Pro Ópera, 40 años de pasión y compromiso

José Luis Barros, presidente de Pro Ópera, brinda con los expresidentes que asistieron al festejo del 40 aniversario de la asociación  © Fotos: Pro Ópera AC

 

Corría el año 1985. México se levantaba todavía de los escombros de los terremotos de septiembre, la economía estaba en crisis, la inflación galopante y la ópera, aunque gozaba de temporadas estables en el Palacio de Bellas Artes, carecía de un soporte civil organizado que impulsara su renovación y difusión. En ese contexto adverso, un grupo de aficionados valientes y sensibles a la música, encabezados por Antonio Dávalos y su esposa Josephine Ott, decidió fundar Pro Ópera A.C., con la misión de apoyar, promover y difundir el arte lírico en nuestro país. Y también de modernizarlo en aras de mantenerlo atractivo y vigente para el público.

Cuatro décadas después, la noche del jueves 27 de noviembre de 2025, más de cien socios, amigos, colaboradores e invitados especiales se reunieron en el Club de Industriales de Polanco, para celebrar el 40 aniversario de la asociación, que desde sus primeros proyectos se convirtió en un aliado y protagonista indispensable del quehacer lírico de nuestro país. 

El ambiente era festivo y glamuroso desde la llegada: photocall en la entrada al salón, sonrisas gozosas, abrazos largos y esa complicidad inmediata que solo suscita el compartir la misma pasión: la ópera.

En la mesa de registro, cada asistente recibía un original Pasaporte Pro Ópera (“¡Un viaje apasionante!”, es el lema que acompaña su logo); un boleto para la rifa y su lugar asignado en alguna de las mesas bautizadas con títulos del catálogo de Gioachino Rossini: Il barbiere di Siviglia, La Cenerentola, L’italiana in Algeri… ¡Toda una declaración de intenciones que anticipaba el programa musical de la noche!

José Luis Barros Horcasitas, presidente actual de la asociación, abrió la velada con palabras breves y emotivas. Recordó las difíciles condiciones de 1985, pero también la visión fundacional de Pro Ópera: pasar de las cantatas —reuniones caseras de los integrantes originales donde se hablaba de ópera, se convivía y se cantaba—, a convertirse en aliado del ecosistema lírico mexicano, que hizo de Bellas Artes su hogar operístico. Hizo un recorrido por la actividad operística de entonces, el gusto del público, relativamente estrecho, y la necesidad de apostar por calidad, modernización de puestas en escena y la apertura hacia un repertorio más amplio.

 

Gabriela Pérez, Ingrid Haas, Ana Elena Guerra, Verónica Murúa y Ana Lourdes Herrera

 

A continuación, se proyectó el primero de tres fragmentos de un video institucional que incluyó la historia de Pro Ópera, testimonios de sus ex presidentes, así como sus principales proyectos y desafíos. 

Entre ellos, la instalación del primer sistema de supertitulaje en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, su labor como Patronato de la Ópera de Bellas Artes, la fundación de la revista Pro Ópera —editada en papel durante 28 años, hoy transformada en este portal electrónico—, diversos patrocinios y becas de perfeccionamiento destinadas al talento joven, las producciones líricas propias, o los ciclos de conferencias y otros programas educativos y de divulgación presenciales o virtuales.

Sin duda, quedó ilustrada una misión de apoyo y defensa constante de la ópera como arte vivo y necesario para la sociedad. El video también fue honesto al señalar los retos superados y los que aún persisten en el ámbito operístico y que requieren del entusiasmo y esfuerzo de toda la comunidad en conjunto para salir avante.

Entre los asistentes se dieron cita, con excepción de Othón Canales, todos los ex presidentes vivos de Pro Ópera, A.C, a los que esta celebración rindió homenaje: Luis Rebollar, Ignacio Orendain, María Luisa Chávez, Anuar Charfén y Adriana Alatriste.

 

El crítico musical Lázaro Azar con Elena Quintanilla y Marilú Herrera

 

También estuvieron presentes autoridades oficiales como Marcelo Lombardero y Lilia Maldonado, director y subdirectora de la Compañía Nacional de Ópera, así como diversas personalidades del ambiente lírico como las sopranos y académicas Verónica Murúa e Irasema Terrazas, el director de escena Ragnar Conde, la productora Juliana Vanscoit, el crítico musical Lázaro Azar, el musicólogo Francisco Méndez Padilla, el divulgador operístico y ex director de la CNO Gerardo Kleinburg y la promotora musical Margarita Molina, viuda de Adolfo Patrón, el presidente que dotó a Pro Ópera de estatutos y estructura legal para garantizar la permanencia y eficacia de la asociación.

 

Los becarios del Estudio de Ópera de Bellas Artes con el director artístico de la Compañía Nacional de Ópera, Marcelo Lombardero

 

El momento musical llegó con tres números de Il barbiere di Siviglia del Cisne de Pésaro, interpretados por dos talentos del Estudio de la Ópera de Bellas Artes (EOBA), y Charles Oppenheim, quien, al introducir al público en el breve programa, abrió fuego con una frase que hizo reír a todos: “Rossini era amante de la ópera… ¡y de la buena comida!”, dando así el tono perfecto al maridaje rossiniano de la noche.

El barítono Alejandro Paz Lasso irrumpió entre las mesas, desvaneciendo la cuarta pared para sorpresa y deleite de los presentes, con un ‘Largo al factotum’ impregnado de chispa y energía. La mezzosoprano Mariana Sofía regaló una interpretación traviesa de ‘Una voce poco fa’, mientras que Oppenheim cerró con ‘La calunnia’, cuya intensidad creció como el concepto del aria, hasta culminar, como un golpe de cañón, con aplausos encendidos. Los tres cantantes fueron acompañados al dedillo por el joven pianista Miguel Brito.

El menú incluyó como primer tiempo Consomé de ave con profiteroles de foie gras y verduras de temporada, Tournedos Rossini como plato principal, y Creme brúlée de maracuyá como postre. El vino blanco, tinto o espumoso no escasearon e infundieron ánimo a la convivencia.

 

La productora Juliana Vanscoit y el director de escena Ragnar Conde

 

Como en toda cena de fin de año respetable, llegó el momento para una rifa: ¡tres boletos para los títulos líricos que contempla el siguiente viaje de Pro Ópera, en abril de 2026, al Metropolitan Opera House de Nueva York!

Los ganadores contagiaron su alegría y llevaron el ambiente a su punto más alto: José Luis Barros encabezó un brindis: no solo por los 40 años cumplidos, sino por los 40 por venir.

La velada transcurrió entre anécdotas, recuerdos, fotografías y planes próximos. Porque si algo quedó claro esa noche celebratoria es que Pro Ópera no es un club nostálgico, sino una institución viva, crítica cuando debe serlo, generosa siempre y absolutamente necesaria para que la ópera siga teniendo voz y futuro en México.

Cuarenta años no se cumplen todos los días. Y Pro Ópera los celebró como merecía: con elegancia, con memoria agradecida y, sobre todo, con la certeza de que aún quedan muchas funciones por aplaudir.

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