Nabucco en Bari

Nabucco en Bari
Maria José Siri como Abigaille en Nabucco en el Teatro Petruzzelli de Bari © Clarissa Lapolla

Octubre 2021. Muy de vez en cuando se ve una producción tradicional que es a la vez refrescante y no pesada y aburrida. Mientras en Europa abundan las producciones descabelladas de Konzept, quedan teatros provinciales en Italia donde se presentan espectáculos en forma tradicional pero que a la vez respetan la obra. 

El Teatro Petruzzelli tiene una larga trayectoria muy distinguida. Carlo Bergonzi saltó a la fama desde este teatro, muchos directores de fama han dirigido alli y ahora, luego de varios años desde su reconstrucción debido a un incendio, el Petruzzelli deslumbra con un interior típico del siglo XIX, asientos cómodos, y un escenario amplio donde se puede montar hasta el mas gran espectáculo. Un problema es la acústica, que varía de acuerdo al lugar donde uno se siente, pero no es un problema grande. En este teatro es mejor sentarse arriba. 

Riccardo Zanellato como Zaccaria © Clarissa Lapolla

Nabucco es una obra famosa, conocida hasta el aburrimiento, ¿no es asó? Pues no es así: lo que se conoce es el coro de los esclavos, y muy poca gente conoce bien el resto de la obra. Nabucco lo tiene todo: choque de religiones, amores no correspondidos, intrigas, ambición desmedida y —¿por qué no?— un ambiente de misterio y musicalidad impecables. Quizás el mejor ejemplo sea la escena de Zaccaria, ‘Vieni o levita’, con un espectacular y conmovedor solo de seis violoncellos. 

La facilidad con que Verdi ofrece melodías memorables es de una frescura admirable. Nabucco será una obra de juventud, pero ya contiene todos los ingredientes del mejor Verdi. Esta produccion de Leo Muscato con bellos decorados de Tiziano Santi mueve a los cantantes en forma de cuadros semi estáticos y es la iluminación de Alessandro Verazzi la que destaca en forma espectacular, en especial en la íntima escena de la conversion al judaísmo de Fenena. Como todo Verdi, los desafios vocales son grandes y hubo un elenco que hizo justicia a la obra, si bien sin grandes voces. 

George Petean fue un Nabucco clásico: hizo lo justo para actuar y un poco más vocalmente para cumplir con lo demandado por el rol. Giulio Pelligra mostró una voz dúctil de tenor liviano en un rol ingrato como Ismaele. Riccardo Zanellato (Zaccaria) posee una voz que corre bien, de buena articulación, si bien es más mozartiana que verdiana. La sorpresa fue la Abigaille de María José Siri, cantando una Abigaille con muy buena línea vocal, sin recurrir a notas de pecho y con agudos nítidos y bien proyectados desde la platea. También demostró buenas cualidades de actriz. Nino Surguladze presentó una Fenena resuelta, de voz agradable y Andrea Comelli fue el Gran Sacerdote di Belo, un rol bidimensional. 

Aunque el coro debió usar mascaras, el sonido fue entero, bien articulado y preciso. Es un coro entusiasta y capaz, al igual que la orquesta, en este caso brillante, dirigida con cariño y tempi flexibles por Renato Palumbo.