Raúl Delgado: “Los jóvenes del EOBA son las nuevas voces de México”

El próximo sábado 9 de mayo, en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM) ofrecerá una gala operística, en colaboración con el Estudio de la Ópera de Bellas Artes (EOBA). Bajo la dirección huésped del maestro venezolano-mexicano Raúl Aquiles Delgado, este programa lírico propone un recorrido por algunas de las más gustadas arias y oberturas del repertorio universal, interpretadas por las voces que actualmente integran este programa de perfeccionamiento institucional. 

Para el maestro Delgado, además de un concierto presentado al público en el contexto del Día de las Madres, la relevancia de esta gala radica en la experiencia profesional que entraña para los participantes: “Por un lado, es un encuentro donde la orquesta conoce, colabora y apoya a estos jóvenes en formación; para ellos, es una oportunidad de cantar con orquesta, algo que en su etapa de profesionalización suele ser poco frecuente”.

La selección musical abarca célebres pasajes de óperas de Wolfgang Amadeus Mozart (Le nozze di Figaro, Die Zauberflöte); Georg Friedrich Händel (Rinaldo); Gioachino Rossini (Il barbiere di Siviglia, La Cenerentola); Giacomo Puccini (Turandot, Gianni Schicchi); Charles Gounod (Roméo et Juliette); Antonín Dvořák (Rusalka); Léo Delibes (Lakmé) y Georges Bizet (Carmen).

Los integrantes del EOBA —en la actualidad bajo la coordinación de Cassandra Zoé Velasco y la dirección artística de Marcelo Lombardero— que darán voz a este programa lírico son las sopranos Belén Marín, Ana Silvia Sánchez y Elizabeth Landa; las mezzosopranos Natalia Mora, Carol Lodela y Daniela Cortés; el contratenor Ángel Gómez; los tenores Osvaldo Martínez y Salvador Jáquez, así como los bajo-barítonos Abel Pérez y Guillermo Montecino.

Nacido en 1989 y formado en el seno de una familia de músicos, Delgado es exponente de la tradición pedagógica del Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela. Fue discípulo de Rodolfo Saglimbeni y Alfredo Rugeles —además de recibir la instrucción de su padre, Raúl Delgado Estévez—, y contó con la mentoría de José Antonio Abreu. 

Tras establecerse en México en 2017, ha consolidado su carrera como violonchelista de la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) desde 2019 y, actualmente, también como director asociado de la agrupación, colaborando de cerca con el maestro Carlos Miguel Prieto. Su trayectoria musical, que incluye la asistencia a directores como Gustavo Dudamel, se distingue por una visión integral que no separa la técnica y rigurosidad académica de la sensibilidad popular.

En exclusiva para los lectores de Pro Ópera, el director profundiza no solo en la gala que prepara con el EOBA, sino de igual manera en su visión de la voz, su experiencia social en la música y los retos de comunicar el arte lírico sonoro en el siglo XXI.

Raúl, ¿cómo se gestó esta colaboración entre la OFCM y el EOBA para esta gala operística?

Afortunadamente, tengo una relación muy fluida con la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México desde hace tres años. Estábamos buscando repertorio para esta fecha y surgió este convenio entre el EOBA y la OFCM.

Me parece una relación ganar-ganar. Y es necesaria porque normalmente las orquestas sinfónicas nos dedicamos más a la música instrumental, pero aquí la orquesta descubrirá a estos nuevos solistas. Para los participantes del estudio es una grandísima oportunidad, pues normalmente en la vida de un profesional en formación las oportunidades para cantar con orquesta son muy pocas.

¿Qué reto o desafío representa para ti, como director, trabajar con jóvenes que aún están en este proceso de perfeccionamiento pero, en esta ocasión, de la mano de una orquesta consolidada como la OFCM?

Para mí es algo natural. Yo nací y me formé en Venezuela, donde el apoyo a los jóvenes es la base de la carrera desde el inicio. El reto es hacer que ellos brillen. No lo veo como algo diferente a acompañar a un profesional consolidado; son jóvenes muy bien formados. Mi intención es que la orquesta los sienta como pares y que ellos acumulen esa experiencia que solo da el escenario compartido con una gran agrupación.

