Don Giovanni en Toulouse

Noviembre 21, 2025. La Opéra National du Capitole es sin duda uno de los importantes escenarios operísticos franceses. Situado en la pintoresca ciudad occitana de Toulouse en el sureste del país, la UNESCO le otorgó recientemente el título de “City of Music” por su amplia oferta musical, ya que además es sede de una prestigiosa orquesta sinfónica. 

Los primeros dos títulos del actual ciclo lirico, que comprende una variada e interesante oferta incluyó: Thaïs de Massenet y Theodora de Handel, dos títulos tan contrastantes y disimiles, como poco representados. Como tercer título de esta nueva temporada, el teatro eligió montar en escena Don Giovanni, el dramma giocoso en dos actos de Wolfgang Amadeus Mozart con libreto de Lorenzo Da Ponte, que fue estrenado en Praga el 29 de octubre de 1787. El teatro recurrió al estreno de un nuevo montaje (en colaboración con las óperas de Marsella, Montpellier, Dijon y Tours), lo que garantiza su vigencia durante diversas temporadas futuras, y que cautivó por su simplicidad, elegancia, atracción e ingenio. 

Las escenografías ideadas por Eric Ruf consistieron en un muro que representa el exterior de un palacio (con sus escaleras, balcones y ventanas) y que, según la escena, se abría en el centro, desplazándose hacia los lados del escenario, o uno hacia la parte trasera del escenario, y el otro hacia el frente, permitiendo que las escenas se realizaran en un ambiente a contraluz. 

La brillante iluminación blanca ideada por Bertrando Coudere provenía del enorme telón blanco que cubría el fondo del escenario, y entraba por las ventanas. Además, las discretas proyecciones de Pierre Martin Oriol crearon un ambiente sombrío, cargando de dramatismo, pero sin perder el carácter burlesco y satírico que contiene la historia. Los elegantes vestuarios de época fueron ideados por Pierre-Jean Larroque, en contrastantes blancos y negros para las cantantes femeninas, y en color oro para el protagonista, de estilo de finales del Renacimiento. 

La idea para la creación de las escenografías de Ruf proviene concretamente de la imagen de una pintura veneciana titulada “Fantasía arquitectónica al interior de un palacio” del pintor y grabador Michele Marieschi (1710-1744), pintada entre 1735 y 1741, y que fue reproducida en el programa de mano. El movimiento de los muros cumplió tanto con el objetivo de dar fluidez a la historia, como de deleitar virtualmente al público con seductoras escenas, como en el interior del palacio de Don Giovanni. Hubo varias escenas atractivas, pero destacaría la que muestra la estatua del Commendatore, que parecía de piedra, aunque se trataba del propio cantante, y a donde sube Don Giovanni y desaparece en la escena final. 

De la dirección escénica se encargó la reconocida actriz y cineasta francesa Agnès Jaoui, en sus primeras incursiones en la lírica (recorrido que comenzó en 2024 dirigiendo Tosca, y en diciembre, la rareza barroca L’uomo femina del compositor veneciano Baldassare Galuppi (1706-1785, vista en el teatro de Dijon y en la Opéra Royal de Versailles). El trabajo de Jaoui fue notable ya que, tanto en su trabajo cinematográfico como en la escena, ha logrado realizar un análisis profundo y meticuloso de las relaciones entre hombres y mujeres, adentrándose en su psicología y comportamiento, haciéndolos actuar en libertad y al servicio de la música. Asimismo, ha querido situarse en el contexto histórica de la España que indica el libreto, y donde la fuerza de Don Juan llega a palpar la cuestión del deseo, traspasando el conformismo social, los juicios morales, y la coerción religiosa en la época. 

El nuevo director musical del teatro, el maestro finlandés Tarmo Peltokoski, de reciente nombramiento, debió alejarse unos días antes de la que sería su primera producción lirica, y su lugar fue ocupado por el joven director italiano Riccardo Bisatti, de apenas veinticinco años, quien se valió de la brillantez y el profesionalismo de los músicos de la orquesta de este teatro, haciendo que emanara del foso la lustrosa y radiante orquestación de Mozart, incluido el continuo. Sin embargo, su elección de tempi lentos privó la escena de dinamismo y energía en ciertos pasajes, causando incluso cierto hastío. 

Esta función correspondió al estreno del segundo elenco conformado por el teatro para esta producción. Personalmente, me resulta poco apropiado referirme a “segundos” elencos, ya que puede condicionar al público a pensar que los cantantes son de menor nivel y experiencia a los del elenco de la función inaugural, lo que resulta completamente erróneo, sobre todo en un teatro de este calibre, donde se contratan más cantantes para ofrecer más funciones, y donde incluso ha sido podido escuchar, como en esta ocasión, a cantantes destacados. 

Dicho lo anterior, el papel principal le fue encomendado el bajo ruso Mikhail Timoshenko, quien le dio a Don Giovanni tanto la nobleza como la insolencia y desfachatez que pide el personaje, al que dotó de una voz robusta, profunda, pero plena de musicalidad y cadencia. El barítono Kamil Ben Hsaïn Lachiri fue divertido e irónico como Leporello, con notables medios vocales que lo hicieron sobresalir en el escenario. 

Dos realidades en el ambiente operístico francés son la soprano Alix Le Saux, quien le dio el carácter agitado y perturbado al personaje de Donna Elvira, cantando con nitidez y un sonido juvenil y de grato color; al igual que Marianne Croux, que mostró un canto refinado, delicado, elegante y virtuoso en cada una de sus arias como Donna Anna. 

Por su parte, el tenor Valentin Thill dio notoriedad en escena a Don Ottavio, un personaje que suele carecer de trascendencia, pero que aquí se lució por la nobleza, claridad y fraseo con los que cantó las dos importantes arias del papel. Correctos estuvieron los personajes de Zerlina y Masetto, interpretados con perspicacia por la soprano Francesca Pusceddu y el barítono Timothée Varon, quien dio una buena caracterización de Masetto, pero que parece tener los medios para abordar papeles de mayor importancia. 

Adrien Mathonat posee la voz de bajo oscuro necesaria para darle al Commendatore la estatura que merece con su presencia y su canto pujante e imponente. Una mención va para el Coro de la Opéra National du Capitole, que tuvo aportes puntuales, con profesionalismo y cohesión, bajo la conducción de su director titular Gabriel Bourgoin. Al final, fue una función que agradó al entusiasta público francés, que lo demostró con interminables aplausos al finalizar la función. 

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