Los 40 años de Pro Ópera, A.C.

 

En El anillo del nibelungo de Richard Wagner, los recuentos de su contenido argumental son recurrentes y forman parte de la historia que se despliega en escena. Además de configurar su peculiar arquitectura, ese recuento constante tiene al menos dos importancias músico-dramáticas. En principio, refresca al espectador los puntos clave de la trama que presencia. Y, por si fuera poco, suma la perspectiva particular de algún personaje protagonista sobre las acciones, proyectando una mirada enriquecida y plural que permite acercarse a la obra desde distintos ángulos complementarios.

De igual manera que en la Tetralogía wagneriana, la historia de Pro Ópera, A.C. se ha relatado en diversos momentos en las últimas cuatro décadas, por varios de sus protagonistas. Y se ha detallado con aristas específicas —algún aniversario, un nuevo apoyo lírico, cierto proyecto puesto en marcha—, en espacios de resonancia que, desde luego, incluyen las páginas de su revista impresa —editada durante 28 años, de 1993 a 2020—, a la postre transformadas en su actual portal electrónico.

No obstante, los 40 años que en 2025 cumple esta asociación civil, formalmente constituida el 19 de diciembre de 1985, son ocasión propicia para hilvanar un nuevo y actualizado recuento que atraiga al presente la relevancia de cuatro décadas de una misión, llevada a la realidad: “Apoyar, promover y difundir la ópera en México”.

 

La idea de Pro Ópera nació a partir de las «cantatas» organizadas por los fundadores Antonio Dávalos y su esposa, Josephine Ott de Dávalos

 

Cantatas

Los orígenes de Pro Ópera se remontan a los años 70 y 80 del siglo pasado, cuando se llevaban a cabo una serie de reuniones de un grupo de amantes y conocedores del arte lírico, cuyos integrantes no solo degustaban de funciones en vivo y grabaciones, sino que sentían la necesidad de compartir sus impresiones, intereses y diversas inquietudes sobre el tema, con gente que tenía la misma pasión. En esos encuentros, además de conversar, intercambiar saberes y degustar algún platillo o bebida, también tocaban el piano y cantaban.

El abogado Antonio (Tono) Dávalos Osio fue alma de aquellos encuentros, fundador y primer presidente de la asociación desde 1985 hasta 1992, año de su fallecimiento. Su esposa Josephine Ott (Jo Dávalos) ofrece a continuación un panorama de aquellas reuniones: “En el grupo original había muchos cantantes, todos amateurs, pero algunos muy buenos. Ahí estaban Fernando de la Barreda, Germán Herrasti, Gastón Ramírez de la Concha, Guillermo Rivera Gorozpe, y Arturo Olivé. Todo empezó en la casa del arquitecto Herrasti. Cuando nos invitaron, Tono ‘enloqueció’, pues era muy musical. Tenía un amigo de juventud, Samuel Maynes, a quien reencontró, quien tomaba clases de canto con Guido Picco. Tono también tomó clases de canto con Picco, con quien hicimos gran amistad. 

“Las cantatas en casa de Germán eran verdaderamente de cantantes amateurs. Luego Tono empezó a invitar a cantantes y acompañantes profesionales, y algunos de los de antes desertaron. Los primeros profesionales fueron Josefina Flores Botello, Rosita Rimoch, hermana de nuestro amigo Samuel Rimoch y, por supuesto, Gilda Cruz Romo.” [Veinte años de promover el canto, Josephine Dávalos en entrevista con Xavier Torresarpi. Revista Pro Ópera, septiembre-octubre de 2005. Ambos fundadores de la asociación, como la mayoría de los cerca de 15 integrantes originales del grupo, ya fallecieron, excepto el pianista Guillermo Delgado, que tocaba en las cantatas. Jo murió el 31 de marzo de 2006. Torresarpi el 3 de diciembre de 2024.]

La cantidad y la calidad de las actividades líricas de México, derivadas de las políticas públicas en materia cultural de aquel entonces, no siempre satisfacían el gran apetito y las expectativas de ese grupo original, que poco después comenzaría incluso a viajar de manera organizada para presenciar funciones presentadas por teatros y compañías de otras partes del mundo. 

Aquellos fundadores comprendieron que era necesario sumar esfuerzos para impulsar ese arte en nuestro país, a sus exponentes, creativos y a las instituciones gubernamentales encargadas de producirlo.

