Giuseppina Bridelli: “Mientras no se le dé su lugar, el barroco permanecerá en las sombras”

Giuseppina Bridelli © G. Rizzotti

Conversamos con la mezzosoprano Giuseppina Bridelli, originaria de la ciudad de Piacenza en la región de Emilia-Romaña de Italia, quien pertenece a una generación de jóvenes artistas de ese país que sobresalen por su interpretación y su especialización en la música antigua, sin descuidar la ópera romantica, ni los conciertos sinfónicos o los recitales. Giuseppina nos habla sobre su interés por la música barroca, sobre sus inicios y sus planes futuros, y general sobre su manera de entender su profesión. 

Giuseppina, ¿podrías contarnos brevemente como sobre tus inicios? ¿Cómo entró la música en tu vida y por qué decidiste convertirte en una cantante lírico?
Digamos que en mi familia la ópera era algo normal. Mi abuela tenía un apellido especial: Poggi, y Gianni Poggi, su primo, fue un gran tenor de los años 50, que pisó escenarios de todo el mundo. Fue una de las glorias de la ciudad de Piacenza y obviamente un mito en la familia. Mi padre y yo llevamos años coleccionando sus discos de vinilo. Entonces, en mi casa había pasión y cultura de ópera y todo fue un camino muy natural, porque comencé en un coro de niños y luego, en cuanto la edad me lo permitió, me inscribí en el Conservatorio.

¿A qué repertorio estás dedicada actualmente?
Ahora mismo estoy en Viena, comprometida con una producción muy interesante: La rappresentazione di anima e corpo (La representación del alma y el cuerpo) de Emilio de Cavalieri, un título muy raro pero que realmente representa los albores de la ópera, con la dirección musical de Giovanni Antonini y dirección escénica de Robert Carsen. Pronto cantaré l’Isola disabitata (La isla deshabitada) de Joseph Haydn en el Teatro Alighieri de Ravenna, y después cantaré Cherubino de Le nozze di Figaro de Wolfgang Amadeus Mozart (uno de mis caballos de batalla) en la ópera de Versalles, y luego espero con ansias mi debut en el barroco francés con L’Atys de Lully a principios del 2022 en la Ópera de Ginebra.

¿Hay algún compositor que sientas particularmente cercano a ti?
Se dice que el primer amor nunca se olvida, y las primeras arias que estudié fueron de Mozart. La primera ópera en la que participé, a los 21 años, fue Così fan tutte. Mozart siempre me ha acompañado y espero que lo haga a lo largo de mi carrera. También creo que es el punto de unión entre los dos caminos artísticos que sigo: el barroco y el bel canto.

Lamento de Dejanira ‘Ahi che amarezza’, Ercole amante de Francesco Cavalli

Mencionas la ópera barroca, a la cual dedicas gran parte de tus compromisos y de tu tiempo, y en la que has sobresalido. ¿Cómo descubriste este género y su estilo de canto?
La vida a menudo se compone de encuentros fortuitos. Mientras estudiaba en la Escuela de la Ópera del Teatro Comunale de Bolonia, asistí a una clase magistral con Sonia Prina y quedé un poco impactada, porque la considero una artista extraordinaria. Después tomé algunas lecciones con ella, que fueron lo que realmente me abrieron la mente sobre lo fascinante y estimulante que puede ser este repertorio, que es muy adecuado para mis características vocales.

En tu aproximación a este repertorio ¿Te consideras una artista sensible a lo que es la investigación musicológica y a las interpretaciones históricamente informadas?
Soy una persona interesada y curiosa y me gusta trabajar con los que tienen más experiencia y conocimientos que yo, porque al no contar con estudios específicos, todavía me queda mucho por aprender. Al mismo tiempo, me alejo de ser encasillada porque pienso que debe haber un espacio para tener un mínimo de libertad, especialmente cuando se hace ópera para el teatro.

Dejanira en Ercole amante de Francesco Cavalli, en la Opéra Comique de París © Stefan Brion
Cherubino en Le nozze di Figaro, en la Opera Nationale de la Lorraine

Entre todos los roles que has cantado hasta ahora, ¿hay alguno con el cuál te identificas más o que te ha gustado mucho interpretar?
No es una pregunta fácil de responder, porque muchas veces me apego a los personajes que canto, porque en cada uno de ellos pongo una parte de mí. Quizás el que más he disfrutado hasta ahora ha sido Sesto en La clemenza di Tito —que canté primero en Francia y luego en el Maggio Musicale Fiorentino—, ya que es un personaje espléndido y complejo, profundamente introvertido. Desde el punto de vista musical canta arias hermosas, y vocalmente requiere mucho trabajo y es uno de esos roles que te hacen crecer mucho como artista, así que espero que me acompañe siempre.

Desde tu experiencia, ¿por qué crees que la ópera barroca no es del total interés para los teatros y generalmente se limita a festivales especializados?
El repertorio barroco lamentablemente está cubierto por un manto de prejuicios: en primer lugar, a menudo se considera un repertorio “fácil” comparado con los repertorios que llegaron más tarde, y por ello a menudo está reservado para cantantes jóvenes e inexpertos, o a voces que aún no han madurado. Muchas veces durante mis estudios escuché frases como: “Canta un aria fácil, busca una aria antigua”. Pero en realidad se trata de un un repertorio plagado de dificultades, como las coloraturas, las extensiones de voz muy amplias, hay notas extremas, legato, fiato alargado y fraseo variado. Para ser valorado como se debe, se necesitarían cantantes del más alto nivel y de fuerte personalidad, exactamente como sucedió en su momento con los famosos de la época barroca, como Farinelli, Bordoni, Senesino. Mientras no se le dé su lugar, el barroco permanecerá en las sombras y sonará aburrido para todos.