El programa apuesta por grandes éxitos de la ópera, de compositores como Mozart, Rossini o Bizet. ¿Por qué esta selección?

Aunque soy partidario de conocer y realizar obras nuevas, en este caso es muy apropiado por varias razones. Primero, atrae a un público que no necesariamente es especialista de la ópera, pero que la Filarmónica convoca en su propia sede. Al ser el fin de semana del Día de la Madre, buscábamos un regalo: que escucharan lo que tienen en la memoria. Para los jóvenes en formación también es vital cantar las grandes arias; en las compañías de ópera suelen empezar con roles secundarios o no necesariamente los que interpretan estas arias, así que tener acceso a estos protagónicos en concierto es una experiencia de aprendizaje insustituible.

Desde tu punto de vista musical, ¿qué distingue a la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México?

Es una orquesta con una trayectoria y tradición que se siente. Tienen un sonido particular que depende tanto de ellos como de su sala, la Silvestre Revueltas, que conocen muy bien. Me gusta mucho la riqueza de su sonido y su cuerda. Además, tienen un balance grandioso entre la experiencia de los veteranos y los jóvenes profesionales que se han integrado recientemente.

Si retrocedemos en tu historia, a manera de presentación, puede apuntarse que vienes de una familia de músicos y te formaste en el Sistema de Orquestas de Venezuela. ¿Cómo fue esa decisión de estudiar música profesionalmente?

En mi casa se vivía la música. Mi papá, Raúl Delgado Estévez, era un músico académico que dirigió coros toda su vida, pero también hacía música popular. Si yo hubiese sido abogado, igual habría tocado algún instrumento, porque eso era lo cotidiano. Pero a los 11 años tomé la decisión de estudiarlo formalmente. Mi papá nunca nos obligó, pero fue muy riguroso: “Si quieren ser músicos, tienen que hacerlo bien, estudiar seis u ocho horas al día”. Me interesó por la manera de expresarme; siempre me gustó trabajar con grupos grandes de personas, por eso la dirección me atrajo más que la soledad del compositor o el pianista.

Se habla mucho del Sistema como un modelo de éxito musical, pero no siempre se conocen los detalles de su funcionamiento. ¿Cómo fue tu experiencia en él, como músico y parte de un tejido social?

El Sistema realmente cambia paradigmas. No es un conservatorio ni una academia; es un sistema de rescate social por medio de la práctica colectiva. Y rescate social no significa solo trabajar en pobreza extrema, sino darle una ocupación con propósito al niño o al joven. Eso te deja valores. Yo empecé a los 17 años de manera profesional como monitor, ayudando a los más pequeños. A los 18 ya estaba dirigiendo una orquesta infantil. Esa responsabilidad de comunicar y trabajar en colectivo es lo que hoy traslado a mi trabajo en México.

¿Qué puede lograr la música no solo en el público de manera individual que quizá va a una sala de concierto o a un teatro, sino justo en el marco de una sociedad actual?

Recientemente hubo mucha polémica por las palabras del actor Timothée Chalamet en el sentido de que la música clásica, la ópera o el ballet ya no le interesan a nadie. Yo creo que la música está más viva que nunca. Vengo de tocar como chelista en Zacatecas con Alondra de la Parra ante unas 150 mil personas; o en el Zócalo en el concierto con Andrea Bocelli, con una multitud impresionante.

Si, no sé, de esas 500 mil personas, el 1 por ciento se interesa por lo académico, ya ganamos, porque ese porcentaje te llena la sala Nezahualcóyotl. Por eso es apropiado este concierto con la Filarmónica de la Ciudad de México: alguien irá porque quizá conoce el ‘Nessun dorma’, pero ahí escuchará otras 11 arias y se enterará de que La Cenerentola no es solo una película de Disney, sino también una ópera de Rossini. Nuestra labor es comunicar, llevar esas ideas de la partitura al público de forma dinámica.