 

Para celebrar su 20 aniversario, Pro Ópera patrocinó el debut de Anna Netrebko en Bellas Artes, con Rolando Villazón en Roméo et Juliette, 2005

 

Recuerdo de la época dorada

Otro de los impulsores de muchas de las iniciativas de Pro Ópera, el ingeniero Xavier Torresarpi, da contexto a la presencia de la lírica y de grandes artistas en la historia de México, desde Manuel García y Gabriella Besanzoni, hasta Enrico Caruso, Francesco Tamagno, Luisa Tetrazzini y Ghena Dimitrova. Y resalta la importancia de los esfuerzos privados en la escritura de aquellas páginas musicales memorables, que menguaron cuando el Estado dejó fuera a la iniciativa privada y tomó las riendas absolutas de buena parte de la vida pública del país: 

“La iniciativa privada, que aún no era identificada por ese nombre, fue la que protagonizó las producciones del periodo que algunos llaman ‘la era dorada de la ópera en México’. Eran las temporadas de Ópera Internacional, con Antonio Caraza Campos a la cabeza, cuando a partir de 1950 vinieron la Callas, Di Stefano, Del Monaco, Valleti, Simionato, Baum, Merrill, Proti, Gobbi, Warren, Rossi-Lemeni, Siepi y tantos otros, a los que se sumaban las glorias nacionales que también fueron internacionales: Oralia Domínguez e Irma González.

“Ópera Internacional y luego la Asociación Musical Daniel lograron reunir patrocinadores de instituciones públicas y privadas para ofrecer sus temporadas, para las que inclusive había abonos y derechos de apartado. Si no había una gran solidez operística, por lo menos sí había estrellas de primera magnitud.

“Todo eso quedó en el recuerdo con el sexenio de Luis Echeverría quien, además de sordo para lo que no fuera folklórico, odiaba la promoción privada. Y se hizo el silencio… El siguiente sexenio tuvo una ‘señora presidenta’ que gustaba de las manifestaciones culturales y que las promovió activa y personalmente. Pero el centralismo excluyente iniciado por Echevarría continuó y se institucionalizó.” [Los 20 años de Pro Ópera, A.C, editorial de Xavier Torresarpi, director de la Revista Pro Ópera, septiembre-octubre de 2005.]

Es en ese panorama en declive para la actividad lírica de nuestro país donde cobra capital importancia el surgimiento de una asociación civil como Pro Ópera, que deseaba aportar a las instituciones responsables, energía, ideas y recursos varios, para que esa historia operística se siguiera escribiendo con lustre.

 

 

Para celebrar el 30 aniversario, se publicó como edición especial «La historia de Pro Ópera (1985-2015)»

 

Promoción y calidad 

El ingeniero Torresarpi, como parte de su infatigable faceta de promotor cultural, fundador también del coro amateur Pro Música, recuerda aquellos primeros viajes grupales, “para conocer la ópera que se producía en el primer mundo. México desafortunadamente ya no estaba en la ‘primera división’ de ese circuito, si alguna vez lo estuvo… Aquel grupo de amigos que se reunían a cantar, a oír a cantantes invitados, y que asistía sin falta a todas las manifestaciones de ópera, zarzuela y opereta que se ofrecían… evolucionó en una Asociación Civil formal… En el acta constitutiva aparecen los siguientes nombres: Antonio Dávalos Osio y Josephine Ott de Dávalos, Fernando de la Barreda y Liliane Becerril de la Barreda, Antonio Fernández Fariña y Julieta Ross de Fernández, Arturo Olivé, Guillermo Rivera Gorozpe, Xavier Torresarpi, Elías Sheinberg, Marcia Frenkel de Sheinberg e Ignacio Sunderland”.

Anuar Charfén Pría, presidente de Pro Ópera, A.C. de mayo de 2015 a mayo de 2017, se refiere también a ese entorno que vio surgir a la asociación, como necesidad de impulso a la lírica, pero también como una gran satisfacción: “México vivía tiempos aciagos. Había transcurrido la mitad del sexenio de Miguel de la Madrid, que había heredado el país tres años antes en medio de la más grave crisis económica desde la Revolución. Como si no fuera suficiente, el terremoto que golpeó a la Ciudad de México en septiembre de 1985 empeoró la situación.

“Ante ese panorama, las perspectivas de las actividades artísticas y culturales, incluida la ópera, no eran halagüeñas. En ese contexto surgió un grupo de amigos preocupados por que, en medio de recesiones y devaluaciones, no solo sobreviviera la mermada actividad de quienes se dedicaban al arte lírico, sino que incluso hubiera más y mejor ópera en México.

