El barítono rumano George Petean cumple este año 25 años de carrera y celebra sus 50 años de edad. Con una carrera sólida y llena de éxitos en los mejores teatros del mundo, Petean es un intérprete muy querido en México, ya que hemos tenido el placer de escucharlo en varias ocasiones en nuestro país.
Hizo su debut en nuestro país en el papel de Figaro en Il barbiere di Siviglia de Rossini en el Palacio de Bellas Artes, para luego volver a dicho teatro a cantar el Conde de Luna en Il trovatore y también cantó Marcello en La bohème en el Auditorio Nacional con Ramón Vargas y Ainhoa Arteta con la Compañía Nacional de Ópera.
Conocido en el mundo de la ópera como el “barítono Jedi” por su afición a Star Wars, su repertorio abarca desde el bel canto hasta óperas del verismo, pero es conocido, ante todo, por ser uno de los mejores barítonos verdianos de la actualidad. Entre su repertorio no verdiano está L’Elisir d’amore y Lucia di Lammermoor de Donizetti, I puritani e Il pirata de Bellini, Madama Butterfly de Puccini, Pagliacci de Leoncavallo y Andrea Chénier de Umberto Giordano.
Aparece regularmente en los escenarios de ópera internacionales más importantes, como la Ópera Estatal de Viena, el Royal Ballet y la Ópera Covent Garden, la Ópera de Zúrich, el Gran Teatre del Liceu, la Ópera Estatal de Baviera, la Ópera Metropolitana, la Deutsche Oper Berlin, la Semperoper Dresden, el Teatro Real Madrid, el Teatro alla Scala y el Teatro Comunale di Bolonia, entre otros. Ha colaborado con directores de renombre como Riccardo Muti, Riccardo Chailly, Zubin Mehta, Nicola Luisotti, Fabio Luisi, Marco Armiliato y Renato Palumbo, entre otros.
Tiene varias grabaciones, entre las que destacan CDs y DVDs de óperas como L’Amico Fritz (Deutsche Grammophone) con Angela Gheorghiu y Roberto Alagna, dirigidos por Alberto Veronesi; Un ballo in maschera con Anja Harteros y Piotr Beczala,y Andrea Chénier con Harteros y Jonas Kaufmann(videos Unitel de la Ópera Estatal de Baviera); Le Duc d’Albe de Donizetti (Dynamic), que fue la primera grabación a nivel mundial de esta ópera; Luisa Miller de Verdi (BR-Klassik) con Marina Rebeka, con quien también grabó La traviata (Prima Classic); y Attila de Verdi (BR-Klassik) con Ildebrando D’Arcangelo, para mencionar solo algunos.
Actualmente, Petean está cantando el papel de Miller en la Ópera Estatal de Viena al lado de Nadine Sierra y Freddie De Tommaso. En una pausa de los ensayos tuvimos la oportunidad de platicar con el barítono rumano, en exclusivo para Pro Ópera, y conocimos más acerca de su vida, su carrera y su pasión por Star Wars. Agradecemos mucho también a Florina Pop, esposa de George, quien ayudó a concertar nuestra amena plática.
¿Cómo fueron tus inicios en el canto? Leí que empezaste a estudiar primero trombón…
Sí, estudié seis años piano y siete años trombón en la secundaria de mi ciudad natal, Cluj-Napoca, en Rumania. En realidad, todo comenzó por mi hermano; cuando yo estaba pequeño, de unos cinco o seis años. Él, que también es cantante de ópera y cuyo nombre artístico es Alexandru Agache, hizo una gran carrera. Hizo muchas funciones en el Metropolitan Opera, en Royal Opera House de Londres, teatros muy importantes… Él es veinte años mayor que yo, así que me tocaba escucharlo cantar y me preguntaba si me gustaba tal o cual aria. Hizo que tuviera yo buen oído desde pequeño y así fue como empezó mi pasión por la música y por la ópera.
El mejor amigo de mi mamá era maestro de música; el fue el primero en examinar si yo tenía buen oído y sentido del ritmo, antes de ir a la escuela de música. Dijo que yo era muy talentoso y así fue como inicié mis estudios de música, primero con el piano y, cuando estaba en el sexto año, me cambié al trombón. Me gustó una vez que vi a alguien tocarlo en la televisión y por eso decidí aprender a tocarlo.
Cuando iniciaste tus clases de canto, ¿eras barítono desde el principio o te manejaron primero como tenor?
