Francesca Ascioti: “A la voz le hace bien abordar diferentes estilos”

Francesca Ascioti: “Cuando escuché por primera vez tocar a una orquesta barroca, me derretí como una paleta al sol” © Frabrizio Sansoni

La destacada contralto italiana Francesca Ascioti es en la actualidad una de las pocas intérpretes que poseen este poco común registro vocal. Fue discípula de Bernadette Manca di Nissa y de Teresa Berganza, egresada del Conservatorio de Brescia y de la Accademia del Teatro alla Scala, donde debutó cantando el papel de Mrs. Quickly en Falstaff al lado de Renato Bruson. Su ascendente carrera despegó después de presentarse en el Festival de Ravenna, con este mismo papel, bajo la dirección de Riccardo Muti. 

A partir de allí, Francesca ha desarrollado una respetable carrera que la ha llevado a presentarse en el Festival de Martina Franca así como en teatros de Roma, Bari, Florencia, Venezia, Ámsterdam, Baden-Baden, Innsbruck, Lieja, Londres, Madrid, Moscú, Nueva York y Praga, entre otros.

Francesca Ascioti ha cantado obras del periodo barroco (Händel, Hasse, Pergolesi y Vivaldi); del periodo clásico (Mozart); del Romanticisimo (Donizetti, Rossini y Verdi); y hasta del siglo XX (Nino Rota). En esta entrevista, la contralto nos habla sobre su carrera, sobre su encuentro con Andrea Marcon, quien le abrió las puertas a un repertorio para ella desconocido, y de su ambicioso proyecto de ser la fundadora de la única orquesta de música antigua en Roma.

Smeton en Anna Bolena con la Opéra Royal de Wallonie de Lieja

¿Como descubriste el canto y cuándo decidiste que a esto te dedicarías?
Me acerqué al canto por casualidad, porque cuando tenía 11 años escuché y vi por primera vez una transmisión de televisión que la RAI hacía los sábados por la tarde de óperas en escena. Así me fui interesando por ver el mismo programa todos los sábados por la tarde, y pude ver diferentes títulos. A decir verdad, no entendía nada. No entendía lo que decían o lo que hacían, pero la música era hermosa y los vestuarios y las escenografías eran algo nuevo y diferente para mí, y una voz interna me decía que debía quedarme quieta mirando. A partir de ahí comencé a imitar a los cantantes frente al televisor, e inició para mí una especie de juego. Fue un juego que continué hasta que a los 14 años le pedí a mi papá que me llevara a un teatro a ver una ópera en vivo. Con un poco de perplejidad, me llevó al Teatro San Carlo en Nápoles para ver La bohème y tan pronto como se abrió el telón fue cuando me dije: ¡Cuando sea grande quiero ser cantante!

¿Qué nos puedes decir sobre tu registro vocal?
Me defino como contralto. Al principio me costaba trabajo aceptarlo, porque tuve un camino de estudios errado. Durante seis años en el conservatorio me hicieron estudiar como soprano: ¡todos los tipos de soprano! Y diré que en ese momento el canto había pasado de ser una alegría para convertirse en un sufrimiento para mí. Sé muy bien que estoy entre los muchos cantantes que se iniciaron en un camino equivocado.En mi caso fue difícil saber dónde ubicarme porque existen tan pocas contraltos que se trata de una voz difícil de entender y sobre todo de enseñar. La contralto necesita ser descubierta y cultivada, porque es una de las voces más raras que existen.

De acuerdo con la experiencia que viviste, ¿cuál consideras que sería la forma para que un cantante pudiera reconocer inmediatamente su registro vocal y así poder desarrollar su potencial?
Pienso que es una suerte encontrar inmediatamente la guía de un maestro adecuado. Hoy en día es más fácil encontrar maestros con conceptos equivocados que los que son verdaderamente buenos. Me parece que existe la carencia de una verdadera “escuela de canto”, y esto se debe a que lamentablemente las lecciones privadas de los maestros que son buenos cuestan una fortuna, y por este motivo estudiar canto ya no es algo para todos. 

