El caso de Amadeus: La leyenda negra de Salieri

El caso de Amadeus: La leyenda negra de Salieri

El pasado sábado 12 de septiembre de 2020 tuve el gusto y el honor de participar en una mesa redonda integrada por Luis Gutiérrez Ruvalcaba, José Noé Mercado, Héctor López Bello y, moderando la mesa, Charles Oppenheim, para un nuevo ciclo virtual de Pro Ópera intitulado Ópera y Cine, en el que comentamos desde varias aristas el caso de Amadeus, de Miloš Forman, estrenada en 1984. ¿Por qué esta película?

Si bien la mayoría de los filmes emplean música de fondo en general, la música clásica y la ópera es un sector, digamos, especial, del séptimo arte, pues podemos encontrar óperas en formato cinematográfico, películas basadas en temas operísticos, biografías de compositores, filmes con escenas operísticas, óperas grabadas directamente en el teatro donde se representó y otras variantes. Amadeus es una cinta que combina magistralmente varias bellas artes: además del cine mismo, la música, la danza, la literatura… y por supuesto ¡la ópera! Y junto con estos elementos conviven el amor, el drama, la tragedia, las calumnias, los celos profesionales, el odio, la amargura, la comedia y… la muerte.

Wolfgang Amadeus Mozart fue un genio que en vida disfrutó del éxito derivado de la excelsa música que componía, pero no alcanzó la fama que sí tuvieron otros compositores de su tiempo, pues solamente vivió 35 años; su efímera existencia logró trascender con sus sinfonías, conciertos, serenatas y las óperas que legó a la humanidad, logrando colocarse en el pináculo absoluto del genio musical que fue varios años después de su muerte. 

Los compositores contemporáneos de Mozart —como Johann Christian Bach, Domenico Cimarosa, Christoph Willibald Gluck y Joseph Haydn—, tuvieron un brillo especial cada uno, pero había un compositor italiano que pasó gran parte de su vida en la corte de Viena y que, para los años en los que el joven Mozart se asentó en la capital del imperio, Antonio Salieri ya era maestro compositor de la corte de José II, emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, y tenía un prestigio ganado a pulso por su música y sus óperas.

La película Amadeus nos interesa precisamente porque se encargó, desde 1984, año de su estreno, en perpetuar la “leyenda negra” de que Salieri envenenó a Mozart… más otros detalles musicales e históricos que nos invitan a explorar y profundizar en el contexto del filme, pero, sobre todo, a tratar aquí de ahuyentar esa leyenda que no le hizo mucho bien al legado musical del compositor italiano.

Antonio Salieri fue de una talla musical elevadísima, pero no todos lo saben: al mencionar su nombre, solamente exclaman: “¡Ah, fue el asesino de Mozart!”

Por ello, es necesario ofrecer una semblanza de su vida para darnos cuenta quien fue el músico italiano nacido en Legnago, República de Venecia, en 1750, que llegó a ser compositor de la corte y maestro de capilla y teatro; un compositor que era apreciado, célebre, influyente y afortunado, sobre todo como compositor de óperas. Salieri se casó con Teresa Helferstofer y tuvo varios hijos con ella, aunque después de la guerra napoleónica no volvió a saber de ellos.

Al contrario de lo que se sugiere en la película, Salieri no era un compositor mediocre, ¡ni mucho menos! Salieri, bajo el tutelaje del compositor Florian Gassmann, recibió una educación de excelencia, fue presentado a tres personas que tuvieron gran influencia en su carrera: el emperador José II, quien lo empleó como músico de cámara, el poeta Pietro Metastasio y el compositor Christoph Willibald Gluck.

Así, pues, Salieri fue un influyente músico en Viena y para la época en que Mozart llegó a esa ciudad, ya era exitoso. Sus coetáneos lo describen como una persona amable y complaciente: nada como el tipo odioso y vengativo del filme, a quien se acaba por detestar al terminar la proyección.

Tan sólo con ver la lista de sus alumnos y su cuantiosa producción musical, se cambia de idea. El trabajo de este compositor nos dice mucho: recordemos la frase “por sus frutos los conoceréis”. No obstante, el gran público lo conoce como el villano retratado magistralmente por F. Murray Abraham en la película de Forman, pues siempre se le ha acusado de un crimen que no cometió… o sea, de una vil calumnia que ha perdurado por ¡doscientos años!

Salieri compuso ¡39 óperas!, además de conciertos, sinfonías, serenatas, música sacra… y además se dedicó a la enseñanza… tuvo entre sus alumnos a Ludwig van Beethoven, Franz Schubert, Franz Xaver Mozart (el hijo menor de Wolfgang), Franz Liszt y Caterina Cavalieri (personificada en la película por la actriz Christine Ebersole). Por cierto, Cavalieri no era italiana sino austriaca, pues había nacido en Viena y su nombre era Katherina Cavalier. Cantó tanto para óperas de Salieri como de Mozart.