“En retrospectiva, podemos afirmar que… en esta asociación nos hemos dedicado a promover la afición y lograr que haya ópera de calidad en México. Podemos congratularnos porque el arte lírico ha sobrevivido a pesar de que en las administraciones subsecuentes el interés por la cultura ha sido marginal y los presupuestos siempre limitados e insuficientes.” [La historia de Pro Ópera 1985-2015. 30 años. Presentación de Anuar Charfén Pría al Encarte para la Revista Pro Ópera, enero-febrero de 2016.]

 

Primeros proyectos

La primera actividad formal auspiciada por Pro Ópera, antes de formalizarse la asociación civil, fue un concierto en el que se tuvo como invitada a la soprano italiana Katia Ricciarelli, quien volvería más adelante, en 1990, para otro concierto que permitió recaudar fondos para la A.C. ya constituida. 

Según recuerda Jo Dávalos, el primer donativo importante, que permitió aquel primer concierto, correspondió a Marcos Maus. “El grupo ya se había consolidado. Íbamos a todas las producciones de Bellas Artes a los mismos lugares y el grupo se fue identificando… Por esos tiempos Luis Echeverría (presidente de México de 1970 a 1976) acabó con el arte lírico en México. Y lo poco que se hacía era obligadamente con cantantes mexicanos, que podían ser buenos, pero eran siempre los mismos; no había variedad… En fin, surgió una idea de juntar fondos para traer talento extranjero que complementara los elencos mexicanos disponibles. Las dos veces que vino Katia Ricciarelli a México a cantar para Pro Ópera, se alojó en nuestra casa.”

En sus primeros años, Pro Ópera también se encargó de patrocinar temporadas de ópera en concierto en colaboración con la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, bajo la batuta del maestro Luis Herrera de la Fuente. Una vez constituida la asociación civil, numerosos entusiastas del arte lírico y de la misión principal abrazada por Pro Ópera se han integrado como asociados y amigos para sumar esfuerzos, ideas y recursos, al tiempo que han obtenido diversos beneficios de alto valor.

 

Viaje de asociados y amigos de Pro Ópera a Nueva York, 2007

 

Cuatro décadas

Los 40 años de Pro Ópera, A.C. se despliegan en el tiempo como patrocinios a diversos proyectos operísticos, publicaciones y actividades que, además de los viajes, configuran una experiencia más integral para un amante de la ópera: cursos, conferencias, cenas con elencos, catas de vino, talleres, realización de conciertos e, incluso, algunas producciones operísticas propias.

A lo largo de cuatro décadas, Pro Ópera, A.C. ha contado con doce presidentes, incluido el actual, José Luis Barros Horcasitas, desde 2024. Sus antecesores han sido Antonio Dávalos Osio (1985–1992), Ignacio Sunderland Méndez (1993–1995), Elías Sheinberg Kovalski (1996–1999), Adolfo Patrón Luján (1999–2001), Luis Rebollar Corona (2001–2003), Benjamín Backal Leinhardt (2003–2004), Ignacio Orendain Kunhardt (2005–2012), María Luisa Serrato de Chávez (2012–2015), (Anuar Charfén Pría 2015-2017), Othón Canales Treviño (2017–2019) y Adriana Alatriste Lozano (2019–2024).

Cada presidencia ha asumido retos específicos para cumplir con la misión de Pro Ópera, con improntas, enfoques y prioridades diversas, pero bajo un denominador común, que le ha permitido convertirse en un actor indispensable del quehacer operístico de las últimas cuatro décadas en nuestro país.

 

Cena de Pro Ópera con el elenco de La fille du régiment de Gaetano Donizetti en Bellas Artes en febrero de 2020, un mes antes del inicio de la pandemia de Covid-19

 

Patronato de la OBA

Pro Ópera definiría una de sus directrices principales en 1991, al ser reconocida como Patronato de la Ópera de Bellas Artes, institución encabezada en esa etapa por el director de escena y diseñador especializado, Sergio Vela Martínez.

En la firma de ese acuerdo —celebrada en la casa de Jo y Tono Dávalos—, además del titular de la OBA, estuvieron presentes el promotor operístico Gerardo Kleinburg —más tarde también director de la Ópera de Bellas Artes por 10 años—, Pepita Serrano —mecenas que, ante su interés por los cantantes líricos y consciente de las dificultades para realizar su carrera, fundaría la Sociedad Internacional de Valores de Arte Mexicano —SIVAM—, y el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar y de Teresa.

