María Katzarava: 25 años de carrera

María Katzarava: «Estoy por cumplir los 25 años de haber empezado mi carrera» © Vanguardia | MX
El pasado sábado 22 de noviembre, la soprano María Katzarava y el pianista Ángel Rodríguez participaron en el Festival de Música de Morelia Miguel Bernal Jiménez con un recital llamado “Cuba y México en el corazón”. Esta colaboración de ambos artistas fue uno de los eventos más importantes del festival y permitió al público disfrutar de esta dupla musical que cuenta ya con varios años de exitosa colaboración.
En 2026, Katzarava celebrará 25 años de exitosa carrera y planea celebrar por todo lo alto. Sobre este tema y muchos más nos platicó hace poco, días antes de su concierto en Morelia, y pudimos hacer un repaso musical y emotivo por la trayectoria de una de las voces más importantes que ha dado México en los últimos 25 años.
Comencemos por platicar un poco sobre este proyecto que tú y el Ángel Rodríguez van a presentar en Morelia: “Cuba y México en el corazón”.
Este programa lo curó el maestro Ángel porque varias de las piezas cubanas que vamos a cantar yo no las conocía. Fue adentrarme en material nuevo y en compositores que, hasta hace poco, me eran desconocidos. Ha sido verdaderamente enriquecedor preparar este programa; resume lo que fuimos y lo que somos como artistas. Vocalmente me vino como anillo al dedo, pues tiene mucho de lo que yo puedo mostrar ahora con mi voz.
Hace mucho que dejé de cantar repertorio de soprano lírico-ligero porque mi voz embarneció, adquiriendo más cuerpo, y comencé a abordar repertorio más pesado. Te cuento esto porque estas canciones son precisamente para un instrumento más denso, más dramático; hay algunas piezas que cantaré que son más “ligeras”, pero la mayoría tienen un tinte más melancólico.

Con Ángel Rodríguez en el Festival de Música de Morelia, 2025
Siguiendo tu carrera, es muy interesante notar que nunca te has quedado encasillada en el repertorio operístico: has hecho conciertos de música mexicana, latinoamericana, zarzuela, canciones de Edith Piaf… ¿A qué crees que se deba que hayas podido lograr tener esta versatilidad vocal?
Pues creo que tiene que ver con el hecho de que, cuando comencé a estudiar canto, no fue para ser una cantante de ópera sino para ser una cantante de pop-rock. Mi sueño era convertirme en una cantante al estilo de Ana Torroja de Mecano. Pero la vida me fue guiando hacia la ópera, que es un género que amo, que me ha llevado muy lejos, con el cual yo he podido ganar muchos premios, conocer el mundo entero y una carrera que me ha dado para vivir muy feliz y plena.
Ahora que estoy por cumplir los 25 años de haber empezado mi carrera, estoy llegando a un punto en mi vida en donde quiero hacer lo que siempre quise desde el principio. Siempre me ha gustado ser una cantante versátil que no se encasille en interpretar un solo género, en este caso, la ópera. Otro punto es que, cuando canto canciones de Edith Piaf o de estilo pop, no me gusta hacerlo con la voz de una cantante de ópera. Cambio mi manera de impostar la voz y hasta mi imagen es distinta. En mis 25 años quiero celebrar interpretando boleros, música francesa (Piaf), zarzuela, ópera, mariachi y todo lo que ha sido mi carrera durante todos estos años.
En el 2017 presenté por primera vez el programa de música de Edith Piaf en el Lunario del Auditorio Nacional y en ese recinto debuté en 2009 precisamente con Ángel Rodríguez con un repertorio muy variado, precioso, que iba desde la ópera pasando por la zarzuela y luego canciones populares.
¿Crees que esta versatilidad de repertorio también te acerca a un público más variado?
Totalmente. Me ha abierto muchas puertas y acercado a una audiencia más popular, sin lugar a duda, y que gracias a escucharme en esas canciones de Piaf o en boleros, se han acercado a la ópera. También he podido grabar en CD tanto óperas como canciones y repertorio popular. El disco con más éxito ha sido el de Edith Piaf que grabamos en España y fue una belleza porque es sinfónico. Óperas tengo grabadas tres: I due Foscari, Stiffelio de Verdi y La voix humaine de Poulenc.

