La Calisto en Bonn

Octubre 2, 2020. En un alarde de creatividad contra todos los contratiempos, Bonn presentó una nueva producción de La Calisto, de Francesco Cavalli (1602-1676), una obra que comenzó su proceso de renacimiento a través de la versión del distinguido director inglés Raymond Leppard en los años 70. 

Quizás para demostrar que hoy también hay directores que saben cómo extraer el drama con fraseo, atención al detalle y un entusiasmo musical incontenible, se pudo ver al joven director Hermes Helfricht en el podio, un director destinado con seguridad al estrellato. Esta nueva producción resultó un complemento ideal a tal elevado nivel musical, sin distraer de la acción principal y sin caer en tonterias. 

Una escenografia moderna, de excelente estilo y con la justa medida de sorpresas, fue el marco ideal para presentarla. Toda obra que cuente con un personaje llamado Júpiter tendrá que ver con seduccion y tambien con su esposa Juno y sus venganzas. En esta producción, Júpiter transforma una pared gris en un torrente de agua multicolor, un efecto realmente mágico creado por los abstractos decorados de Momme Hinrichs, que le ayuda a seducir a Calisto al menos visualmente, y más tarde tomando la imagen de Diana. 

Pero si la producción fue exitosa, tambien lo fue la parte que corresponde a los cantantes. Lada Bočková fue la fragil Calisto, una figura atractiva, crédula y con voz que resaltaba estas cualidades. Tobias Schabel era Giove (Júpiter), una figura al estilo Elvis Presley, que dominó con su mera presencia y mostró su inmenso poder con efectos visuales. Marie Heeschen fue Juno, su esposa, que respondió a cada engaño con una voz llena de carácter. Giorgios Canaris fue un Mercurio ideal, Susanne Blattert cantó una bella Eternidad y Pan, y Charlotte Quadt interpretó a La Naturaleza y Diana, que descubrió la trama de Júpiter. 

Por ser una obra que no es de repertorio, los cantantes revelaron una total compenetracion con el particular estilo de canto requerido por Cavalli, además de actuar con credibilidad una produccion de Jens Kerbel muy bien ensayada. No es la primera vez que teatros pequeños ofrecen espectáculos de muy alta calidad, y Bonn ha cumplido con este objetivo, y a la vez ha ofrecido a un público ávido de ver ópera, un espectáculo que ya quisieran teatros mucho mas grandes y ricos. 

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