Desde ese momento, Pro Ópera ha contribuido en las labores de la principal institución operística de México, desde diversos ángulos, proyectos y mecanismos. 

Sus principales aportaciones se han reflejado en apoyo a múltiples producciones, en el pago de cachés a numerosos cantantes y creativos, en la impresión de programas de mano o en esquemas fiduciarios específicos, para canalizar donativos de manera directa hacia la Ópera de Bellas Artes.

 

Pro Ópera patrocinó el primer sistema de supertitulaje del Palacio de Bellas Artes en 1992

 

Supertitulaje

Uno de los proyectos de mayor impacto en la divulgación y el disfrute de nuestra ópera en décadas recientes fue la instalación del primer sistema de supertitulaje en el Teatro del Palacio de Bellas Artes. 

Esta idea, cristalizada en 1992 con Sergio Vela aún al frente de la Ópera de Bellas Artes, el patrocinio de Pro Ópera y en particular la visión del ingeniero Xavier Torresarpi, se logró pese a la reticencia, en ese entonces, de voces desdeñosas de la tecnología en la lírica no solo en México sino incluso en teatros de prestigio internacional.

En la actualidad, el supertitulaje ha demostrado sus bondades como una herramienta que permite el acercamiento de todo tipo de público hacia el espectáculo sin límites, como llamó al arte operístico el primer operador del sistema, Rogelio Gómez, quien poco después, tras su muerte prematura, sería relevado en esa encomienda por el musicólogo Francisco Méndez Padilla.

 

Los editores de Pro Ópera con el fundador de la revista, Xavier Torresarpi © Ana Lourdes Herrera

 

La revista

Entre los numerosos proyectos ideados por Xavier Torresarpi, destaca la fundación de la Revista Pro Ópera, uno de los rostros más visibles de la asociación civil y uno de sus esfuerzos de mayor perdurabilidad en el tiempo. 

Después de un primer número preparado por Rogelio Gómez, la publicación ha tenido tres editores. Francisco Méndez Padilla, entre 1993 y 1995, se encargó de preparar números monográficos bimestrales, a partir de los títulos presentados por la Ópera de Bellas Artes. El historiador Luis Márquez, durante los dos años siguientes, procuró mayor circulación y anuncios publicitarios, a fin de garantizar su viabilidad. A partir de 1997, Charles Oppenheim asumió el cargo de editor y convirtió a la publicación en un medio con pautas de contenido y diseño contemporáneas, de alcance global.

De la monografía erudita, Oppenheim pasó a la edición de una revista con base en los géneros periodísticos, lo que permitió llegar a un mayor número de lectores. De la mano de colaboradores como la diseñadora Ida Noemí Arellano, la fotógrafa Ana Lourdes Herrera, el investigador José Octavio Sosa, los periodistas Erick Zermeño y José Noé Mercado, los melómanos Ingrid Haas y Ramón Jacques, el músico Darío Moreno y una amplia red de corresponsales extranjeros, ha publicado cerca de 1,100 entrevistas con protagonistas del quehacer lírico de nuestro tiempo, miles de noticias, artículos, ensayos, reportajes, reseñas y críticas de funciones en vivo, grabaciones, libros o películas.

La Revista Pro Ópera, editada en papel, fue la única publicación especializada en Latinoamérica y una de las dos en español en el mundo. Trasladada al ámbito digital a partir de 2020, ofrece a sus lectores difusión, cobertura y detalles de la actividad de los teatros más relevantes del acontecer lírico y de sus respectivos elencos y equipos creativos. 

 

A partir del año 2020, Pro Ópera inició «un viaje apasionante» con su plataforma digital: www.proopera.org.mx

 

Decisiones colegiadas

Durante la presidencia de Adolfo Patrón, Pro Ópera definió sus estatutos de operación y bases legales, para que no solo se conservaran los esfuerzos anteriores, sino también para que se garantizara la viabilidad de las nuevas acciones de cara al futuro. La asociación contó desde entonces con un Consejo de asociados para tomar decisiones colegiadas. De esa manera, se definieron los proyectos, artistas e instituciones que se apoyarían, al tiempo que se evaluaban sus resultados. En 2002, el prestigiado tenor Ramón Vargas se convirtió en Presidente Honorario.

Entre las numerosas colaboraciones con el cantante a lo largo de los años, destaca la Beca de Perfeccionamiento Operístico Ramón Vargas–Pro Ópera, creada en 2003, a partir de la realización de dos conciertos en los que se recaudaron los fondos específicos. Tres intérpretes obtuvieron esa beca, diseñada con pautas personalizadas para mayor provecho de sus carreras: el tenor Arturo Chacón Cruz, la soprano María Katzarava y la mezzosoprano Guadalupe Paz.