La leyenda
La versión del envenenamiento de Mozart perpetrado por Salieri (que le sobrevivió casi un cuarto de siglo) se basa en una tradición espuria, un cuento realmente sensacionalista, según la cual Salieri se inculpó de tal crimen en su lecho de muerte, cuando ya se encontraba ciego y aquejado de demencia senil: la conseja ha sido descrita (y refutada) por Elena Biggi Parodi, autora del Catalogo tematico delle opere teatrali di Antonio Salieri.

Lo más probable es que Mozart haya fallecido a consecuencia de un problema renal provocado por una infección pulmonar y complicada con unas fiebres reumáticas. Hinchado por la retención de líquido y con un elevado síndrome febril, paralizado de medio cuerpo, Mozart deliraba en sus últimos días: al parecer, estaba convencido de haber sido envenenado con acqua toffana (una solución de arsénico y cantáridas), según lo publicado por Mary Novello (la hermana de Vincent Novello, importante editor musical) en A Mozart pilgrimage (1829) después de una entrevista con Franz Xaver, el hijo menor de Mozart.

Según este relato, Mozart creía haber sido envenenado por el misterioso personaje que le había encargado el Réquiem, o quizá por el propio Salieri (cosas que el joven Franz Xaver Mozart negaba categóricamente).

Los rumores llegaron al escritor y poeta ruso Alexander Púshkin, quien compuso el drama poético Mozart y Salieri, publicado en 1832. El relato que hace Pushkin implica una trama bien sencilla: un hombre, llamémosle Antonio Salieri, absorto en su monólogo, reflexiona en torno a la justicia. Otro hombre, llamado Mozart, acude a él para enseñarle una piececilla que Salieri juzga como obra de un dios. Acuerdan comer juntos, y durante la espera, Salieri toma la decisión de envenenar a Mozart. Al clavecín, Mozart interpreta un fragmento del Requiem que ha hecho por encargo de un desconocido vestido de negro. Salieri llora conmovido. Mozart, se despide, desmejorado, mientras el italiano le desea sueño eterno. 

Posteriormente, el compositor ruso Nicolái Rimski-Kórsakov, en 1898, escribió la ópera Mozart y Salieri basado en la obra de Púshkin, que sigue la leyenda de que Salieri envenenó a Mozart por celos debido a la música del genio de Salzburgo. Es una ópera que, por cierto, no se representa mucho.

Después, en 1979, el escritor inglés Peter Schaffer estrenó la obra de teatro Amadeus, igualmente basada en la obra de Púshkin, que se estrenó en Londres y luego llegó a Broadway, ganando varios premios. La narración corre a cargo del personaje de Salieri, dirigiéndose al público.

Al director de cine checo Miloš Forman le entusiasmó la idea de hacer una película tomando como base el trabajo de Schaffer, quien hizo la adaptación para el guión cinematográfico junto con Forman.

La película de 1984 Amadeus sigue la trama de Púshkin-Rimski-Kórsakov, presentando a Antonio Salieri como el villano que supuestamente impedía triunfar a Mozart en Viena por celos profesionales, aunque reconociendo, eso sí, la genialidad de aquél. La película obtuvo ocho Óscares (mejor director, mejor película, mejor actor, mejor guión adaptado, mejor dirección artística, mejor diseño de vestuario, mejor maquillaje y mejor sonido; cuatro premios BAFTA, cuatro Globos de Oro y un premio del Sindicato de Directores). Es una producción realmente impresionante.

En la primera escena del filme, escuchamos en off unos gritos angustiosos de Salieri, ya anciano y muy enfermo, encerrado en una habitación y, como habrá de verse en la siguiente escena, intentando suicidarse, proclamando “¡Mozart, perdóname!”

Pero no se aprecia en ningún momento de la película que Salieri suministre veneno a Mozart, ni siquiera cuando en su lecho de muerte está dictándole (supuestamente) a aquél el Requiem. [En realidad, según varios biógrafos de Mozart, este le dictó en su lecho de muerte a su discípulo Franz Xaver Süssmayr las notas de la parte llamada Lacrimosa (los ocho primeros compases) y dejó instrucciones para que la concluyera junto con las demás partes de la misa que faltaban (Offertorium, Sanctus, Agnus Dei, Communio: Lux Aeterna).] En la película, a diferencia de la obra de teatro, Salieri narra la historia a un sacerdote. 