Desafortunadamente, hoy ni en los conservatorios hay un buen nivel de profesores de canto. Incluso te diría que ya es algo raro. Por ello es importante que un cantante encuentre inmediatamente un maestro que no dañe su instrumento, pero, sobre todo, que no lo estropee con una técnica equivocada.

Mrs. Quickly en Falstaff con Renato Bruson en Parma © Roberto Ricci

¿Qué repertorio estás cantando actualmente y hacia dónde diriges tu carrera con tus cualidades vocales?
Mi repertorio es bastante vasto, ya que abarca del siglo XVII hasta la música contemporánea. Comencé mi carrera a los 27 años con Falstaff en la Accademia de la Scala junto al barítono Renato Bruson. Ahora tengo 36 y canto principalmente música barroca. Empecé con la ópera y luego, también por una casualidad, me embarqué en un nuevo mundo que es el barroco y que me parece maravilloso. Estoy segura de que con mi voz podría interpretar papeles que hoy considero que es mejor dejar de lado, pero debo decir que me gustaría mucho poder cantar todas las primeras óperas compuestas por Mozart, que hoy difícilmente se programan en los teatros. 

¿Cómo te gustaría darte a conocer frente a un público que nunca ha escuchado tu voz de contralto?
Les haría escuchar lo que, de hecho, hago siempre: el papel de Farnace de la ópera Mitridate, re di Ponto de Mozart. La primera reacción de quien me ha escuchado por primera vez, así como el comentario que me hacen, es siempre el mismo: “Farnace es un papel para contratenor y es difícil que una mujer lo pueda cantar”. Ni siquiera respondo, solo canto Farnace y allí está mi respuesta.

¿Entonces Mozart es el compositor cuyas composiciones se acercan más a tu manera de sentir?
Si, Mozart es el compositor que siempre está particularmente apegado a mi corazón.

La baronessa di Champigny en Il capello di paglia di Firenze de Nino Rota en el Teatro Petruzzeli de Bari

Mencionabas que actualmente te estás enfocando principalmente en el repertorio barroco. ¿Cómo descubriste esa música y cómo te especializaste en este estilo?
Descubrí el mundo del barroco como otra de tantas casualidades que me han ocurrido, porque realmente no conocía absolutamente nada de este repertorio. Después de que terminé de cantar en una producción del Cappello di Paglia di Firenze de Nino Rota en el Teatro Petruzzelli de Bari, fui a hacer una audición al teatro de Basilea en Suiza para la que preparé y llevé conmigo arias de L’italiana in Algeri y de Lucrezia Borgia. El director artístico me ofreció inmediatamente un papel en una ópera de Wagner, pero como lo rechacé me propuso que me escuchara el maestro Andrea Marcon, quien se encontraba en ese momento en la ciudad. 

En lugar de volver a Roma, me quedé un día más en Basilea para reunirme con el maestro Marcon…  Y aclaro que fue una reunión y no una audición porque no tenía ninguna partitura de música barroca conmigo ; de hecho, no solo no traía partituras de música barroca conmigo, sino que tampoco tenía nada en mi repertorio y menos en mi cabeza o en mi garganta. Cuando entré en la sala de la escuela Schola Cantorum de Basilea y vi por primera vez un clavecín, tuve una sensación de pánico y al mismo tiempo de mucha curiosidad. 

Andrea Marcon estaba sorprendido de que yo realmente no supiera nada del barroco y estaba además enojado, pero no se desanimó y me dijo: “Muy bien Ascioti, si no sabe nada de Händel, ni de Cavalli ni de Vivaldi, al menos permítame escuchar su voz”. A partir de que me escuchó esa vez, me propuso inmediatamente participar en una serie de conciertos de óperas de Vivaldi con su orquesta: La fida ninfa, Catone in Utica y Juditha triumphans.