 

El nombramiento del tenor Ramón Vargas como Presidente Honorario de Pro Ópera en 2002, con los consejeros Xavier Torresarpi, Luis Gutiérrez Ruvalcaba, Charles Oppenheim, Benjamín Backal, Ignacio Orendain y Luis Rebollar © Ana Lourdes Herrera

 

Programa de la temporada 2010-2011 de las transmisiones del Met en vivo desde Nueva York. En la imagen, Bryn Terfel como Wotan en Das Rheingold de Richard Wagner

 

Apoyos, reconocimientos y divulgación

Además de continuar con múltiples apoyos a las producciones de la Ópera de Bellas Artes, Pro Ópera contribuyó para que se hiciera realidad la transmisión en directo de funciones del Metropolitan Opera de Nueva York, a través del Instituto Mexicano de la Radio, y también vía satélite, en pantalla gigante, al Auditorio Nacional. La asociación patrocinó programas de mano de lujo de los títulos presentados.

A partir de 2007, Pro Ópera comenzó a entregar el Premio del Público en el Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli. Si bien en el pasado el grupo había entregado galardones en ese certamen, en esta nueva etapa dejó la decisión de reconocer a los ganadores de cada edición en el voto directo y certificado del público asistente a las finales, haciéndolo partícipe activo. Pro Ópera también ha entregado premios en otros concursos como el de San Miguel de Allende o el de Canto con Obras de Compositores Mexicanos, organizado por primera ocasión en 2025, en la Facultad de Música de la UNAM.

La divulgación de la ópera también ha implicado un proceso de apreciación y aprendizaje en el público aficionado, así como de formación de las nuevas generaciones de operófilos, sin dejar de lado el esparcimiento, la convivencia y el deleite alrededor de este arte multidisciplinario. Desde hace más de tres décadas, Pro Ópera ha entablado acuerdos con instituciones como el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, la Cámara de Diputados Federal o el propio Palacio de Bellas Artes, espacios públicos como el restaurante Estoril o privados como el Club de Industriales, con el fin de organizar ciclos de conferencias, mesas redondas, catas de vino, degustaciones gastronómicas, cenas con elencos, recitales, talleres y todo un catálogo de actividades más que aún se mantienen de manera presencial o virtual.

En este último apartado, pueden citarse las conferencias a través de Zoom que fueron alternativa de encuentro a partir del confinamiento suscitado por la emergencia sanitaria de Covid-19, circunstancias de las que también surgió el programa Ópera en Casa. En esos ciclos —concebidos por la presidenta Adriana Alatriste y la directora Ana Elena Guerra— han participado especialistas, que han abordado numerosos temas, estilos, compositores y corrientes de la ópera.

 

El concierto de Tres Generaciones: Ramón Vargas, Francisco Araiza y Javier Camarena, con la Orquesta Sinfónica de Minería bajo la dirección de Srba Dinic, 2016   © Ana Lourdes Herrera

 

A lo largo de sus cuarenta años de existencia, Pro Ópera ha colaborado en diversos proyectos líricos con otras agrupaciones e instituciones, además de Bellas Artes, como la Universidad Nacional Autónoma de México, la Orquesta Filarmónica de Jalisco, la Orquesta Sinfónica de Yucatán y la Academia de Música del Palacio de Minería, con la que presentó en años recientes conciertos tan relevantes como el de Tres Generaciones, con los tenores mexicanos Francisco Araiza, Ramón Vargas y Javier Camarena, o los que tuvieron como artistas estelares en años consecutivos a la soprano alemana Diana Damrau, la mezzosoprano Elīna Garanča, la soprano estadounidense Nadine Sierra y su colega búlgara Sonya Yoncheva, siempre bajo el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica de Minería.

Gracias al apoyo de Pro Ópera, a través de los años el público mexicano también ha podido disfrutar de la actuación de voces internacionales de la lírica como el barítono Sherrill Milnes o las sopranos Kiri Te Kanawa, Anna Netrebko o Catherine Malfitano.