Elle en La voix humaine de Francis Poulenc en Bellas Artes, 2016
Mencionas La voix humaine. Creo que fue uno de los tour-de-force de tu carrera. La obra es muy demandante para la intérprete y te exige mucho como actriz, no solo como cantante.
Así es. Además, me encanta cantar en francés; yo estudié en el Liceo Francés, así que es mi segunda lengua. Toda mi educación fue francesa y creo que por eso siento su música tan cercana a mí. Haciendo memoria, sí creo que lo que más he cantado es repertorio francés en la ópera, más que italiano.
En retrospectiva, después de 25 años de carrera, ¿cómo ves a la distancia a la María del pasado, a la que ganó Operalia, a la cantaba Adina en L’elisir d’amore, Violetta en La Traviata, Musetta en La bohème…? ¿Qué cambios emocionales y artísticos ves que te llevaron adonde estás ahora?
Como artista estoy muy agradecida, como cantante, como músico, porque he logrado cantar todos los roles que yo quería. He pasado por todos los papeles que eran necesarios para la evolución de la voz, hasta llegar a la culminación de lo que ya hoy es mi voz actual. Creo que ya llegó a su punto de madurez, donde ya puedo abordar Tosca, Aida, Il trovatore, La forza del destino, todo ese Verdi pesado que es en donde yo me especialicé. Es a donde me llevaron todos esos años de cantar Lucia, Manon, Juliette, Adina, Liù, Violetta… y además con una salud vocal importante.
Mi voz sigue fresca, sigue bien, no tengo vibrato extenso, no tengo vicios. Siempre he tenido la disciplina del entrenamiento. Vocalizo diario como si fuese gimnasta. Si no, la voz se vuelve tiesa, pierde flexibilidad y empiezas con los vicios. Tienes que ser ama y señora de tu técnica para que, al cambiar de estilo de música al cantar, no haya quiebres, y puedas regresar a la ópera y hacer cada género como se debe.
Como persona, que para mi es la parte más importante, la María de hoy le agradece a la María de ayer porque sin ella no sería lo que soy ahora. Me considero una persona que no tiene que demostrarle nada a nadie; he hecho cosas, he vivido, he sentido, he sufrido, he estado arriba, he estado abajo, como todos… porque la vida es una rueda de la fortuna. Eso me ha hecho una persona más fuerte internamente; disfruto enormemente mirar hacia adentro.
Para mí hoy es más grande la espiritualidad y el interior que el exterior; hoy canto por placer y porque me gusta, porque me apasiona. Ya canto cuando, donde, como y lo que yo quiera; ya no tengo que demostrarle nada a nadie. Antes yo sufría mucho el escenario, me ponía muy nerviosa; era una persona que sufría bastante en escena y gran parte de mi carrera fue así. Me ponía muy nerviosa porque era muy joven y todas las miradas estaban puestas en mí, en lo que la gente espera de mí. Las críticas, antes tenían en mí un poder significativo. Me afectaba mucho lo que decían o no de mí; me estresaba mucho. Hoy ya no porque la vida te da golpes y te da la oportunidad de abrir los ojos y de darte cuenta de que esa no es la vida.
El canto es parte de mi vida y hoy en día disfruto las pequeñas cosas que me da la vida. Busco estar en paz con mi salud mental, encontrar la espiritualidad, y disfrutar el canto. Doy gracias a Dios de estar aquí y estar cantando y espero seguir por muchos años más. Me siento muy afortunada y verdaderamente agradecida porque hasta cosas que yo nunca pensaba que vendrían a mí, llegaron.