Hay sentimientos y pensamientos encontrados cuando hacemos alusión a esta película, porque a partir de ella la leyenda negra de que Antonio Salieri envenenó a Mozart se acentuó y ha dejado en el imaginario popular esa versión, pues el cine, como sabemos, tiene una penetración muy poderosa en las mentes de los espectadores. Y digo que son pensamientos y sentimientos encontrados porque volvemos a ver la película una y otra vez y encontramos cierta fascinación por algunos detalles artísticos: de actuación, de vestuario, de ambientación, y en verdad es una producción notable, con un sonido maravilloso de la música de Mozart, como uno de los protagonistas destacados, ya que tuvo ni más ni menos que a Sir Neville Marriner como director musical. Son detalles que no pasan desapercibidos para el cinéfilo, pero en cuestión de ópera y música para el común de las personas que no están familiarizadas, persiste el mito del envenenamiento.

En la película quedan bastante bien retratados algunos rasgos de Mozart y Salieri, como el sarcasmo del compositor italiano, o la anécdota de que el emperador José II le comentó a Mozart que su partitura tenía “demasiadas notas”. Pero lo que no es verídico en la película es la escena en donde, ebrio, Mozart se mofa frente al cuadro de su padre, ya que Amadeus lo tenía en segundo lugar por debajo de Dios.

El resultado de ese experimento cinematográfico de Miloš Forman a partir de la obra de Peter Schaffer, en mi opinión, pinta un cuadro tragicómico de la persona de Mozart, que no le hace mucha justicia a todo su legado musical y operístico, y describe a un sádico y envidioso Antonio Salieri a quien tampoco le hace honor el filme por su gran legado musical. Aun así, paradójicamente, la película sirvió para dar a conocer más aún a este compositor italiano y a producir varias grabaciones de sus obras.

Encuentros
Al parecer, Mozart había tenido un encuentro no muy afortunado con Salieri ya en 1781, cuando éste fue elegido en su lugar como profesor de canto y de piano de la princesa Isabel de Wurtemberg. La elección de Salieri era lógica: era un profesor prestigiosísimo, con trayectoria y honores, y muy asentado desde el punto de vista profesional.

Otros contactos conocidos entre Mozart y Salieri fueorn la representación de la ópera bufa de Salieri Prima la música e poi le parole junto con Der Schauspieldirektor de Mozart en el Palacio de Schönbrunn el 7 de febrero de 1786, en una doble función en que el público votaría por la obra que más le gustara y ganó la del italiano.

Por otra parte, Mozart y Salieri llegaron a trabajar juntos y, con un compositor de apellido Cornetti (probablemente, Alessandro Cornetti, profesor de canto activo en Viena en aquella época) compusieron al alimón una cantata llamada Per la ricuperata salute di Ofelia, para la soprano inglesa Nancy Storace. (Ofelia es el nombre de la protagonista femenina de La grotta di Trofonio de Salieri, con libreto de Lorenzo da Ponte.) Storace, que luego sería la primera Susanna de Le nozze di Figaro de Mozart (y con quien el salzburgués mantuvo, al parecer, un romance en los años de su estancia en Viena), había sufrido una afección de origen depresivo que la había dejado totalmente áfona en el verano de 1784 y que le duró casi cuatro meses. 

La cantata, compuesta en 1785 para celebrar que la soprano había recuperado la salud, fue descubierta en el Museo de Música de Praga en 2015 por el musicólogo alemán Timo Herrmann y se reestrenó en la Mozarthaus de Salzburgo en marzo de 2016 y luego el 1 de septiembre de ese año se presentó en la Iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, a través de la Asociación Cultural Antonio Salieri en España, por su presidente, Ernesto Monsalve-Álvarez y la soprano Sara María Rodríguez, que está disponible en un video de Youtube: https://youtu.be/LqHtzXvx140

Mozart, como en efecto se muestra en la película, compuso seis variaciones sobre ‘Mio caro Adone’, una de las arias más famosas de la ópera La fiera di Venezia de Salieri. https://youtu.be/00a6Ja19ycc

Por lo que se refiere a la mayoría de las óperas de Salieri, evidentemente no son representadas en los teatros como lo son las de Verdi, Puccini, Rossini o Donizetti. Sin embargo, las que sí llegan a presentarse —aunque no con tanta frecuencia— son Prima la musica e poi le parole, ópera bufa en un acto, y L’Europa riconosciuta, que tuvo mucho éxito pues sirvió para estrenar ni más ni menos que la Scala de Milán, el 3 de agosto de 1778.