Mi voz es entre tenor y barítono, si soy totalmente honesto, porque es un poco más alta que la de un barítono promedio; o sea, técnicamente puedo llegar a notas muy agudas. Puedo dar el Si bemol al que llega un tenor, pero no con esa brillantez, pero más bien es mi timbre lo que me define como barítono. Creo que es de un color bello. La tesitura de todos los roles verdianos que canto es perfecta, me queda muy cómoda. Verdi escribió mucho más arriba para el barítono que Donizetti o Bellini. Mozart escribió más grave para mi tipo de voz.
Mozart es un buen compositor para los cantantes jóvenes…
Sí, sobre todo para los hombres, porque los roles femeninos son más complicados de cantar. Ellas necesitan una técnica más sólida para cantarlo. Ayuda mucho en los papeles masculinos que la mayoría son hombres jóvenes: Don Giovanni, el Conde Almaviva, Guglielmo, y son muy divertidos de interpretar.
Tu debut en escena fue en 1997 como Don Giovanni…
Sí, en una ciudad rumana llamada Timisoara, pero fue más bien en la Academia de Música, no era una presentación oficial pero sí fue la ópera completa. Hice Don Giovanni y, como les gusté mucho, la Ópera de Timisoara me invitó a hacer una gira con ellos e hice seis funciones en nueve días. A ellos siguió que la Ópera Nacional de Cluj Napoca me contratara para cantar Ford en Falstaff y Rodrigo en Don Carlo; tenía yo 23 años, así que mi hermano me ayudó. Ahora recuerdo que mi primer papel en esa casa de ópera fue Malatesta en Don Pasquale, luego Valentín en Faust y muchos roles más.
Hice Figaro en Barbiere cuando ya llevaba yo más de 200 funciones de diversos títulos. Cuando ya había acumulado suficiente repertorio, mi hermano me ayudó a audicionar para Lady Luisa Petrov en Frankfurt, Alemania. Ella también hizo que yo audicionara también para la Ópera de Frankfurt; fueron dos audiciones en una. Les gusté y me dieron un contrato para hacer Il barbiere di Siviglia en el año 2000. Pero creo que mi carrera internacional comenzó más bien en Roma, cantando La bohème en un grupo de jóvenes; estaban en el primer elenco Rolando Villazón y en el segundo el tenor Stefano Secco, donde estaba yo, con el maestro Marco Balderi en una hermosa producción de Filippo Crivelli, una de las más hermosas que he hecho.
Al terminar esas funciones, la Ópera de Roma me pidió hacer Le jongleur de Notre Dame de Massenet y la tengo en video como un recuerdo increíble, porque canté ahí con el gran bajo búlgaro Nicolai Ghiaurov. Todavía ahí no sabía yo si seguir como barítono o como tenor, porque tenía fácil el Si bemol, así que pedí a Mirella Freni que me oyera. No me dio la respuesta correcta pero sí me dijo que siguiera trabajando para ver dónde se acomodaría mi voz y, después de muchos intentos, vi que no podía sostener la tesitura aguda de tenor. Mi color y voz eran redondos, mi timbre era más de barítono; tengo muy bien mis notas graves. Soy barítono lírico de timbre cálido.
Estuviste un tiempo como cantante residente de la Ópera de Hamburgo. ¿Qué tan importante es para un joven intérprete formar parte de una casa de ópera en donde está constantemente cantando para luego poder salir a enfrentarse a una carrera internacional?
Creo que depende de cada persona: hay artistas que son muy talentosos y que de inmediato despegan y se van a hacer una carrera internacional. Para la gran mayoría, en donde me incluyo, es y fue muy importante estar dentro de una compañía de ópera durante un tiempo para poder consolidar la técnica. Así uno entiende mejor qué papeles son los que le quedan a su instrumento; algunos descubren que son barítonos verdianos, otros mozartianos, otras sopranos dramáticas, etc… Siempre comparo la voz con las carreras de autos: si tienes una voz de “Fórmula 1” te vas a competir en Fórmula 1, si eres más de los Rallys, te vas a “correr” los Rallys.