Mimì en La bohème en Bellas Artes, 2014 © Ana Lourdes Herrera
Hablemos ahora de tu trabajo como maestra, como docente que está pasando a las nuevas generaciones todo lo que has aprendido en estos 25 años de carrera. ¿Cómo trabajas con tus alumnos en el Estudio Katzarava?
Justo el próximo año, en febrero 2026, el Estudio Katzarava cumple cinco años. Ha sido una misión para mí de disciplina; nunca lo abandoné, lo seguí manteniendo a la par de mi carrera, siempre estuve y estoy presente. Me interesa mucho que todo lo que yo he recibido como alumna y como artista en su momento lo pueda devolver al universo.
Quiero pasarles todas mis experiencias a las nuevas generaciones, pues doy clase a todos los niveles, desde cantantes jóvenes que están empezando, hasta nivel medio y avanzado. Busco darles un nivel óptimo de excelencia, sobre todas las cosas. Exijo, pero siempre soy muy amable, hay que saber decir las cosas con amor, con amabilidad y con respeto. Así lo recibirá la alumna siempre. Hago un acompañamiento —más que en la parte vocal— en la parte musical, en el coaching, en los idiomas. Eso es lo que más les trabajo. No me meto mucho en la técnica porque no soy una maestra de cada uno de tiempo completo. Les doy sesiones mensuales en donde vemos óperas completas, arias, zarzuelas… Les monto el repertorio. Sí puedo corregir una que otra cosa técnica, pero mi especialidad es lo musical.
Me he encontrado que los jóvenes de ahora tienen mucha prisa por llegar al escenario y quieren “saltarse los escalones” para ascender a la meta. Tienen un ansia de llegar rápido muy extraña; creen que a los 21 años ya están viejos. ¡Me lo han dicho varios alumnos! Y es que, en muchos lugares —escuelas, teatros o agencias— les meten la idea de que, si no han hecho carrera a los 25 años, ya no triunfaron, ya se les pasó su oportunidad.
Yo misma viví esa prisa: me decían que a los 24 años tenía que hacer tal o cual cosa porque si no ya iba yo a estar vieja. A esa edad la voz no está madura, ni vocal ni emocionalmente. Yo empecé a madurar a eso de los 35 años. Es inverosímil que les pidan a los chicos ser maduros de voz y como personas en sus veintes. ¿Qué provoca esto? Pues muchas inseguridades y ansiedad, frustración; quieren correr tanto que se tropiezan. Yo trato de que vean que la carrera no se basa en la edad, sino que seas una cantante seria, profesional, exigente contigo misma, y que busques el éxito en ti, no en “jardín ajeno”. Ese ha sido mi trabajo con ellos: trabajar con su seguridad como artistas, como cantantes.

Violetta con Arturo Chacón (Alfredo) en La traviata de Giuseppe Verdi en Bellas Artes, 2015 © Ana Lourdes Herrera
¿Cómo es el día a día en tu vida, ahora que ya estás más establecida y tranquila en tu carrera?
Fíjate que antes no me cuidaba nada en mi día a día; cantaba Traviata sin vocalizar, daba el Mi bemol sobreagudo sin problema. Llegaba de viajes largos y sin calentar, entraba a cantar. Si tienes la técnica resuelta y la juventud, llegas a donde sea. Hoy en día tengo que vocalizar diario y prepararme; me tapo más y duermo mis ocho horas.
Hablando sobre repertorio más pesado, ¿no ibas a cantar Turandot en España?
Si, pero tuve que cancelar mi participación como Turandot en el Teatro de la Maestranza en Sevilla porque estaba cerrando mi participación como directora de la Ópera de Bellas Artes. Me fue imposible ir porque no quería dejar las cosas a medias e irme sin cerrar bien el ciclo. En un futuro cantaré Turandot y obvio que las puertas siguen abiertas para mí allá en la Maestranza. Entendieron perfectamente la situación.

