Es mejor el libro: Hablemos de Hablemos de ópera

Hablemos de ópera
Gerardo Kleinburg
Editorial Turner
319 páginas
Primera edición,
noviembre de 2021

Ésta no es la primera ocasión en la que Gerardo Kleinburg (Ciudad de México, 1964) integra un elenco operístico. Una y otra vez, durante una década al frente de la Compañía Nacional de Ópera, asumió ese reto. Fueron más de 300 funciones bajo su dirección. Pero en Hablemos de ópera, su nuevo libro (Turner, 2021), esos personajes que deslumbran en la escena lírica nacional e internacional no cantan ni dirigen para compartir su esencia artística con el público, sino que entablan un diálogo ameno y a la vez íntimo y profundo.

La experiencia cultural de Kleinburg —narrador, promotor artístico, crítico musical—, ahora se vierte como entrevistador en este volumen de 319 páginas que recopila 20 conversaciones con reconocidos cantantes, directores musicales y de escena, maestros de canto y programadores de teatro, quienes brindan al lector un acercamiento multidimensional a la compleja combinación de artes que se fusionan en un espectáculo de atractivo fascinante como la ópera.

Hablemos de ópera no se concibió de origen como un libro. Más bien, es fruto de las circunstancias pandémicas vividas en el mundo durante 2020 y de un cada vez más consolidado proyecto didáctico de divulgación operística iniciado por Kleinburg, que incluye conferencias, cursos, y charlas con múltiples luminarias del llamado espectáculo sin límites.

En esa vertiente de las conversaciones, el exdirector de la Casa del Lago Juan José Arreola, de Literatura UNAM y del Festival Internacional Cervantino, a partir de abril del año pasado realizó una serie de entrevistas —transmitidas casi todas en vivo— a través de su página de Facebook.

Kleinburg estaba consciente de que el confinamiento sanitario impuso una larga pausa a los espectáculos líricos en el mundo y que sus protagonistas inusualmente estaban en casa, a la mano, y no en el ajetreo de sus respectivas carreras. 

Como millones de personas alrededor del planeta, permanecían en sus lugares más personales, íntimos, con incertidumbre, miedo y —detalle significativo— ganas de hablar. Entonces aprovechó esas condiciones tan particulares para dialogar con cantantes como Francisco Araiza, Ainhoa Arteta, Javier Camarena, Arturo Chacón-Cruz, Alfredo Daza, Plácido Domingo, Philippe Jaroussky, María Katzarava, Rebeca Olvera, Ramón Vargas, Verónica Villarroel y Rolando Villazón. 

El diálogo se extendió con algún director de escena como Marcelo Lombardero; directores musicales como José Areán, Enrique Arturo Diemecke, e Iván López Reynoso; directores artísticos como Alonso Escalante, David Lomelí y Joan Matabosch; el maestro de canto Gabriel Mijares; el escenógrafo Jorge Ballina; plumas literarias como Margo Glantz, Juan Villoro y Jorge Volpi; la foniatra Rosa Eugenia Chávez y comunicadores como Leonardo Curzio.

Durante buena parte de 2020, los sábados por la tarde —horario de la Ciudad de México—, se volvieron citas impostergables para los operófilos nacionales —hispanoamericanos, en rigor— deseosos de penetrar en las entrañas del arte operístico. Y esas aventuras, en muchos sentidos iniciáticas, fueron posibles de viva voz de reconocidos artistas que acaso sólo habían admirado en el escenario.

Gerardo Kleinburg

“Lo que de entrada no era más que un intento de aprovechar el encierro fue transformándose en una franca oportunidad para humanizarlos y acercarlos a su público que, por evidentes razones, estaba más lejos de ellos que nunca”, escribe Kleinburg en el Prólogo de Hablemos de ópera, libro presentado el 2 de noviembre en el Teatro Real de Madrid, España, y el pasado 14 de diciembre en México, a través de Facebook. 

Como queda claro en los múltiples espacios mediáticos en los que ha colaborado en su trayectoria profesional —y por supuesto en su círculo de amistades y conocidos, que hasta cierto punto es el que conforma el elenco de las entrevistas—, Gerardo Kleinburg es un auténtico especialista en el quehacer operístico. 