Hablando de la parte escénica de los personajes, ¿consideras que es importante que un cantante de ópera aprenda interpretación y actuación o se trata solo de una cuestión de instinto?
No creo que un cantante pueda ser comparado con un actor, porque nunca tendremos la misma «libertad» corporal ya que, principalmente, nosotros utilizamos nuestro cuerpo para cantar. Seguramente que hay cantantes —algunos más y otros menos— predispuestos a estar sobre el escenario, pero mucho depende de la propia personalidad preparar un papel, pero en mi opinión, incluye también un trabajo físico en busca de la actitud adecuada que se pretende darle al personaje. Por ello normalmente hay diversas semanas de ensayos escénicos en los que se puede trabajar en esto.

Pocos cantantes tienen la posibilidad de realizar grabaciones discográficas. Tú eres de las afortunadas. El barroco ofrece amplias posibilidades para realizar proyectos novedosos y originales, y en tus últimas dos grabaciones abordas y contrastas la música de cuatro compositores, contemporáneos en su tiempo: Porpora y Händel (en el CD Duel: Porpora and Händel in London); y luego Scarlatti y Caldara (en tu más reciente CD Appena chiudo gli occhi: cantatas for solo…) ¿Cómo nació la idea para estos dos proyectos, y que satisfacciones has tenido dentro de las dificultades de grabar discos?
Ambos proyectos nacieron de la voluntad de colaborar, con el apoyo de la prestigiosa casa discográfica Arcana, y con grupos a los que estoy muy apegada: primero con Le Concert de l’Hostel Dieu (uno de los conjuntos con el que tuve mis primeras experiencias en el barroco) y recientemente con el Quartetto Vanvitelli (un joven conjunto italiano de músicos de primer nivel, que ahora son también amigos). Grabar un disco es verdaderamente una experiencia única: un trabajo intenso y detallado en busca de la perfección, un trabajo para compartir y escuchar música de manera recíproca. Se trató de un verdadero tour de force, ya que grabábamos y yo cantaba durante seis, a veces hasta ocho horas al día. Así se aprende mucho a administrar la propia energía y a utilizar de la mejor manera la técnica para aumentar la resistencia.

‘Appena chiudo gli occhi’: Cantatas for Solo Voice with Violin’ by Scarlatti and Caldara

Mirando hacia el futuro. ¿A dónde piensas que te llevará la evolución natural de tu voz? ¿Hacia cuales nuevos personajes?
La exploración de repertorios siempre nuevos y diferentes es sin duda un estímulo importante que nos lleva a crecer mucho artística y técnicamente. Recientemente hice mi debut como Rosina en el Barbero de Sevilla en el Teatro Municipal de Piacenza, Italia y debo decir que he obtenido muchos beneficios en el canto de Rossini: así que seguramente me gustaría continuar explorando más de estos roles. Por otro lado, creo que la evolución natural de mi voz no es hacia la parte grave sino hacia el agudo o, mejor dicho, hacia papeles más híbridos, de mezzo falcon: así que espero poder cantar pronto Ariodante y algún día me gustaría interpretar a Rodelinda. Como parte del repertorio, creo que podré interpretar a Donna Elvira y espero que con el tiempo a Adalgisa. Si me preguntas: ¿cuál es el sueño que guardo en el cajón? Te respondería que Charlotte de Werther.

¿Cuáles que son actualmente los retos más difíciles a los has tenido que enfrentarte como cantante de ópera, con las restricciones en los teatros y en los viajes?
En este momento todo es mucho más complicado para viajar y trabajar. Sin embargo, por fortuna estamos sometidos a constantes controles, pero esto es también a la vez muy estresante. Personalmente siempre he amado todo lo que concierne a este trabajo, pero últimamente la distancia de casa y de mi familia me pesa un poco más; pero sigo aun estando en una fase en la que los pros siguen superando a los contras.

Sesto en La clemenza di Tito, Maggio Musicale Fiorentino, 2019
L’Incoronazione di Poppea en el Innsbruck Festwochen, 2011

¿Podrías hablarnos como es Giuseppina en la vida de todos los días? ¿Sigues un estilo de vida particular?
Te diré que Giuseppina es una persona tranquila, que ama pasar el tiempo con la familia y los amigos, y que disfruta mucho el tiempo que pasa en casa en Piacenza, que es mi ciudad. Procuro llevar un estilo de vida sano, de ejercitarme y estudiar cotidianamente. Nuestra vida está cargada de viajes, emociones y adrenalina, siempre en diversas compañías. Quizás por esto mismo en casa amo recuperar las viejas costumbres y tener un ritmo de vida más tranquilo. 

Para finalizar, podrías contarnos ¿cuál es la experiencia internacional que mas te ha agradado y si tienes algún recuerdo especial de algo que te haya sucedido en algún teatro?
Soy muy afortunada porque he viajado y he cantado en muchos países y teatros maravillosos, como Hong Kong y Tokio. He hecho una gira por Sudamérica, donde canté en el mítico Teatro Colón de Buenos Aires, así como en el Carnegie Hall de Nueva York. Creo que recordaré siempre mi primera gira internacional a Japón con el Teatro Comunale de Bolonia, en el ya lejano 2011; de allí, recuerdo las largas filas durante la firma de autógrafos al finalizar el espectáculo. Fueron los primeros autógrafos que di en mi vida, y luego las cartas que recibí de los fans japoneses meses después en mi casa. 

También el recuerdo que me emociona mucho es la primera ocasión que me paré sobre un escenario. Esto fue a los siete años en el Teatro Municipal de Piacenza, donde canté con el coro de niños en La bohème. Nunca olvidaré las emociones vividas, así como el olor del escenario. ¡Tal vez allí fue donde algo se encendió en mi!