Marzia en Catone in Utica de Vivaldi, con Anett Fritsch (Cesare) en el Concertgebouw de Amsterdam.

Así comencé mi recorrido por el barroco, pero sin abandonar nunca otros estilos operísticos. Quiero destacar que siempre he hecho ambos repertorios, porque la técnica es la misma; lo único que cambia es el estilo, así que se pueden cantar siempre ambas cosas. No soy del tipo de cantante que se especializa en un solo repertorio, por decisión propia, y porque básicamente a la voz le hace bien abordar diferentes estilos y compositores.

En cuanto al descubrimiento de esta música, tengo mucho que agradecerle al maestro Marcon porque me tomó de la mano y me guió exactamente como se hacía en el pasado, cuando el maestro director de orquesta tenía el poder y la libertad de descubrir cantantes y cultivarlos hasta lanzarlos a hacer una carrera. Hoy son los directores artísticos los que hacen todo, privando a los maestros la oportunidad de hacer su verdadero trabajo artesanal. Agradezco también a Marcon el haberme abierto la puerta a un mundo que tanto me ha apasionado.

En La Dori, overo Lo schiavo reggio de Pietro Antonio Cesti (1623–1669) en el Festwochen de Innsbruck

¿Cuáles fueron tus primeras sensaciones cuando escuchaste esta música?
¡Inolvidables! Porque cuando escuché por primera vez tocar a una orquesta barroca, me derretí como una paleta al sol. El sonido, la calidez y el color de la orquesta barroca simplemente me robaron el corazón.

Tanto te has involucrado con esta música que incluso fundaste una orquesta barroca. ¿Qué nos puedes contar al respecto?
En 2018 fundé una orquesta barroca en Roma, que es mi ciudad. En Roma, que no solo es la capital de Italia sino también una capital cultural del mundo, ¡no existía una orquesta especializada en música antigua! Fue algo no planeado porque mientras me ocupaba de algunos proyectos con el musicólogo Giovanni Andrea Sechi, pensamos en sacar a la luz música que nunca había sido interpretada, y quise hacerlo a partir del compositor Johann Adolphe Hasse, de quien encontramos una ópera muy atractiva sobre Eneas, quien fue precisamente el fundador de Roma [Nota del editor: En la Eneida de Virgilio, Eneas aparece como el héroe troyano que viaja a Italia y se convierte en ancestro de Rómulo y Remo.] 

En ese entonces, junto a Vivica Genaux, había fundado también un taller para jóvenes cantantes en el que recibimos muchas solicitudes de artistas de muy alto nivel. Entonces, pensé que no debíamos limitar el taller solo a cantantes, y decidí que hiciéramos el montaje en escena de esa ópera de Hasse, Enea in Caonia. Pero como no se hacía ópera barroca en Roma, me dedique a buscar y reunir a instrumentistas romanos de barroco que tocaban en importantes orquestas del mundo para así tener una orquesta. Así fue como nació la orquesta Enea Barock Orchestra.

¿Quién influyó en ti para hacer todo ese proyecto?
Nadie influyó en mi idea de fundar a la Enea Barock Orchestra. Fui yo, que lamentablemente no puedo quedarme quieta, ni en mi cabeza ni con mi tiempo. Para mí las vacaciones a veces no tienen sentido porque siempre tengo la necesidad de hacer y de crear algo. Entre los directores que he conocido y que han influido en mi carrera obviamente se encuentra Andrea Marcon, porque gracias a él pasé de no conocer una sola aria de Händel hasta fundar una orquesta barroca, y aunque ya llevo ocho años cantando este repertorio, no puedo prescindir de él.

La resurrezione de Händel con la orquesta Collegium 1704 en Praga © Petra Hajská

¿Cómo logras organizarte para realizar este trabajo sin descuidar tus contratos como solista?
Soy capaz de compaginar mis compromisos con los del ensamble porque tengo la suerte de contar con un equipo maravilloso que yo misma conformé, y que realmente camina muy bien y hace que todo marche sobre ruedas. 

