Mayo 14, 2026. El público berlinés tiende a ser generoso, especialmente en cuanto a obras de compositores ingleses. Benjamin Britten figura frecuentemente en los programas, si bien obras como Peter Grimes están ausentes. Este es el último año de la dirección musical de Donald Runnicles, un director que ha guiado a este teatro desde 2009 con distinción. La obra teatral de William Shakespeare fue adaptada por Britten y el tenor Peter Pears y el resultado es encantador.
Britten se divierte musicalmente citando obras del pasado (Lucia di Lammermoor, por ejemplo) y creando un estilo musical lleno de misterio. Uno de los roles principales es Oberon, confiado a un contratenor; esto lo convierte instantáneamente en un conspirador y, junto a su sirviente Puck, crean un ambiente tanto juguetón como amenazante. Puck es un rol hablado rítmicamente y es crucial para el desarrollo de la acción. De más está decir que es una obra muy inglesa, y en una producción como la de Tedd Huffman adquiere también un sabor muy inglés, ayudado por el excelente vestuario de los años 30/40 de Annemarie Woods.
La acción se desarrolla casi a escenario abierto, no hay muchos accesorios, aunque de vez en cuando aparece una cabezota gigante, más simpatica que amenazante; se ve una nube a un costado y una luna menguante a la que se accede con una escalera de madera. Los amantes Lysander, Demetrius, Hermia y Helena duermen acostados sobre el escenario. El resto lo crea la imaginación del espectador (y esa es frecuentemente la mejor solución).
No hay hoy en día —que yo conozca— un Puck más audaz, más en caracter, más espectacular en sus movimientos y de voz más abierta y clara que el escocés Jami Reid-Quarrell, a quien vi tantas veces en Londres en este mismo rol. Su Puck lo tiene todo: es un acróbata consumado, se mueve como un animal, reacciona a todo lo que sucede a su alrededor y presta atención. Es algo muy especial y sin duda contribuyó (como casi siempre sucede) al éxito de la obra frente a un público que llenó el amplio teatro de la Deutsche Oper y reaccionó al texto en inglés como si lo fueran.
Oberon fue confiado al inglés Iestyn Davies, un verdadero lujo. En esta producción se mueve poco pero con autoridad. Vestido de cola gris con pantalones cortos (al igual que los niños con pantalones largos) su mera presencia daba misterio a la acción. Alexandra Oomens se ocupó de la endiablada coloratura de Tytania; Thomas Cilluffo fue un Lysander lleno de carácter y resignación; Anna Werle una Hermia constante y enamorada; Dean Murphy un Demetrius brusco con Helena, la dulce soprano Maria Vasilevskaya.
Padraic Rowan personificó a Teseo vestido de militar, como generalmente se ven a los personajes reales en Inglaterra, y Lucy Baker fue la típica snob inglesa que entra a la familia real. Ambos destacaron por su canto y dicción ejemplar. Los enredos entre clases sociales que suceden en la obra de Shakespeare están hábilmente resueltos en el libreto de Britten y Pears y condensados en una obra ágil y muy divertida.
Pero si Puck es el personaje más atractivo, son los rústicos los que añaden humanidad a esta obra única. Ellos son quienes se ocupan de entretener a la corte durante la boda de Teseo e Hyppolyta con una obra disparatada, Pyramus & Thisbe, en la cual el rol femenino es cantado por uno de los rústicos, en este caso por Flute, que en la première mundial fue cantado por Peter Pears. Puck, dedicado a crear caos, convierte a Bottom (uno de los rústicos) en un asno y hace que Tytania se enamore de él, divirtiendo a Oberon.
De paso, Patrick Guetti encarnó a Bottom con una voz cavernosa y enorme, moviéndose muy bien con su alta estatura y, si lo destaco es porque fue un personaje de gran estatura dentro de un grupo de cantantes ya excelentes: Jared Werlein como Quince; Kangyoon Shine Lee como Flute; Joel Allison como Snug; Jörg Schörner como Snout; y Benjamin Dickerson como Starveling.
Nótese los sobrenombres tan típicamente ingleses de estos personajes. Por su parte, hay deliciosos cameos para tres cantantes femeninas jóvenes: Selina-Sophie Nüsse como Cobweb, Mathilda Carl como Peaseblossom y Sara Audibussio como Mustardseed, sin olvidar a la deliciosa Ella Williamson como Moth. El coro de niños, esencial en muchas obras de Britten, fue simplemente excelente; quizás no haya otra palabra para describirlos excepto encantadores, como todos los personajes y la obra en general.
La muy activa directora Dalia Stasevska dio transparencia a la música, resaltando el aspecto orquestal extravagante de percusiones, con címbalos, pandereta, gongs, glockenspiel y muchos otros, que dan un sabor tan especial a esta obra. No es de extrañar que al concluir la función el público dio una ovación de pie al elenco y también a la obra, que dejó bien claro que, cuando se presenta algo de calidad, el público responde con inteligencia.