En la película Amadeus se presenta un fragmento del finale de la ópera Axur, re d’Ormus (1788), versión italiana estrenada en Viena con un libreto de Lorenzo da Ponte basado en la ópera Tarare (1787), también compuesta por Salieri para París, con un libreto del dramaturgo francés Auguste Caron de Beaumarchais. Axur fue encargada por el emperador José II para celebrar las bodas de su sobrino, el Archiduque Franz, futuro emperador de Austria.

Aquí está un fragmento de dicha ópera en la película, en el que canta el personaje llamado Aspasia: https://youtu.be/2dwB2QAk_LE. (En realidad, Caterina Cavalieri no cantó en ese estreno  —como se muestra en Amadeus— sino Luisa Laschi-Mombelli, una soprano italiana famosa en ese entonces por haber creado el rol de la Contessa en Le nozze di Figaro, además de Aspasia, en Axur de Salieri.)

Cavalieri sí interpretó para Salieri el rol de Nannette en el estreno de Der Rauchfangkehrer (1781), pero para Mozart estrenó el rol de Konstanze en Die Entführung aus del Serail (1782), fue una de las solistas en el estreno de la cantata Davide penitente (1785), creó el rol de Mademoiselle Silberklang en Der Schauspieldirektor (1786) y fue Donna Elvira en el estreno de Don Giovanni en Viena, en 1788.

Axur, re d’Ormus, se interpretó en Viena no menos de un centenar de veces entre el año de su estreno y el inicio del siglo XIX. Aquí el fragmento final de esa ópera narrada por Salieri en la película que estamos comentando: https://youtu.be/qF0esLIBiSU

Nunca alcanzó Mozart un éxito semejante en los teatros de la corte vienesa: Die Zauberflöte, su último y mayor éxito, fue estrenada en un teatro suburbial, el Theater auf der Wieden, y su autor no llegó a contemplar su triunfo definitivo, ya que falleció dos meses y cinco días después del estreno.

Ahora bien, ¿quién fue el enigmático sujeto que encargó el Requiem? No fue Salieri, como nos hacen creer en la película. En realidad el extraño personaje anónimo fue el mayordomo del conde Walsegg-Stuppach, cuya esposa había fallecido el 14 de febrero de 1791 a los 20 años de edad. El dicho caballero solía invertir ingentes sumas de dinero en veladas musicales para estrenar obras que supuestamente eran suyas… En realidad las encargaba a compositores verdaderos, luego copiaba las hojas y finalmente añadía de su puño y letra la frase composto del conte Walsegg.

Epílogo
Hay información muy interesante extraída de cartas y referencias hechas por otros compositores a manera de anécdotas. Por ejemplo, una refiere que Salieri no tenía escrúpulos para decirle a sus amigos que una vez muerto Mozart “era una lástima que hubieran perdido a un genio tan grande, pero que era algo bueno para ellos que estuviera muerto, ya que de haber vivido más, no ganarían un mendrugo de pan por sus composiciones”. 

Otra anécdota proviene del compositor checo Ignaz Moscheles, que fue su alumno: “Quise visitar al pobre Salieri, quien débil y enfermo, cerca ya de la muerte, pasaba sus días en el Hospital General de Viena. Nuestro contacto fue muy penoso porque su apariencia me impactó, hablaba en frases entrecortadas y tomaba aire a cada palabra. Al final de la entrevista me dijo: ‘Te puedo asegurar como hombre de honor que no hay verdad en el absurdo rumor —por supuesto que ya lo sabes— de que yo envenené a Mozart, pero no es cierto. Es pura maldad de la gente. Dile al mundo, querido Ignasz, que Antonio Salieri te lo dijo en su lecho de muerte’.”


El autor es Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana. Profesor universitario desde 1986. Autor de varios libros y ensayos sobre Justicia Alternativa, Ética y Derechos Humanos, Cine y Derecho, coautor del libro Otros Rostros de la Justicia. Vol. I. Ópera y Justicia, 2ª. Ed., México, 2020 (disponible en Amazon.com en versión electrónica e impresa). Colaborador de Pro Ópera desde 2010.

Bibliografía 
Askenazi, Alberto. Los compositores, Plaza y Valdés, México, 2012. 
Holden, Amanda, et al. The Viking Opera Guide, Penguin Books Ltd., London, 1993. 
Mordden, Ethan.Opera anecdotes. Oxford University Press, New York, 1985.
Suchet, John. Mozart. The man revealed, Pegasus Books Ltd., New York, 2017. 
Stendhal (Henri Beyle)Vida de Mozart. Estudio introductorio de Miguel Ángel de Rus. M.A.R. Editor.
Téllez, José Luis. Mozart y Salieri: la historia y la leyenda. Ensayo.
Valentin, Erich.Guía de Mozart. Discografía por Arturo Reverter,Alianza Editorial, Madrid, 1983.

Scroll al inicio