Gala en el Auditorio Nacional con Plácido Domingo, 2015 © Ana Lourdes Herrera
¿Qué roles quieres abordar en el futuro?
Fíjate que ahora lo que quiero es dedicarme a cantar música contemporánea, sobre todo óperas modernas. Ya me cansé de cantar siempre lo mismo. Quiero abrir un poco mi panorama operístico. Claro que, si me ofrecen cantar Il trovatore o Aida, los tomo, obvio; no les diría que no. Por ejemplo, hice hace poco Cio-Cio-San en Madama Butterfly en Guadalajara, que es un papel que adoro y fue una gran producción.
Creo que es tiempo de darle espacio a las obras contemporáneas, que son maravillosas. He tenido la oportunidad de interpretar varias obras modernas y de estrenar óperas contemporáneas importantes. Una de ellas fue el papel de la Catrina en El último sueño de Frida y Diego de Gabriela Lena Frank. Fue un taller y una labor que duró tres años; ella escribió ese papel pensando en mi voz. Sus risas y todas las notas las hizo basándose en lo que iba escuchando de mi instrumento.
También quiero cantar más boleros, y por supuesto que haré galas de ópera, zarzuela, música mexicana, ópera mexicana…

La Catrina en El último sueño de Frida y Diego de Gabriela Lena Frank en la Ópera de San Diego, 2022 © Karli Cadel
Hablando de ópera mexicana, colaboras mucho con Enid Negrete, ¿no?
Sí, siempre hemos estado trabajando en pro de la ópera mexicana. Todo lo que hay y desconocemos de material hay que rescatarlo. A mí me fascina abordar obras que nunca se han abordado antes o que, por lo menos, no se han cantado en más de 100 años.
Tengo un proyecto con la pianista Argentina Durán; vamos a sacar nuestro primer disco juntas en 2026 y vendrán luego tres discos más. El primero es de música latinoamericana, de compositores mexicanos y de Latinoamérica: ópera, zarzuela y música mexicana (Lara, Grever, Catán, Jiménez Mabarak, Villanueva). Estamos muy contentas de que ya pronto saldrá a la luz ese disco.
Me dedicaré más a mis proyectos personales. Si son óperas contemporáneas, que sean temas interesantes, no importa si la música es melódica, armónica o disonante. Recuerdo ahora también la ópera Juana sin Cielo que también escribieron para mi voz y que trataba de Juana de Aragón. Era completamente armónica, es una belleza y la temática me gusta mucho.
Leí que habías hecho un proyecto con la soprano chilena Verónica Villaroel. ¿Sigue vigente o fue temporal?
¡Verónica Villaroel es una reina! Excelente persona, maravillosa artista, la considero una amiga entrañable. Sí, tuvimos un proyecto juntas que se terminó debido a la pandemia. Fue una colaboración muy bonita entre México y Chile.

Gala de la Beca Ramón Vargas-Pro Ópera, con Jorge Lagunes en la Sala Nezahualcóyotl, 2005 © Ana Lourdes Herrera
Hablando de colaboraciones fabulosas que has tenido en tu carrera, debemos platicar sobre tu relación como alumna y luego como colega del tenor mexicano Ramón Vargas. ¿Qué nos puedes decir de este vínculo?
Son ya más de veinte años que conozco al maestro Vargas y de colaborar con él como alumna y luego como colega. Me conoció a los 19 años; yo le debo tanto a él, a Pro Ópera también le debo muchísimo, a mi adorada María Luisa de Chávez, ¡cómo la quiero! Ella fue, es y será siempre un pilar en mi vida. Me apoyó en mi carrera, porque es una carrera costosa. Muchas veces los jóvenes no tienen los medios para ir a hacer audiciones aquí y allá, para los trajes y el glamour. También quiero mencionar a don Manuel Álvarez, que me ayudó mucho, creyó mucho en mí. Son personas que yo llevo en mi corazón.
Volviendo al maestro Ramón, ¡cuántos años me dio clases! Me dio cultura general, viajé para tomar clases con él en México, pero también en Nueva York, París y Barcelona. Conocí el mundo a través de sus ojos, y le estoy eternamente agradecida. Hemos colaborado como colegas en óperas completas y en galas, como la que hicimos en el Auditorio Nacional que estuvo a reventar un 15 de septiembre. Es más, con él fue con quien canté por primera vez en el Festival de Morelia, hace más de diez años.
Otro de mis pilares musicales es el maestro Ángel Rodríguez; me conoce desde los 17 años y yo lo considero como un padre. El fue el primero en creer en mí; me dio clases sin cobrarme un solo peso. Lo amo, lo respeto y lo admiro. Ahora que han pasado tantos años, lo sigo respetando y admirando igual o aún más. Ambos crecimos como artistas, con ningún otro pianista he sentido esa conexión como con él. El concierto en Morelia me emociona mucho porque es volver a reconectar con el pianista que fue mi pianista toda la vida. Ni siquiera tenemos que mirarnos en el escenario, sé que todo va a fluir porque nos conocemos perfectamente.
¿Cuáles son tus cinco papeles consentidos?
Madama Butterfly, Liù, Tosca, Juliette y Leonora en Il trovatore. Añade Turandot a mis roles que me hacen feliz.

