Febrero 2, 2020. Celebradísima desde su estreno en el 2012 en el Festival de Aix-en-Provence y considerada por muchos como una de las mejores creaciones operísticas de los últimos 20 años, el estreno canadiense de la ópera Written on Skin (Escrito en la piel) fue todo un acontecimiento musical que no pasó desapercibido y cuyo éxito la Ópera de Montreal ha sabido inteligentemente apuntarse.
Basado en la leyenda medieval occitana Le coeur mangé del trovador Guillem de Cabestany, el extraordinario libreto del dramaturgo Martin Crimp ofreció una atrapante intriga compuesta de un coctel temático de gran actualidad (amor, sometimiento, traición, infidelidad, violencia, abuso, etc), cuya tensión dramática no decayó en ningún momento y mantuvo en vilo al público durante todo transcurso de la ópera. La muy elaborada música de George Benjamin completó una propuesta de superlativa calidad que bien justificó los elogiosos antecedentes que precedieron a su estreno.
Muy implicados con sus personajes, el reparto vocal no mostró fisura alguna. Como el acaudalado terrateniente medieval y abusivo marido (el protector), Daniel Okulitch resultó ideal, luciendo una voz de bajo-barítono de notable color, una sólida capacidad musical y un buen bagaje técnico con el que consiguió sacarle el mejor provecho a unos medios destacables. Ya sea por su variedad de recursos expresivos, como por la autoridad que imprimió a su canto, la escena del sueño fue uno de sus momentos más logrados y de mayor impacto.
Como Agnès, su sometida esposa (propiedad del protector), la prometedora Magali Simard-Galdès hizo gala de una voz de grato material, diestramente manejado y de línea homogénea. De su composición merece destacarse el modo como fue cincelando su voz, tanto de colores como de acentos, para plasmar la resignación inicial de su personaje, su posterior rebelión interna y su liberador suicidio final.
Como el seductor amante de la esposa y el primer ángel, el voluntarioso contratenor Luigi Schifano brilló por su magnetismo escénico y por su voz atractiva, precisa y comunicativa, que administró con eficacia y buen gusto. Como los cínicos ángeles —mucho más que simples roles comprimarios que narran la trágica historia—, Florence Bourget y Jean-Michel Richter resultaron excelentes tanto por su rendimiento vocal como por su composición escénica.
A cargo de la vertiente musical, la especialista en repertorio contemporáneo Nicole Paiement demostró afinidad y un conocimiento minucioso de la partitura. Al frente de la orquesta sinfónica de Montreal, ofreció una lectura inspirada del complejo y expresivo universo musical del compositor británico donde conviven armoniosamente música moderna junto a instrumentos barocos (viola de gamba) y del siglo XVII (armónica de cristal). Con su dinámica escenografía de torres móviles (Olivier Landreville), su atemporal vestuario (Philippe Dubuc) y sus muy efectivas marcaciones teatrales —sirva como ejemplo la inteligente resolución del suicidio liberador de Agnès—, la producción escénica firmada por Alain Gauthier fue otro de los grandes aciertos de esta presentación y uno de los pilares de su éxito final.