Obviamente todos tenemos que cantar cierto repertorio, casi todos iniciamos con Mozart y el bel canto que es, para mí, la base para cantar todo lo demás, incluso Wagner o las óperas modernas o las de Sprechgesang. Es bueno estudiar también a Monteverdi, Gluck y Händel para tener una voz sana. Entender tu voz es lo más importante y a eso te pueden ayudar las casas de ópera. En mi caso, estuve ocho años en Hamburgo y ahí canté Verdi, Puccini, Rossini y pude comprender hacia dónde iba mi voz. También es muy importante la experiencia en escena, las llamadas “tablas” que te da estar constantemente en escena como parte de una compañía fija. Tengo colegas que son buenísimos actores y otros que necesitan entrenarse en eso de la actuación, y ahí es donde viene la labor del teatro donde estás de planta.
Hablando de maestros que te han formado y ayudado a través de tu carrera, debemos platicar sobre Vicente Sardinero y Giorgio Zancanaro…
Quiero platicar de mis primeros maestros, que me prepararon mucho antes que ellos: uno fue el barítono rumano llamado Boșca, de quien aprendí la base para mi técnica. Él me enseñó a respirar y a colocar la voz “en la máscara”. Luego tuve a otros dos maravillosos maestros: Gheorghe Roșu, un bajo rumano muy famoso en su tiempo, y su asistente Marius Vlad Budoiu, quien es uno de mis mejores amigos y es uno de los mejores maestros de canto que conozco.
Después tuve la oportunidad de estudiar con dos maravillosos barítonos con los cuales pude desarrollarme aún más. Lady Petrov me ayudó mucho, como agente, porque le importan mucho sus cantantes y los cuida. Sabe mucho de la tradición operística y de cómo deben desarrollar sus carreras los cantantes. Ella fue quien me contactó para poder estudiar con Sardinero y me fui a España dos veces para trabajar con él, pero, lamentablemente él ya estaba muy enfermo de cáncer y no pude seguir tomando clases con él. Me ayudó a tener más brillo en mi voz, que se oyera adelante para poder proyectar bien en los teatros.
El evento más afortunado de mi vida fue conocer y poder trabajar con el maestro Zancanaro. Para mí es ejemplo del barítono perfecto; es el Pavarotti de los barítonos. Ambos representan la tradición de la ópera italiana, pero con un toque más moderno que los hace universales. Su nivel de calidad vocal no ha sido superado aún. Encontré en Zancanaro a un padre, a un amigo y un hermano, todo en uno; me enseñó a entender cómo debo cantar en italiano y entender el idioma mismo al hacerlo. Todo lo que él cantaba era de un nivel impresionante: su Gérard en Andrea Chénier, su Di Luna en Trovatore, su Rigoletto…
Al principio fue difícil porque yo tenía que entender que nunca llegaría a ser mejor que él porque él es italiano, es su lengua materna, entiende su idioma de una manera única. Trato de hacer lo mejor posible con ello y a veces lo logro, pero al oírlo cantar una ópera completa de principio a fin, se ve que entiende todo sobre el personaje. Es un perfeccionista y siempre se adentra en la música.
Otra gran influencia en tu carrera, años después, ha sido tu colaboración con Riccardo Muti.
Sí, por supuesto. Eso fue como una revelación. La primera vez que hice audición para él fue para Macbeth en Chicago, pero ya tenía a alguien más. En esa audición, lo que yo no sabía es que en realidad estaba buscando a alguien para cantar Simon Boccanegra. Así fue como empezó nuestra colaboración y he aprendido tanto de trabajar con él. Fue muy curioso porque, en ese aspecto, mi carrera y la de mi hermano son muy parecidas y tienen vínculos muy interesantes. La última ópera que mi mamá y yo le oímos cantar a Alexandru en 1993 fue precisamente Simon Boccanegra en la Royal Opera House de Londres, dirigido por Sir Georg Solti. Me inspiró tanto esa función que también quise cantar el rol; el destino me llevó después a poder cumplir mi sueño de cantar esa ópera con uno de los grandes directores verdianos del mundo, el maestro Muti. Lo canté con él primero en Roma y guardo recuerdos muy hermosos de esas funciones. Después la hicimos en Japón y la acabamos de hacer de nuevo allá hace poco.
¿Cuántos roles verdianos tienes en tu repertorio, hasta el día de hoy?
Creo que son 15, pero hay algunos que ya no los quiero cantar. Hay papeles como el de Falstaff que son un poco más graves y que no lo quiero hacer todavía: no me veo en el personaje. Habiendo cantado Ford con dos magníficos Falstaffs, como Alan Titus y Ambrogio Maestri, que son increíbles en el papel, pues no me veo yo haciéndolo. Sé que en Il trovatore o en Un ballo in maschera puedo ser el mejor; acabo de cantar Miller, que es un rol muy hermoso. Creo que me identifico mucho con los roles positivos. Mi voz se adapta bien a personajes como el Marqués de Posa, Miller, Simon Boccanegra…
Ahora que cumples 50 años de edad y 25 de carrera, ¿qué roles seguirás cantando y cuáles dejarás a un lado?