Leonora, con Andeka Gorrotxategi (Manrico) en Il trovatore de Giuseppe Verdi, en el Teatro Bicentenario de León, 2018 © Jaime Vaqueiro
¿Qué nos puedes decir de tu paso por la Ópera de Bellas Artes como directora?
Me siento muy afortunada de haber tenido la oportunidad de dirigir una compañía tan difícil como la Compañía Nacional de Ópera. Obviamente, nunca se van a asemejar los problemas que tiene un teatro en nuestro país con los que tiene una casa de ópera en Europa, por ejemplo. Los problemas que se viven de presupuesto son muy distintos y añadiría que en los teatros latinoamericanos sufren de lo mismo.
Estoy muy agradecida con la doctora Lucina Jiménez, directora del INBAL en el sexenio pasado, quien confió en mí. Aprendí muchas cosas que yo desconocía, el lado tras bambalinas y oscuro que luego como artista no ves. Cuando abrí los ojos y me di cuenta de toda la maquinaria que existe detrás, ahí fue donde vi lo difícil que es. Fueron once meses los que acordamos que me iba a quedar; nunca dije que me quedaría más tiempo. No quería ser transexenal, solo me quise quedar esos once meses.
Fue un cierre de sexenio con problemas de presupuesto, y se sumaba la celebración de los 90 años del Palacio de Bellas Artes. Me enfrente a los problemas de fechas y de presupuesto. Creo que logramos hacer muchas cosas a pesar de todo. A algunas personas les podrá gustar, a otras no, como siempre: es respetable cada opinión. Yo me fui muy satisfecha porque logramos hacer cosas a pesar de la falta de presupuesto. Hicimos más funciones y tuvimos dos elencos por título; eso fue para darles oportunidad a varios cantantes. Se hicieron audiciones nacionales y mensuales de la Compañía Nacional de Ópera. Se hizo un directorio de cantantes e hicieron audición 600 de ellos en once meses. Quisimos descentralizar la ópera, hacer lazos con provincia, pero eso es un proyecto que lleva más tiempo y necesita tiempo y dinero. Aprendí el poder negociar con los grupos artísticos y entender su problemática, aunque no estaba directamente en mis manos arreglar las cosas. Venía yo de ser la directora del Estudio de Ópera de Bellas Artes y la carga era doble y tuve que pausar mi carrera.
¿Qué planes futuros puedes compartirnos?
Voy a dar varios conciertos por el mundo, voy a ir a Japón, a Sudamérica, voy a estar en Europa. En enero 2026 voy a participar en el Festival Alfonso Ortiz Tirado en Álamos, Sonora. Me dieron la medalla en 2017. Vienen óperas contemporáneas que se están escribiendo ahorita y que estrenaré. Haré recitales con Ángel y quiero celebrar mis 25 años con la gente que está cerca de mi corazón.

Amelia di Egmont en Il duca d’Alba de Gaetano Donizetti en la Ópera de Oviedo, 2015 © Alfonso Suárez