La mezzosoprano Raffaela Lupinacci —una de las más prometedoras jóvenes voces surgidas de Italia— fue discípula del maestro Alberto Zedda, con quien comenzó sus estudios y luego participó como solista en el Rossini Opera Festival de Pésaro. Ha encarnado una variedad de personajes de Rossini en ese festival como Il viaggio a Reims, L’italiana in Algeri, Aureliano in Palmira, La Gazetta, Torvaldo e Dorliska y la Petite Messe Solennele bajo la dirección de su maestro.
“Non mi lagno che il mio bene” de Aureliano in Palmira de Rossini https://www.youtube.com/watch?v=M9jA-_68S34
Nativa de la ciudad de Acri en la región de Calabria, Raffaella no limita sus posibilidades y ha interpretado también papeles en óperas de Mozart, otros belcanistas y del repertorio francés, del cual debutó ya el papel de Carmen de Bizet y Mallika en Lakmé de Léo Délibes en Muscat, Omán y en Nápoles, o Niklausse en Les contes d’Hoffmann en Seúl, Corea.
Además, se ha presentado en Otello de Rossini en Amberes, como Tancredi de Rossini y Fenena de Nabucco de Verdi en Como, Brescia, Pavia y Cremona; Dorabella de Così fan tutte en Vicenza, Donna Elvira en Don Giovanni en Módena, Lucca, Piacenza, Trieste, Génova y Mallorca, Cherubino en Le nozze di Figaro en Roma, Il viaggio a Reims en Verona, Il barbiere di Siviglia en Bari, Palermo, Boloña, Florencia, Bérgamo, Salerno, Nápoles, y en el Festival de Wexford en Irlanda.
¿Qué fue lo que te atrajo al canto y cuál ha sido tu recorrido para llegar a dedicarte a ello?
Me inicié a los seis años con el estudio del piano. Tenía ya una predisposición muy natural hacia el canto lirico y me divertía cantar. Fue por eso que me inscribí en un coro polifónico de mi ciudad natal y a los dieciséis años ingresé al conservatorio donde llevé a cabo mis estudios musicales. Por otro lado, creo haber heredado la voz de mi tía Agostina quien, sin nunca haber estudiado canto, tenía un gran talento y una voz lirica extremamente rica y fascinante.
¿Qué momento consideras que ha sido el más importante y fundamental en tu carrera?
Seguramente el inicio fue fundamental, ya que fui muy afortunada: mis primeras experiencias las tuve directamente en un prestigioso contexto, como lo es el Rossini Opera Festival de Pésaro, primero como estudiante de la Accademia, con el maestro Alberto Zedda, que fue una figura primordial durante mis primeros pasos, tanto desde el punto de vista musical y estilístico, como el de crecimiento personal, dentro de un ambiente no siempre fácil. Sus maneras, en ocasiones algo duras, fueron muy formativas. El creyó en mi desde el primer minuto y por ello le estaré siempre agradecida.
Gracias al maestro pude desarrollarme en el festival, y no solo eso: durante varios años consecutivos pude trabajar con grandes intérpretes rossinianos y conocer extraordinarios directores de orquesta y de escena. Con el transcurso del tiempo he podido viajar mucho, cantar nuevos papeles y experimentar; por lo que cada debut, cada teatro, cada escenario han sido valiosos escalones en mi crecimiento.
“Fac ut Portem” del Stabat Mater de Rossini:
¿Cómo te defines vocalmente y cuál crees que es el repertorio que mejor se adapta a tu temperamento? ¿Consideras que tu notable extensión y homogeneidad de registros te puede permitir aproximaciones puntuales a papeles para soprano?
Me defino como una mezzosoprano pura, y con frecuencia interpreto papeles que también son para soprano, como el de doña Elvira en Don Giovanni o Giovanna Seymour en Anna Bolena. Este ultimo papel, que debuté recientemente en Vilna, me dio muchas satisfacciones porque allí fui dirigida musicalmente por el maestro Sesto Quatrini, a quien considero uno de los directores más importantes de esta generación.
Esa ocasión la ópera se hizo en la versión completa, sin cortes y con todas las repeticiones escritas por Donizetti tanto en los duetos, como en la imponente aria del segundo acto, a la cual, como indica la tradición, le agregué las variaciones. Fue un debut significativo porque marcó mi entrada al bel canto donizettiano y me ha abierto puertas nuevas al vasto mundo de este fascinante repertorio. De hecho, el próximo año debutaré el papel de Léonor en La favorite y después el de Sara en Roberto Devereux.
“Per questa fiamma indomita” de Anna Bolena de Donizetti
¿Qué roles que se ajustan a tu voz te gustaría interpretar más adelante?