En 1997, Pro Ópera A. C. organizó el primer viaje para sus asociados al extranjero, en esa ocasión para presenciar el estreno de La Cenerentola de Gioachino Rossini en el Metropolitan de Nueva York, en una producción estelarizada por la mezzosoprano Cecilia Bartoli y el tenor Ramón Vargas. Desde entonces se han realizado viajes a diversos teatros estadounidenses y europeos y han zarpado varias travesías en crucero, que no solo han reforzado la amistad y la pasión lírica de los asociados, sino que les han propiciado experiencias de vida inolvidables.

 

Pro Ópera ha colaborado de cerca con el Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli, no solo al dar puntual cobertura a sus certámenes, sino al patrocinar el Premio del Público a partir de 2007 © Ana Lourdes Herrera

 

Producciones propias

Circunstancias como el cierre del Palacio de Bellas Artes (recinto inaugurado en 1934) para su rehabilitación y reequipamiento, de cara a los festejos por el Bicentenario del inicio de la Independencia de México en 2010, contrajeron la actividad operística en la capital del país. 

Y si bien las actividades líricas habían comenzado a desarrollarse de manera significativa en diferentes polos del país como Sinaloa, Tamaulipas, Yucatán, Nuevo León, Jalisco, Coahuila o Guanajuato, Pro Ópera se aventuró a producir algunos títulos bajo su nombre.

En 2007, en colaboración con Producciones Metropolitanas representada por Xavier Torresarpi y la Ópera de Bellas Artes, Pro Ópera coprodujo su primera ópera: Marina del compositor español Emilio Arrieta.

Después, en 2009, gracias a la beca México en Escena del Fonca y en alianza con la Dirección de Música de la UNAM, llevó a diversos teatros de la república una producción propia de Don Pasquale, con un elenco en el que participaron el tenor Javier Camarena, la soprano Rebeca Olvera, el barítono Josué Cerón y el bajo Charles Oppenheim. La ocasión propició un Taller de Preparación Operística, con la finalidad de montar óperas completas con orquesta y con elencos integrados por jóvenes cantantes.

En los veranos siguientes se realizaron también talleres para presentar producciones de La scala di seta, L’occasione fa il ladro (2010) y Le comte Ory (2011), todas de Gioacchino Rossini.

 

Escena de la producción de Don Pasquale, con puesta en escena de José Antonio Morales y Rosa Blanes Rex, 2009 © Ana Lourdes Herrera

 

Desafíos

Tras 40 años de presencia en el panorama lírico de México, Pro Ópera goza de incuestionables logros y satisfacciones en su labor. Aunque enfrenta, al mismo tiempo, diferentes retos, como el de sumar a nuevos integrantes a su patronato, y que sus aportaciones anuales y su presencia en todas las actividades realizadas por la asociación sean el convencimiento de una misión compartida por la ópera y su disfrute.

La renovación generacional del público aficionado a la ópera es parte de ese proceso. A ello apuntan las temporadas de ópera para niños que, en alianza estratégica con el Lunario del Auditorio Nacional, se han estado realizando a partir de 2024. 

El repertorio hasta ahora comprende La flauta mágica, de Mozart; La Cenicienta y El barbero de Sevilla, de Rossini; y Hansel y Gretel, de Humperdinck. Cada producción ha sido diseñada especialmente para niñas y niños de cuatro a doce años de edad. La respuesta de público ha sido relativamente buena, pero sin duda puede mejorar todavía.

 

Pro Ópera ha copatrocinado las temporadas de ópera para niños que, en alianza estratégica con el Lunario del Auditorio Nacional, se han presentado desde 2024

 

Es claro que los cambios en las preferencias de los espectadores, la innovación tecnológica constante y el surgimiento de nuevas opciones de entretenimiento, incluido el ámbito de la música de concierto y la ópera, configuran un contexto más desafiante.

La magra programación de administraciones pasadas, ciertamente, tampoco ayudan a estimular el interés por el arte lírico y su apoyo, pero al interior de Pro Ópera se tiene el importante aliciente de la nueva administración del INBAL y, en particular del director de la Compañía Nacional de Ópera, Marcelo Lombardero, ante el buen recibimiento de varias producciones recientes, bajo su gestión.

Ese posible florecimiento de la ópera y la salud creativa de una asociación como Pro Ópera dependen de un esfuerzo conjunto, sin excepción. Será tarea de todos sus asociados, o no será. En sus 40 años, Pro Ópera, A.C. celebra también su propósito de ayer, que también es el propósito de hoy: seguir trabajando para apoyar, promover y difundir la ópera en México.

 

En la cena para celebrar el 40 aniversario de Pro Ópera, el presidente actual, José Luis Barros, hace un reconocimiento a los expresidentes © Pro Ópera AC

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