No obstante, en Hablemos de ópera, el autor de los libros Tríptico, No honraras a tu padre y Éxtasis, se reveló ante un amplio público —la página de Facebook de su proyecto ya rebasa los 42 mil seguidores— como un experto capaz de compartir su conocimiento de manera sencilla y digerible, apasionada y precisa, gracias a sus elocuentes habilidades pedagógicas y comunicativas.

Esa misión divulgadora, tanto como la estrecha relación que ha mantenido con los personajes que seleccionó para conversar, cimienta buena parte del valor de Hablemos de ópera. 

Porque lo que hacen penetrantes, ilustrativos y, al mismo tiempo, deliciosos estos diálogos, es el centro gravitacional desde el que pregunta Kleinburg. El autor conoce cada ángulo de la materia que aborda. La del público (exigente, con data, amores y debilidades líricas); la del funcionario (capaz de dirigir un espectáculo a un sector de la sociedad); la del administrativo (que pone a punto los elementos que habrán de participar en ese arte); la del crítico musical (con distinciones en México y Salzburgo, por ejemplo); y la del amigo (uno que, por los testimonios que acompañan su trayectoria, es muy apreciado). 

Por ello pueden paladearse las respuestas que recibe y que en el libro tienen el pulimento necesario para captar su esencia, sin todos los lenguajes extras o complementarios que pudieron percibirse en las transmisiones originales. 

Como entrevistador en temas líricos, Kleinburg es una personaje —sin duda, también lo es— en el que se confía; que se reconoce como interlocutor válido al punto de la confesión. Se le respeta y no se le puede mentir (no sin que se note) por más que los entrevistados sean habitantes de un arte no sólo de ficción, sino histriónico, pleno de artificios.

Si la mera entrevista como género de la comunicación humana siempre es atractiva —en la medida que descubre para el público interesado aspectos hasta entonces desconocidos o poco alumbrados de la materia o personajes que le interesan—, la relevancia de Hablemos de ópera se encuentra además en la talla de celebridades que desfilan por sus páginas.

Su jerarquía y prestigio en el quehacer operístico internacional de los últimos años, además del idioma español que casi en todos los casos hablan de manera nativa, parecen ser los motivos conductores de este libro en el que se encuentran historias, anécdotas, reflexiones, formas de pensar y tomas de partido, bien en materia vocal, musical o escénica.

Kleinburg punza a través de sus propias interrogantes y consigue ir más allá de la simpática y ocasional conversación —que también ocurre, igual que tienen cabida el llamado cuestionario Proust y el pingponeo de gustos o preferencias estéticas—. Obtiene, en cambio, perspectivas profesionales que configuran carreras, ADN’s vocales, maneras de reconocer a un artista en su verdadera identidad. 

Cada entrevista merecería su particular reseña, ante el potencial de generar en el lector motores de conversación propia, discusiones, aprendizaje y, desde luego, polémicas de las que nutren la historia de la ópera. 

Por razones de espacio y equilibrio temático del libro, no todas las conversaciones emprendidas por Kleinburg durante el confinamiento se encuentran en este volumen —que bien puede ser el primero de varios—. Muchas de ellas, a pesar de su valor y atractivo, quedaron fuera en un proceso de destilación editorial en la que Enrique Alfaro y Brenda Ríos se encargaron de las transcripciones de las entrevistas y de la depuración estilística de los textos.

El resultado es gozoso y mantiene un ritmo escrito ágil, por momentos vertiginoso, rossiniano; en otros, las palabras se vuelven lúdicas y transparentes, mozartianas; en otros más, hay frases sentimentales, de acuñación pucciniana; también las hay teatrales, verdianas; y, en unos más —aunque quién sabe si Kleinburg esté de acuerdo en mirarlos así—, el fraseo se torna profundo, reflexivo y poliédrico, casi wagneriano.

Un blurb del periodista y presentador chileno Fernando Paulsen, en la contraportada del libro Flims del crítico de cine Hermes el Sabio, dice: “Hay libros que son mejores que la película. Hay películas que son mejores que el libro. Pero algo muy raro es que las críticas sean mejores que la película, y eso lo consigue Hermes el Sabio”.

En esa línea de rarezas, Hablemos de ópera de Gerardo Kleinburg es un libro mejor que la ópera, cuando la ópera no podía abrir el telón y tuvo que callar.