Son muchos los papeles que me gustaría interpretar, pero pienso en Charlotte de Werther o Mignon de Thomas, ya que me fascina mucho el repertorio francés. Además, me siento completamente a mis anchas en el repertorio de Mozart como también en el belcantista.
El repertorio barroco ofrece amplias posibilidades para tu voz. ¿Sientes que se adapta también a tu vocalidad y cuéntanos si has tenido experiencias relacionadas con este repertorio?
Desde hace algunos años me he acercado al mundo barroco, porque lo encuentro fascinante, y tiene un estilo que me apasiona mucho. Hace poco tuve el privilegio de grabar el dueto ‘Son nata a lagrimar’ de Giulio Cesare de Händel, cantando la parte de Cornelia, en una producción discográfica titulada Giulio Cesare: a Baroque Hero con el contratenor Raffaelle Pe, que fue seguida de una serie de conciertos en vivo.
Fue un proyecto que me entusiasmó porque lo viví con mucha curiosidad, pero con intensidad y alegría. En el mundo del barroco todo es más íntimo, y uno se siente envuelto en el espacio por los músicos con los cuales se hace música, por lo que nunca se siente uno solo. Además, el año pasado grabé una bellísima obra maestra: Enea in Caonia del compositor Hasse, con un prestigioso elenco, y bajo la conducción musical del maestro Stefano Montanari. En esa obra interpreté el papel de Andromaca, y aunque fueron cinco días de intenso trabajo, con un grupo de extraordinarios artistas totalmente inmersos en la música, en el interior de la Villa Tortolonia en Roma. El resultado fue una hermosa producción discográfica de la cual me siento muy orgullosa.
Hablabas de Mozart, del cual Donna Elvira se ha convertido en uno de tus caballos de batalla. ¿Consideras que tu voz se adaptaría a otros roles de ese compositor que demandan una amplia tesitura como Elettra en Idomeneo o Vitellia en La clemenza di Tito?
Sin duda que mi voz podría adaptarse muy bien a un papel como el de Vitellia, pero al menos por el momento mi deseo es el de debutar primero el de Sesto. Por otro lado, con respecto a Idomeneo, debo admitir que nunca he considerado la posibilidad de cantar Elettra, pero ahora veo que el que más congenia con mi vocalidad es el papel de Idamante.
Arturo en Rosmonda d’Inghilterra de Donizetti, Cherubino en Le nozze di Figaro o Romeo en Giulietta e Romeo de Vaccai, son algunos papeles in travesti que has interpretado con éxito. ¿De dónde nace la naturalidad que demuestras cuando personificas a estos personajes?
Me siento cómoda interpretando los papeles in travesti, porque me permiten manifestarme con espontaneidad con la parte más juvenil de mi personalidad. Los sentimientos y los estados de ánimo expresados por estos personajes están siempre cubiertos de extraordinaria frescura e intensidad.
¿Escuchas a cantantes del pasado? ¿Alguno te ha servido como modelo, inspiración o ejemplo para tu carrera?
Escucho a grandes cantantes del pasado, de la misma manera que me encanta escuchar a los grandes cantantes del presente. He alimentado siempre una profunda y grande admiración por el calor, la brillantez en la voz y la expresividad de Lucia Valentini Terrani, como también me fascina la maestría técnica de Marilyn Horne, que seguramente le permitió interpretar, gracias también a una naturaleza especialmente generosa, un repertorio muy vasto con el que podía pasar con extrema facilidad de papeles de contralto a papeles casi sopraniles. No puedo evitar citar a Jessye Norman, por su manera siempre noble de recitar las frases, como también es imposible permanecer indiferente a escuchar a las cantantes del extraordinario mundo vocal ruso, y me refiero especialmente a Elena Obraztsova y a la grandísima Irina Arkhipova.
¿Cómo has vivido esta difícil etapa que estamos atravesando?
Indudablemente que este periodo de restricciones nos está poniendo una prueba muy dura, y a nosotros los artistas en un modo especial, porque vivimos un momento de incertidumbre total con la cancelación o reprogramación de último momento de producciones. Es importante sensibilizar a las instituciones a fin de que haya una mayor protección de las categorías profesionales ligadas al mundo de la opera lirica. Nos hemos dado cuenta, en este periodo, más que en otros, de cuan poco es respetada y comprendida la ópera, al menos en Italia, y de cómo parte de la población ignora el valor y la importancia de la lírica, en una sociedad que corre el riesgo de convertirse en triste, sin tener una pausa o un goce para el alma. La búsqueda del entretenimiento indiscriminado es normal y natural, pero es igualmente sustancial para recuperar y potenciar el placer de escuchar y de ver la ópera en escena, con todas las sensaciones que transmite la música, el canto y la representación de la vida, que nos han regalado los grandes de la ópera.