En septiembre de este año salió al mercado la grabación de esa Enea en Caonia de Johann Adolf Hasse. ¿Qué nos puedes decir sobre la grabación y qué significa para ti el haber materializado esta serie de ideas?
Sí, en septiembre del año pasado grabamos nuestro primer disco junto con la valiosa dirección de Stefano Montanari, quien decidió involucrarse en el proyecto de la Enea Barock Orchestra. La elección del elenco fue un desafío para todos, pero sobre todo sirvió para demostrar que no es cierto aquello de que pueden cantar música barroca quienes solo se dedican y se especializan en ello. Basta con leer los nombres en la portada del disco para entender que el elenco es completamente una fusión de maravillosos artistas que están acostumbrados a otros estilos. 

Además, decidimos grabar el disco de Enea in Caonia porque al hacer nuestro primer proyecto nos dimos cuenta de que la música era demasiado hermosa como para dejar que fuera solo el recuerdo de una ocasión. El descubrimiento musicológico se llevó adelante como un testimonio, dejando posiblemente una huella, que dará a muchos la oportunidad de escuchar algo que nunca se había ejecutado hasta ahora. El disco fue editado por el sello discográfico alemán CPO y es el primero otros por venir y en los que ya estamos trabajando. 

Volviendo a tu desempeño como solista, ¿qué papeles consideras que te ha dado mayor satisfacción interpretar y cuáles consideras que han sido importantes para ti?
Hablando de ópera, uno de los papeles que me ha dado mucha satisfacción se encuentra el de Quickly en Falstaff. En el barroco te mencionaría el de Marzia en Catone en Utica; y otro al que le tengo aprecio es Ozias en Juditha Triumphans de Vivaldi, que debuté en el Teatro La Fenice de Venecia, que me ha acompañado por mucho tiempo, al menos en dos producciones por año, y me ha permitido presentarme en las salas más importantes del mundo, aunque considero que ha llegado el momento de abandonarlo para poder cantar de esa misma obra quizás el papel de Holofernes.

Ozias en Juditha Triumphans de Vivaldi en el Teatro La Fenice:

¿Entre todos los teatros y salas de conciertos importantes en los que te has presentado de cuál guardas un recuerdo especial?
El teatro que me dio muchas emociones cuando pise su escenario fue el Carnegie Hall de Nueva York. ¡Nunca me olvidaré de aquel cúmulo de sensaciones y de la emoción que viví allí!

Enea in Caonia de Johann Adolf Hasse

Fuera del escenario y del ambiente laboral ¿cómo es Francesca Ascioti en la vida cotidiana?
Tengo como pasatiempo la cocina. Me encanta cocinar e incluso en el mundo de la ópera saben muy bien que cuando estoy en una producción, las invitaciones a cenar son siempre en mi casa. En la vida de todos los días siempre estoy rodeada de muchos amigos (que por suerte no son solo del mundo de la música), y tengo tanto qué hacer con ellos que ahora que me doy cuenta nunca me paso la vida sola, nunca, porque siempre tengo invitados en casa y estoy rodeada de gente, además de tener conmigo a mi querido gato Tito.

Desde tu perspectiva, ¿como ves este periodo de inestabilidad por el que atravesamos todos y del que no está ajeno el mundo musical y de la lírica?
Debo decir que este momento de gran incertidumbre nos preocupa como artistas y no nos permite mucho la oportunidad de pensar en algún papel a considerar o al que uno quiera apuntar a futuro. Vivimos mucho al día y la única forma en la que debemos pensar ahora es en estar siempre alertas, listos para afrontar lo que se nos proponga. Espero que lleguen tiempos mejores porque nosotros los artistas necesitamos expresarnos de la mejor manera y debemos tener la oportunidad de hacer teatro como siempre lo hemos hecho.