital y decirme “haz la canción mejor en Sol mayor y no en Fa”. Eso te da chance de improvisar y son cosas que te ponen los nervios de punta, pero también te diviertes. Con cada cantante tengo muchas historias, algunas historias sobrehumanas y otras de terror. Con Javier siempre nos abrazamos antes de entrar al escenario, nos tomamos en serio el “in bocca al lupo”. Cuando hay algún desliz de tiempo o cuando yo los sorprendo con algo distinto, ellos me lo agradecen. Me divierto mucho con los cantantes mexicanos.

Con Anna Netrebko ensayamos poco porque oye la primera frase y me dice: ya está, nos vemos en el escenario. Tenemos una armonía hermosa; tengo muchas historias bonitas. 

Considero que la crítica debe realzar lo mejor de la presentación y de las relaciones humanas. Si los críticos hablan solo de lo malo, alejan al público, tanto el viejo como el nuevo. Estamos en una época en la que las redes exponen todo lo malo; hay que demostrar que cada presentación es un acto heroico y un acto de entrega total.

 

¿Crees que el apoyo a los jóvenes cantantes ha mejorado o empeorado desde que llegaste hace 30 años a México?

Yo creo que hoy en día no la tienen tan difícil los muchachos; cuando yo empecé la carrera era muy complicado conectarse con la gente del medio. Recuerdo que tenía uno que conseguir unos libritos de los festivales y llamar a la gente. Ahora es facilísimo, envías correos electrónicos, hay mucha oportunidad y las redes sociales son una maravilla, hasta cierto punto. La parte mala es que, hoy en día, hay un déficit de que la gente quiera ir al teatro. Ya no es un tema de los artistas: el público tiene ahora el acceso a las funciones a través de las plataformas. Con ello estamos alejando a la audiencia de los teatros. Esto sucede en varios aspectos: los teatros han tomado las redes sociales como algo muy novedoso y transmiten varias de sus funciones haciendo que mucha gente diga: “Si ya lo puedo ver en mi casa, tranquilo, para qué voy al teatro”. Las transmisiones de ópera en el cine pueden ser un gran peligro, tal vez no en este momento, pero sí en el futuro.

Algo que se debe hacer también es sacar la ópera, y el arte en general, de los espacios, del teatro. Se tuvieron iniciativas de ópera en el mercado, ópera en la calle, que fueron muy buenas en su momento, pero de nuevo, ya la gente no va a querer ir al teatro y pagar un boleto. Hay casos muy tristes en que pagan sus boletos y por desidia no van. Hay incluso gente que ama la ópera que ya no están yendo a verla en vivo, y eso es muy preocupante.

Si los empresarios y compañías que patrocinan las óperas o los eventos culturales ven que ya no se están llenando los teatros, bajan la capacidad y el apoyo a los mismos. Ya muchos teatros alrededor del mundo no tienen esos llenos totales que tenían en el pasado. El arte es un nicho pequeño y es el que más sufre esto.

Otro aspecto que me parece preocupante es que le estamos facilitando todo a la persona que va al teatro; no tengo nada en contra del supertitulaje, me parece muy bien, pero con ello ya le estás “masticando” todo al escucha. Los jóvenes ya no se dejan llevar por lo más hermoso que es sentir a través de los oídos, de la mirada. Una vez que estás enfrascado en una pantalla, la experiencia no es igual. El sentimiento es en el momento exacto, pasa en segundos. Incluso para el cantante, no todas las funciones son iguales; ellos mismos ya son otros del que hizo la función de unos días atrás. Los artistas somos distintos en cada presentación.

Hay un fenómeno reciente que me parece muy malo para la ópera, que es el tema de los famosos influencers, que hasta se burlan de la ópera. Lejos de realzar el valor de este arte, se burlan y lo hacen percibir como algo superficial. La ópera debe afrontarse con seriedad; no es un chiste o algo banal, estamos hablando de sentimientos, relaciones humanas, donde queremos que las personas vengan a reflexionar, entren con un concepto y se lleven algo de la experiencia. El arte debe transformarnos en mejores seres humanos.

Sobre la preparación de los chavos, solo basta entrar al Instagram para ver cuántos “famosos” hay. No me refiero a cantantes o artistas, cualquiera que haga una página y tenga muchos seguidores ya es famoso. No lo critico, me parece genial, pero los artistas debemos vernos en otra posición. Los chicos se desesperan y quieren tener miles de seguidores y aún así, si los llegan a tener, no los ves triunfar ni los ves en los mejores teatros. Incluso teniendo miles y miles de seguidores. El arte no se obtiene rápido; es un tema bastante delicado. Muchos alumnos jóvenes piensan que en una clase van a adquirir todo el bagaje que se necesita; pueden obtener herramientas en una clase, pero llevarlas a la práctica son años y años de estudio. 

Me preocupa que muchos artistas se están convirtiendo en seres egocéntricos, no les interesa lo que hay afuera, solo se enfocan en ellos mismos. Todo ello los lleva después a una insatisfacción constante, que también es producto de las redes sociales. Aunque tienen fama y muchos seguidores, quieren más y más y más. En esa dinámica estamos entrando los artistas clásicos. Nos estamos alejando de nuestros compañeros, de formar equipo con ellos, de abrazarnos y apoyarnos mutuamente. El canto es un deporte de alto rendimiento y, como tal, requiere que nos apoyemos como compañeros, no de que estemos esperando a que el otro falle para tirarlo. La verdadera gloria está en compartir. 

 

¿Cómo te sientes en estos momentos en tu vida artística?

En estos 37 años de carrera (que empecé en 1988), me siento muy feliz porque estoy encontrando la capacidad de poder decir: aunque no tenga tal o cual privilegio, yo me he ganado gota a gota estar en la posición donde estoy. Es un honor. No tengo ninguna envidia. Me encanta que la gente pueda realizarse, soñar y cumplir esos sueños. Si yo puedo apoyar en ese proceso, lo hago de corazón. 

 

¿Alguna vez has querido hacer carrera como solista?

No, yo soy un pianista acompañante. No me considero un concertista. Tengo todavía mucho que aprender sobre el acompañamiento, sobre la ópera y sobre el canto. ¡Es infinito, nunca se termina de aprender! Hay veces que los cantantes que acompaño me dan la oportunidad de tocar algunas piezas como solista, pero nunca ha sido mi propósito principal. 

 

¿Qué planes futuros tienes?

Yo, en un futuro, me veo tranquilo con mis cinco perros. Quiero hacer un santuario de Xoloitzcuintles. Haré dos que tres conciertos por ahí y luego me dedicaré a descansar y a disfrutar la vida en paz.

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