Creo que no haré a un lado ningún papel; todos los roles que canto tienen su encanto. Me encanta Macbeth, Rigoletto, Germont; trato de mantener en mi repertorio constantemente los roles más difíciles, porque me mantienen en forma. Me encanta la frase de Plácido Domingo: “If I rest, I rust” (“Si descanso, me oxido”) y así soy yo. Prefiero cantar todos los días, sabiendo cómo medirme, que hacer un papel corto como Amonasro en donde sales poco y casi no cantas. Cantar diario te mantiene en forma; es como los bailarines de ballet, si no entrenan diario, pierden condición.
¿Cómo preparas un rol nuevo?
Tengo un método muy bueno para aprenderme un papel; primero tomo el texto, lo traduzco y luego lo recito como si fuera un actor de teatro. Luego lo hago con el ritmo, luego estudio solo la música porque ella te dice sobre los sentimientos de los personajes. Me gusta escuchar luego solo las melodías para saber qué me dice, qué me transmite dramáticamente. Después ya las junto y conecto todo lo que dicen entre sí.
Con la edad, me toma más tiempo aprenderme un papel; a los 25 años lo memorizaba en dos meses y ahora me tardo casi seis. ¡Don Giovanni me lo aprendí, en aquel entonces, en una semana y media! Estoy feliz porque el año que viene voy a debutar un papel nuevo: Nottingham en Roberto Devereux en Toulouse. Estoy muy feliz por ese nuevo papel y esas funciones.
¿Habrá más bel canto en tu futuro repertorio, además de Roberto Devereux?
Cantaré de nuevo Enrico en Lucia di Lammermoor próximamente… Para mí Verdi es bel canto. También me gustaba mucho cantar Riccardo en I puritani: lo canté hace poco con Pretty Yende, Larry Brownlee y Michele Pertusi. Hice Ernesto en Il pirata en Madrid con Sonya Yoncheva y Javier Camarena.
Algún rol nuevo de Puccini… ¿Scarpia, por ejemplo?
No creo que en un futuro cante Scarpia; no creo que le vaya a mi voz. Hice Iago, que es un personaje muy negativo, pero creo que Scarpia necesita una voz más oscura e imponente, una personalidad macabra y mucho poder. Además, está escrito más grave que los papeles verdianos. Con Iago la voz debe ser más “pegajosa”. Es un personaje muy controlador y doble cara porque todos piensan que es honesto y no lo es; es un demonio encubierto.
Del repertorio wagneriano podría cantar Wolfram, que es un papel hermoso, y también me encantaría hacer Amfortas en Parsifal. Me encanta cantar repertorio alemán de canción: los Dichterliebe de Schumann, los lieder de Schubert y Mahler, que es uno de mis compositores favoritos. Su música es muy aguda para el barítono, así que lo estudié para lograr cantar en piano los sobreagudos. En un futuro me gustaría cantar los lieder de Mahler.
Hace tiempo me propusieron en Valencia cantar Eugenio Oneguin y no lo hice; el papel es más para un actor cantante que para un cantante puro. Es un personaje muy complejo, con una problemática enorme y, además, para interpretarlo tienes que hablar y entender muy bien el ruso. Hice ya el Príncipe Yeletsky en Pique Dame, que es un papel corto y muy bello. Una pianista maravillosa, Anna Kratzova, me enseñó el rol y me encantó cantarlo. Para Onegin necesitaría mucho tiempo para prepararlo y creo que ahora ya es demasiado tarde. También está escrito en la zona más grave, así que no lo sentiría tan cómodo mi voz; tengo buenos graves, pero veo difícil que lo haga. Llegué a ver a Dmitri Hvorostovksy y a Simon Keenlyside como Onegin y no creo que yo pueda llegar a ese nivel si lo canto. Soy muy perfeccionista y, si hago algo, quiero hacerlo lo más perfecto que sea posible. Eso lo puedo lograr con papeles de óperas italianas.
¿Cuál es tu opinión sobre las puestas en escena tradicionales versus las “modernas”?
