Piotr Beczała en Viena

Sarah Tysman acompañó a Piotr Beczała en un recital en Viena © Michael Pöhn

Abril 18, 2023. Piotr Beczała, acompañado al piano más que correctamente por Sarah Tysman, se presentó en un recital en la sala de la ópera vienesa entre dos funciones de Lohengrin de Richard Wagner. Con un lleno total (cosa hoy rara en una sala grande de ópera para un concierto sin orquesta) y un público entregado desde el vamos, el célebre tenor se paseó por canciones eslavas y fragmentos de ópera francesa con una facilidad asombrosa, lo que demuestra su capacidad técnica y su versatilidad estilística, además de un estado vocal en plena madurez, con un centro y un grave de mayor cuerpo sin que el agudo haya perdido esmalte ni en general brillo el timbre.

En la primera parte empezó con el arioso del primer acto de Eugenio Oneguin de Piotr Ilich Chaicovski y concluyó con el aria de Jontek en el cuarto acto de esa Halka de su compatriota Stanisłav Moniuzsko de la que se ha hecho valedor. En el medio se escucharon melodías de la escuela rusa. Una de Serguéi Rachmáninov, la célebre ‘No cantes, mi bella dama’. Las demás pertenecían a la notabilísima producción de Chaicovski: las números 2 y 3 del opus 38, la número 5 del opus 16, la número 6 del opus 47, las números 4 y 5 del opus 73 y la TH 100/1, aunque no en ese orden, y con una dicción formidable. La nota prevalente en ambos autores es la nostalgia, la melancolía, y en el gran Piotr Ilich el malestar ante la vida, el dolor por el amor frustrado, y el estado de ánimo ante la naturaleza (alguno de los poemas de partida son de la pluma de Heinrich Heine, aunque vertidos al ruso). Beczała fue un traductor único de toda esta panoplia de sentimientos.

En la segunda parte pasó a la ópera francesa con todos los fragmentos solistas (cuatro) del protagonista de Werther de Jules Massenet, además del corto momento del primer acto en el que declara su amor a Charlotte, ‘Rêve! Extase!’: en todos demostró por qué se le sigue considerando el intérprete más relevante de la parte en la actualidad. Deberíamos verlo más seguido sobre un escenario en este rol.

Luego siguió probablemente el momento menos interesante, ya que la ‘Élegie’ de Massenet, célebre, pareció por contraste un tanto carente de vida.

El recital concluyó con ‘O Paradise!’ de L’africaine de Giacomo Meyerbeer, otro de los hits de la escuela francesa, y finalmente con otra obra de Massenet que tal vez Beczała nunca cantará en su integridad (no porque no pueda sino por lo raro que es encontrarla en un teatro), Le Cid. No es la primera vez que canta la gran aria del protagonista ‘O souverain!’ del tercer acto, pero nunca lo ha hecho mejor.

Ante las ovaciones correspondió con tres bises: ‘su’ canción del también polaco, ‘Recuerdo días tranquilos’, que ha contribuido a poner en circulación, con su célebre pianissimo final (esta vez algo más corto), su principal aporte a la opereta vienesa con ‘Dein ist mein ganzes Herz’ (‘Mi corazón es todo tuyo’) de Das Land des Lächelns (El país de las sonrisas) de Franz Lehár, y una canción de Carl Bohm conocidísima y dedicada a su esposa ‘Still wie die Nacht’ (‘Silencioso como la noche’), absolutamente seductora.

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