La fille du régiment en Chicago

Lisette Oropesa (Marie), Lawrence Brownlee (Tonio) y Alessandro Corbelli (Sulpice) © Lyric Opera of Chicago

Noviembre 25, 2023. La asociación Ópera America, que agrupa a los teatros de ópera de Norteamérica y que anualmente emite un recuento estadístico sobre las actividades y diferentes rubros de las compañías cada temporada, incluido un dato hoy crucial —como es el presupuesto con el que cuentan para operar— sitúa a la Lyric Opera de Chicago como el segundo teatro más importante en Estados Unidos, después del Metropolitan Opera de Nueva York. 

No es un dato menor, pues esto se ve reflejado en el número de títulos presentados y en la calidad y renombre de los artistas contratados, y que a juzgar por lo que se ve en tiempos recientes en diversos teatros importantes de esta región, su nivel artístico ha disminuido. Las cosas parecen no haber cambiado en Chicago, y prueba de ello es esta producción de la siempre ligera, pero vocalmente demandante, La fille du régiment, la opéra comique en dos actos de Gaetano Donizetti con libreto en francés de Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges y Jean-François Bayard, que fue estrenada por a la Opéra-Comique de Paris en la Salle de la Bourse el 11 de febrero de 1840.

En la parte escénica, se vio la producción de Laurent Pelly, vista por primera ocasión en este escenario que, aunque ya tiene al menos quince años circulando por diversos teatros como en la Royal Opera House, la Ópera de Viena y el Met de Nueva York, que la coprodujeron, entre otros, con la Ópera de San Francisco, donde la vi por primera vez en octubre del 2009, con Juan Diego Flórez y Diana Damrau.

Comienza a notarse ya el paso de los años en ella, pero se mantiene vigente por ser ya montaje clásico y una referencia, cuando se piensa en este título, además de que al verla viene inmediatamente a la memoria la imagen de Nathalie Dessay, una de las mejores intérpretes del papel estelar. Plena de humor e invención, sitúa la trama dentro de una especie de libro de cuentos. Los soldados caminan sobre inmensos mapas que además evocan el montañoso Tirol. Marie plancha montones de ropa sucia y pela sacos de papas, y Tonio entra al elegante salón de la marquesa en un tanque. 

Estos son algunos de los conceptos ideados por Chantal Thomas, en el que destacan los elegantes vestuarios militares e indumentaria ideada por el propio Pelly. El diálogo hablado, nítido e ingenioso (modernizado por Agathe Mélinand) marca una partitura que combina melodías militares pegadizas (como la vibrante canción de regimiento de Marie ‘Chacun le sait’) con episodios de dolor, como ‘Pour me rapprocher de Marie’, cantado por Tonio. En esta ocasión algunos diálogos y reclamos de Marie fueron realizados en lengua española por la protagonista, que lo hacía con mucha velocidad, lo que le dio un inusitado e inesperado toque de gracia al personaje. 

Lisette Oropesa hizo su debut con la Lyric Opera de Chicago como Marie en La fille du régiment de Gaetano Donizetti © Michael Brosilow

Esa intérprete fue la soprano Lisette Oropesa, que en su debut en el último de los escenarios importantes que le quedaban por conquistar, sobresalió demostrando ser la mejor soprano lírico coloratura de la actualidad. Su voz cuenta con color, nitidez, claridad en el fraseo, musicalidad y delicados y sutiles piani que van hasta la seguridad y emoción que transmite con la emisión de las notas más agudas que evidenció a lo largo de la función. Queda como testimonio la su explosividad con la que cantó ‘Salut à la France’. En escena actuó al personaje impulsivo y belicoso, como requiere la puesta, que sacó adelante con desenvoltura. 

Lawrence Brownlee tuvo un buen desempeño escénico y vocal en el papel de Tonio. Posee un grato color vocal, matizado y redondo, además de que es capaz de alcanzar las exigentes notas de su papel con facilidad, como en ‘Ah, mes amis’. Sin embargo, el aplauso que le dio el público no ameritaba que se bisara la cabaletta ‘Pour mon âme’, y se entendió que era algo preparado de antemano, forzado y nada espontaneo. 

Pasan los años y el barítono Alessandro Corbelli sigue interpretando sus papeles con admirable naturalidad, maestría y comicidad. Poco más que agregar al desempeño actoral y vocal de un intérprete que se ha ganado un lugar de honor por su meritoria carrera. Ronnita Miller prestó elegancia y voz profunda al papel de la Marquise de Berkenfield; y bien estuvieron Joy Harmalyn como la Duchesse Krakenthorp, Alan Higgs como Hortensius, y el resto de los intérpretes de los personajes menores. No son de especial relevancia para la historia las coreografías de los bailarines de ballet, pero forman parte de la puesta y se reconoce su actuación, como sí lo es para la historia la participación del coro, que en esta ópera es necesaria y fundamental. Un coro muy profesional y participativo que dirige Michael Black. 

Pocas directoras de orquesta se han presentado en este foso desde que lo hiciera en el 2007 Emmanuelle Haïm con Giulio Cesare de Händel, por lo que la presencia de Speranza Scappucci fue una bocanada de aire fresco, por la libertad que permitió a los músicos, y por la musicalidad y la fluidez que imprimió en su lectura a la alegre partitura.

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