Es una pregunta muy complicada de responder porque hay dos tipos de público que van a la ópera. Los que saben mucho y han visto estas obras una y otra vez para los cuales una puesta tradicional ya no es interesante y hay aquellos que nunca en su vida han visto una ópera y que necesitan una producción que los ayude a entenderla. Lo ideal es hacer algo interesante que tenga un poco de lo tradicional en la propuesta, donde la trama no se cambia ni arruina la historia. Te daré un ejemplo: hice una Turandot en Berlín que fue adaptada para que Turandot fuese una niña que estaba jugando con un videojuego. Liù era un personaje del juego y, cuando murió, a nadie le dolió. No es lo mismo a cuando una chica de carne y hueso muere en escena. En la puesta de Berlín se perdió el drama por completo. Me gusta cuando las puestas son modernas pero que sean realistas, que aporten algo nuevo, pero que no cambien la trama. Amo las producciones tradicionales; recuerdo un Don Carlo con un vestuario precioso en la Ópera de Frankfurt con detalles bellísimos en la ropa.
Creo que se debe hacer una combinación de lo tradicional y lo moderno para atraer a nuevos públicos, sobre todo en esta época en que la tecnología está ya tan avanzada. El reto de los directores es hacer todo lo posible para que las jóvenes generaciones vengan a ver la ópera al teatro. La pandemia hizo que mucha gente se alejara de la ópera en vivo y, en algunos casos, volvieron a llenar los teatros como en Viena, por ejemplo. Pero hay otros lugares en donde ves asientos vacíos y hemos perdido a la gente que prefiere mejor ver cosas en Netflix desde la comodidad de sus casas, que trasladarse al teatro y ver una ópera en vivo. La experiencia de ver una obra en vivo es única e irrepetible y así deber de tratarse y vivirse.
¿Qué recuerdos tienes de tus visitas a México para cantar en Bellas Artes y en el Auditorio Nacional?
México es uno de nuestros lugares favoritos en el mundo. Nos gusta que es una mezcla entre lo tradicional y lo moderno, son de mente muy abierta. Amamos la comida, la música, la gente… es un país fascinante. Hemos ido a Guanajuato, en donde canté en León, por cierto, y me fascinó también. En México me encanta que enseñen a la gente a ser felices siempre, no importa si eres rico o pobre: eres feliz con lo que tienes. La felicidad les viene a los mexicanos de adentro del corazón.
Cantar en Bellas Artes, donde cantó la Callas y tantos grandes del pasado, fue para mí una experiencia inolvidable. Aprendimos a diferenciar cuando te dicen “picante o no picante” (ríe) y México hizo que nos gustara el cilantro. A mi esposa le encanta Frida Kahlo así que estaba feliz allá. Tenemos a mi querido amigo, casi hermano: Ramón Vargas, a quien quiero y admiro tanto. Queremos regresar pronto y esperemos que se dé la oportunidad.
Para terminar la entrevista me gustaría mucho que compartieras con nuestros lectores, ¿de dónde surgió tu amor y tu afición a Star Wars (La Guerra de las Galaxias)? Sabemos que eres todo un experto en la materia.
Es una larga historia, pero trataré de hacerla corta: desde pequeño me encantaba mirar las estrellas en el cielo. Quería ser astronauta; en Rumania teníamos un programa de televisión llamado “Tele-enciclopedia” y eran documentales sobre el universo, los planetas y las estrellas. Cuando estaba yo en tercer grado, vi Star Wars IV; era la época todavía comunista de Rumania donde no teníamos buena luz en las calles. Cuando Star Wars llegó a mi vida, me la cambió por completo. Me impactó tanto ver que volaban en aeronaves por el espacio, e imaginar la vida en otros planetas.
Luego vino un periodo muy difícil en mi vida, de chavo, cuando a mi mamá le dio cáncer y a mi papá le dio cuatro veces un ictus. Las películas de Star Wars me mantuvieron positivo en tiempos tan complicados para mi familia. Hoy en día me da gusto que está habiendo un auge de todo lo relacionado con Star Wars: están escribiendo libros y haciendo series. Tengo incluso un tatuaje en mi brazo de Yoda que dice “Do or do not, there is no try”. Es una frase de El Imperio Contraataca, y es la filosofía que sigo en mi vida: si empiezas algo, debes terminarlo.
¡Muchísimas gracias por la entrevista y esperamos que regreses a Bellas Artes muy pronto!
Será un placer.