Ya que hablas de comunicar, ¿cuál dirías que es tu aproximación a la música vocal? ¿Cómo entiendes la voz dentro de tu discurso musical?

La voz ha sido parte de mi formación y de mi vida siempre. Mi papá era director de coros y yo canté con él. Siempre busco que la música instrumental se aproxime al canto, a la respiración. Creo que por eso elegí el violonchelo, pues es el instrumento más parecido a la voz humana, con un rango entre tenor y mezzo. Puede hacer vibratos, portamentos, glissandos en forma muy vocal. Para mí, la música debe respirar como respira un cantante.

Te avecindaste en México en 2017 y ahora, como dices, eres afortunada y orgullosamente mexicano. ¿Qué fue lo que más te atrajo de nuestro país para desarrollarte profesionalmente?

Sin duda, México tiene la mejor oferta cultural del continente. Solo la Ciudad de México tiene al menos seis orquestas profesionales de primer nivel y están las de otras ciudades. Además, culturalmente hay muchísimas coincidencias. El eje central de la gastronomía de ambos países es el maíz, así que aquí me siento como en casa. La gente es muy cercana, México recibe muy bien al inmigrante y espero que eso siga siendo así. Laboralmente, también mi esposa tuvo excelentes oportunidades.

Raúl, ¿qué sigue en tu agenda profesional en los próximos meses?

Después de esta gala con el EOBA, en junio, estaré con la Orquesta Sinfónica de Minería ya en el marco de la fiesta mundialista, al igual que con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Ya entrado el Mundial todo gira alrededor de ello. En julio dirigiré en la temporada de verano de la OSM; y también estaré en un par de conciertos familiares didácticos, uno junto a Mario Iván Martínez y otro que hago yo para mostrar de manera dinámica de qué se trata una orquesta. En septiembre vuelvo con la OFCM y la OSM en conciertos mexicanos. Eso recuerdo de memoria.

¿Algún mensaje final para el público de Pro Ópera?

Que sigan apoyando estas actividades musicales. Somos una ciudad privilegiada; ni siquiera en Europa hay ciudades con tantas orquestas de este nivel. Y, sobre todo, que vayan a escuchar a estos jóvenes del EOBA; son las nuevas voces de México y, sin duda, no los van a defraudar.

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El programa que se interpretará es: 

Wolfgang Amadeus Mozart: Le nozze di Figaro, Obertura 
Wolfgang Amadeus Mozart: Le nozze di Fígaro, “Non so più”, Natalia Mora, mezzosoprano
Georg Friedrich Händel: Rinaldo, “Lascia ch’io pianga”, Ángel Gómez, contratenor 
Wolfgang Amadeus Mozart: Die Zauberflöte, “Der Hölle Rache”,  Belén Marín, soprano
Gioachino Rossini: Il barbiere di Siviglia, “Una voce poco fa”, Carol Lodela, mezzosoprano
Charles Gounod: Roméo et Juliette, “Ah! lève-toi, soleil!”, Osvaldo Martínez, tenor 
Giacomo Puccini: Turandot, “Nessun dorma”, Salvador Jáquez, tenor
Gioachino Rossini: La Cenerentola, Obertura 
Gioachino Rossini: La Cenerentola, “Miei rampolli femminini”, Abel Pérez, bajo barítono 
Antonín Dvořák: Rusalka, “Měsíčku na nebi hlubokém”, Ana Silvia Sánchez, soprano
Giacomo Puccini: Gianni Schicchi, “O mio babbino caro”, Elizabeth Landa, soprano 
Leo Delibes: Lakmé, “Sous le dôme épais”, Belén Marín, soprano – Carol Lodela, mezzosoprano 
Georges Bizet: Carmen, “Les tringles des sistres tintaient”, Daniela Cortés, mezzosoprano 
Georges Bizet: Carmen, “Votre toast”, Guillermo Montecino, bajo barítono; 
Georges Bizet: Carmen, Obertura.

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